La versión ovalada de 'Campeones'

En todas las sesiones de entrenamiento es vital la interacción con el resto de compañeros. / LP
En todas las sesiones de entrenamiento es vital la interacción con el resto de compañeros. / LP

Un valenciano encabeza un proyecto de integración a través del rugby en Ecuador | «Empezamos en 2017 como un campus, tenemos a 150 chavales y en 2020 iremos al Mundial inclusivo», comenta Juan Marín

Moisés Rodríguez Plaza
MOISÉS RODRÍGUEZ PLAZAValencia

Un padre desesperado recurrió al rugby como última alternativa. A su hija con síndrome de Down le aterrorizaba moverse de su lado. El primer día, el hombre tuvo que lanzarse con ella para disputar uno de esos balones ovalados de bote casi impredecible. Unas semanas después, aborda a Juan Marín impresionado: «El otro día fuimos a la playa y me sobresalté porque no estaba a mi lado como siempre. No paró, de aquí para allá, en toda la tarde». El deporte ha tenido propiedades terapéuticas para ella y sus 149 compañeros en Ecuador.

Cada uno de estos chicos y chicas con diversidad funcional integra una victoria para Juan Marín, el valenciano que lleva más de medio siglo dedicado al rugby y que sigue enamorado del balón ovalado. Participó de forma activa en la fundación del CAU y fue secretario de la Federación Valenciana, que presidió en un periodo casi anecdótico. Profesor universitario, viajó a Ecuador por un congreso y el amor hizo el resto. «Llevo viviendo aquí más de diez años», precisa. Dio clases hasta su jubilación en la Universidad Casa Grande de Guayaquil, donde también era el coordinador de deportes. Cómo no, fomentó la práctica de la modalidad que ama.

De ese germen nació el Yaguares Rugby Club. Porque esa es otra historia, pero ya asentado en Ecuador, Juan Marín trabajó de forma incansable por difundir el rugby en el país. Una tarde, en un entrenamiento apareció un chaval con síndrome de Down cuya familia quería que hiciera deporte. Se asesoró a través de las redes y por contactos de otros casos donde la integración se hubiera desarrollado con éxito.

Casi sin darse cuenta, en el Yaguares había un puñado de chicos con diversidad funcional, la mayoría con síndrome de Down. «Necesitábamos ayuda de las instituciones, porque precisas un monitor cada ocho personas para poderlas atender correctamente», comenta Juan, que se puso en contacto con los gobernadores de Guayaquil: «En 2017 nos concedieron un campus vacacional de cuatro meses. Arrancamos con eso, hasta la actualidad».

La iniciativa interesó rápidamente a varias asociaciones de la zona y a padres y madres de chavales necesitados de integrarse en la sociedad. Actualmente, repartidos en tres equipos -de 14 a 16 años, de 16 a 18 y mayores de 18- hay 150 personas que se benefician del proyecto iniciado por este valenciano de 66 años. «Un estudio ha desvelado que el rugby es el deporte con más cualidades integradoras por los valores que atesora», señala Juan.

Eso lo defiende él desde hace décadas, pero lo han descubierto también los familiares de muchos de los usuarios de este proyecto. «Hubo una madre que vino a que su hijo participase, pero de ninguna manera quería que le tomásemos fotografías. Ahora es ella la que se mete dentro del campo para tomar esas fotografías. Está entusiasmada por cómo se ha beneficiado su chaval del jugar a rugby», comenta Juan Marín, que le ha dado una vuelta de tuerca al proyecto.

Lo que empezó como un campus de cuatro meses, ya cuenta en 2019 con el respaldo de actividad anual por parte de lo que sería el Ayuntamiento de Guayaquil. «Ya nos han comentado la disponibilidad para renovarlo en 2020 y ahora queremos llevar un equipo al Mundial inclusivo», precisa.

En los equipos del Mundial, al menos ocho jugadores tienen diversidad funcional

El proyecto cuenta con ayudas de la ciudad de Guayaquil, que lo ha renovado para 2020

Organizado por la International Mixed Ability Sports (IMAS), más que una competición, se trata de un evento integrador más. Cada equipo está conformado por 30 jugadores y, de los 15 que hay sobre el césped, al menos 8 deben ser de diversidad funcional. «Las reglas son las mismas que en un partido, lo único que se pactan son las melés», precisa Juan Marín. «Nosotros llevaremos nuestro equipo con la doctrina de que todos son importantes. En los partidos jugarán todos igual, 15 en cada tiempo. Más que ganar, el objetivo es que en Irlanda -donde se celebra el Mundial- todos se sientan parte del grupo», señala.

«Este proyecto es muy gratificante. Tenemos una chica sorda que no iba a las reuniones familiares porque se aburría, y no salía a la calle por si la atropellaban. Gracias al rugby ha desarrollado la visión periférica, y ya se atreve hasta a irse de viaje sola», narra con devoción Juan Marín, que quiere exportar su idea para que se ponga en marcha en cada rincón del planeta. Él y sus chicos, como los de la conocida película 'Campeones' ya lo son antes de disputar cualquier torneo.

El CAU envía material deportivo a través de su capitán

El CAU se ha involucrado también en el proyecto de Juan Marín. Casualidades de la vida, la novia del capitán del primer equipo, Antonio Catalán, es ecuatoriana. La pareja ha decidido cruzar el Atlántico para pasar las vacaciones en el país de origen de ella. El club aprovechó esta circunstancia para ropa y material deportivo para el proyecto emprendido por Juan Marín. «Aquí es complicado conseguir, hace poco había muy poca gente que practicase rugby», comenta. Antonio Catalán tampoco ha querido perderse la ocasión de entrenar con los chavales del Yaguares RC.

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