Un veterano de Hernani que muestra el camino

Álvaro Valverde, en la cervecería que regenta y que es un punto de encuentro de aficionados al rugby en Valencia. / jesús signes
Álvaro Valverde, en la cervecería que regenta y que es un punto de encuentro de aficionados al rugby en Valencia. / jesús signes

«En 2009 no celebramos lo que logramos como merecía la ocasión. Fue en el último segundo y apenas nos lo creíamos», recuerda Álvaro Valverde El CAU inicia mañana la fase de ascenso a División de Honor

MOISÉS RODRÍGUEZ VALENCIA.

Álvaro Valverde es ya medio valenciano: lleva aquí 17 años. Natural de Cuenca, el virus del rugby le picó mientras jugaba a fútbol sala. «Vivía en Guadalajara, entonces hacía bastante deporte. Ya lo había probado en juegos escolares», recuerda. Se refiere al balón ovalado. «Acababan de fundar el club de la ciudad y me propusieron ir a probar. Pensé: ¡Pues vale!», añade. Hasta hoy. Entonces era un adolescente, de apenas 16 años. «Empezar en un equipo pequeño es ideal para empaparse de todos los valores del rugby. Nosotros entrenábamos en cemento, donde podíamos. Luego conseguimos un campo», señala. A los 44 sigue con la ilusión de un chaval pero atesora la experiencia de haber vivido desde dentro su deporte en todas las categorías. Incluso la máxima, la División de Honor A.

«Yo creo que es una experiencia que debería probar cualquiera que juegue a rugby. Es todo muy diferente», señala. Del CR Guadalajara se marchó al Liceo Francés y también vivió en primera persona la fusión con el Canoe para formar el Madrid 2012, como parte de la estrategia de la capital en su pelea por organizar unos Juegos Olímpicos.

Llegó a Valencia en 2002, a un CAU que estaba en División de Honor A. Tuvo que esperar hasta 2009, hasta el segundo ascenso del club, para vivirlo en primera persona. «Todavía se me pone la piel de gallina», comenta: «Pienso que no lo celebramos como deberíamos haberlo hecho. Conseguimos el objetivo en el último segundo, con una patada de uno de los Sorribes desde el medio del campo. No éramos conscientes de lo que habíamos logrado».

Pero sí recuerda aquella batalla de Hernani. «Ellos eran un equipo un poco como nosotros, todos de la casa», señala. Álvaro Valverde también tiene guardado el ambiente de aquel partido: «Jugar como visitante era un engorro, pero también muy bonito. En un campo de césped natural, con los palos de madera que habían tallado ellos mismos... Luego había una rampa que llevaba a los vestuarios y la gente bajaba de la grada a aplaudir a los dos equipos, ganasen los suyos o perdiesen».

Aquel día vencieron los visitantes. El CAU en el que militaba Álvaro Valverde, que un tiempo después, en 2014, creyó que debía dejar paso a nuevas generaciones. «Físicamente me sentía bien, pero con 38 años pensé que debía dar el relevo a los más jóvenes. Además, tenía más obligaciones familiares y proyectos, uno de ellos este», señala en referencia al Saint Martin's, el local donde tiene lugar esta conversación, una cervecería de Valencia que se ha convertido en punto de encuentro de aficionados al rugby: «Aquí si hay un partido del Seis Naciones, da igual que jueguen un Barça-Madrid... se pone en una tele allí al fondo».

Ese amor por el balón ovalado le empujó a volver casi sin haber terminado de colgar las botas. «Esto es un veneno que te atrapa en cuanto vas al primer entrenamiento. Yo seguía yendo a las sesiones, jugaba con los veteranos... realmente fue un año sabático», admite Álvaro Valverde, que la siguiente temporada ya tenía ficha. Fue del equipo C al A. Y así ha llegado a los 44 años, y a otra fase de ascenso a la máxima categoría: la que para el CAU arranca mañana con el partido de cuartos frente al Bathco Santander. La ida, en el viejo cauce a las 12 horas y la vuelta, la semana que viene.

«Competimos contra profesionales, equipos de clubes que quieren subir. Nosotros somos amateur. Está complicado ascender, pero no imposible», asegura Álvaro Valverde: «Ellos delante son más fuertes y detrás tienen a dos o tres muy determinantes. Si somos capaces de controlar eso, tendremos nuestras opciones. Pero tenemos que mantener la concentración al máximo y que nos salga uno de esos días».

Destaca la labor del irlandés Ricky Andrew como entrenador del CAU: «Intenta introducir un rugby al juego que nosotros practicamos, unos matices que ha mamado en su carrera semiprofesional». También subraya la labor de César Camusso en la delantera. A partir de ahí, sabe que toca volver a apretar los dientes, como en Hernani: «Quien nos gane deberá dar el 120%».