El piloto que ahora corre por el cielo

El piloto que ahora corre por el cielo

El de Puçol era amigo de Darío Barrio, quien falleció hace un mes lanzándose: «Tuve la suerte de aprender de gente experta como él»

ALBERTO MARTÍNEZ

valencia. Sergio Gadea necesita vivir a más de 200 km/h para sentirse completo. De lo contrario, el mundo gira demasiado despacio para él. Una filosofía que le llevó a volar sobre una moto por todo el mundo y que ahora le ha empujado a hacerlo literalmente. El ya expiloto valenciano decidió dejar las dos ruedas para entregarse a una pasión que le fue poseyendo poco a poco: el paracaidismo. Le mueve la adrenalina. No escatima cuando se trata de deportes de alto riesgo. Ha caído incluso en las redes del salto Base.

El de Puçol abandonó definitivamente el motociclismo el pasado año para dar un cambio de rumbo a su carrera. Se ha convertido en instructor de paracaidismo y trabaja en el centro Skydive Lillo, en Toledo. Lleva 1.300 saltos.

«Tocaba hacer un punto y aparte. Un comienzo de una nueva vida. El paracaidismo me ha ayudado a salir de todo esto después de estar ahí arriba en el motociclismo», explica Gadea, quien compitió en el Mundial en 125cc y Moto2.

Los problemas de financiación para acceder a las escuderías acabaron hartándole: «Tener que pagar por estar ahí arriba me parecía un poco triste». Mira con orgullo su paso por el motociclismo: «He disfrutado ocho años maravillosos en el Mundial». El paracaidismo le atrapó: «En 2009 hice el curso. Fue como una droga y cada vez lo necesitaba más. Cuando tuve el accidente en el Gran Premio de Japón en 2011 y paré, empecé a saltar más a menudo y a engancharme».

Ahora goza formando a futuros paracaidistas y grabando a los aventureros que se lanzan en tándem. «Mantenemos la velocidad de 200 km/h, por lo que es bueno», bromea. Gadea establece una distinción: «El paracaidismo desde el avión es un deporte muy seguro. Pero el Base, no. Sabemos que es peligroso».

En el paracaidismo convencional, desde aeronave, se usa dos paracaídas: el principal y el de emergencia. Sin embargo en el Base sólo se emplea uno porque, al saltar desde altitudes muy inferiores, no habría tiempo para accionar el de reserva.

Base es un acrónimo en inglés que se refiere a los cuatro objetos fijos desde los que se puede saltar en esta disciplina: edificio, antena, puente y montaña.

El expiloto trabaja como instructor de paracaidismo tradicional, pero hace poco más de seis meses se introdujo en el mundo del Base. Concretamente el 30 de diciembre. Así celebró su 29º aniversario.

«Es el deporte más peligroso del mundo, pero tuve la suerte de aprender de gente muy experta como Darío Barrio o Armando del Rey, que me metieron en ese mundillo. Mi primer salto Base lo hice el día de mi cumpleaños en Riglos y es un recuerdo maravilloso», comenta.

El prestigioso cocinero Darío Barrio perdió la vida el pasado 6 de junio practicando salto Base en Jaén. El chef participaba en un homenaje a Álvaro Bultó, quien sufrió un accidente mortal en 2013. Ambos fallecieron enfundados en un wingsuit, un traje de alas.

«Darío era un gran amigo. Ha sido una gran pérdida. Falleció un viernes y el lunes me iba de viaje con él a Brento (Italia) para saltar. Sabemos lo que estamos haciendo cuando practicamos Base. Ninguno queremos que nos pase nada, pero con el Base un día toca», lamenta.

Pese a todo, el grupo se marchó a Brento. «Conocía mucho a Darío y el querría que siguiéramos saltando». En el Base, el lanzamiento puede ser con ropa común, con tracksuit (unos pantalones y una chaqueta que se inflan) o con wingsuit (la modalidad más extrema).

Gadea se está preparando para dar un nuevo paso: «Con el wingsuit he saltado desde el avión. Estoy entrenando para el día de mañana probar el Base con ese traje. Eso hay que entrenarlo muy bien. Sabemos que cuando estás haciendo Base puede ser el último salto de tu vida»

El valenciano ha llegado a lanzarse desde una antena a sólo 58 metros: «Fue demasiado bajo. No lo volveré a hacer». Los últimos incidentes, como la defunción de Manuel Chana, no hacen recular a Gadea. Su familia se resigna: «Siempre le digo a mi padre que no deseo me que ocurra nada, pero si pasa, quiero que esté tranquilo porque hago lo que me gusta. Si lo hago es porque me compensa. El día que no me compense, no lo haré. Mi padre sabe que mi vida es la adrenalina y el riesgo y lo acepta. Es lo que me hace feliz».

Sólo unas 60 personas en España practican el Base, la religión de jugar con los límites. Otro valenciano como Pablo Hernández se proclamó campeón del mundo de paracaidismo. «Este es un mundo pequeño y somos como una familia. Como todos nos ven como locos y nosotros sabemos que no lo estamos, pues nos unimos más», ironiza Gadea.

 

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