«Gracias por salvarme la vida»

Pedro López, junto a su mujer, Nona Muriel, ayer en el hospital Clínico. / consuelo chambo
Pedro López, junto a su mujer, Nona Muriel, ayer en el hospital Clínico. / consuelo chambo

Pedro contacta con la chica que le ayudó tras desplomarse el pasado domingo en la carrera Jose Antonio Redolat de Valencia

Moisés Rodríguez Plaza
MOISÉS RODRÍGUEZ PLAZA

A Ainoa Piquer le enviaron flores al trabajo. No era su cumpleaños ni el ramo iba acompañado de una declaración de amor eterno. «Gracias por salvarme la vida. Pedro», proclamaba la tarjeta, escrita de puño y letra, pero no del remitente. En esos momentos, Pedro López se sometía a un sinfín de pruebas en el Hospital Clínico de Valencia, donde los médicos trabajan para acotar la causa del desvanecimiento que sufrió el domingo, en plena Carrera de Redolat. «Sentí como si el corazón se dislocara. Caminé y cuando me sentí un poco mejor, volví a correr. Lo último que recuerdo es que me caí sobre un coche», relata.

Fotos

Pedro corre habitualmente desde hace alrededor de seis meses. Sale a entrenar un par de veces por semana. Su mujer, Nona, se lo toma más en serio. Lleva dos años en el mundo del running y pertenece al Poblats Marítims. El domingo acudieron juntos a la carrera, aunque decidieron que cada uno iría a su ritmo. «Lo alcancé en el kilómetro 2. Iba caminando, le pregunté que si estaba bien y me contestó que sí, que tirase», precisa ella.

Quizás en ese momento Pedro ya no era consciente de lo que le sucedía. «Nos dijo que se había encontrado mal al kilómetro y algo», comenta Ainoa Piquer, una de las corredoras, enfermeras de profesión, que pararon y le atendieron pasados los 3.500 metros. «Lo primero que recuerdo es que ellas me decían que no moviera la cabeza. Tengo claro que me han salvado la vida y he querido agradecérselo», indica el hombre de 47 años.

El primer aviso al CICU (Centro de Información y Coordinación de Urgencias) se produjo a las 9.22 horas. Mientras el SAMU se ponía en marcha, las dos enfermeras pararon de correr al ver que Pedro estaba en el suelo, blanco y con los ojos y boca abiertos. Del golpe se hirió la barbilla y se rompió un diente. En ese momento eso era secundario. «No tenía pulso», recuerda Ainoa. Reaccionó a la segunda vuelta de la RCP que le practicaron entre ella y Carolina Montejano, la otra chica que intervino en los primeros auxilios. «Quiero contactar también con ella. Ya te digo que soy consciente de que si no fuera por ellas, ahora no estaría aquí», reitera el corredor.

Pedro está ingresado en el Clínico y trata de contactar con la otra enfermera que le asistió tras desplomarse

Tanto Pedro y Nona, como este periódico, trataba de contactar ayer con Carolina. «Yo también quiero hablar con ella porque actuamos las dos, pero no sabía ni cómo se llama», señalaba también Ainoa, algo aturdida por la repercusión que han tenido los hechos, pero feliz por el desenlace. Por saber que el hombre estaba ya con fuerzas para haber contactado con ella. La realidad es que para mucho más. «¡Sí que les he preguntado a los médicos si podré volver a correr!», bromea: «Me han dicho que me lo tome con calma, que ahora lo primero soy yo».

Mecánico de profesión, a Pedro le quedan aún muchas pruebas y días ingresado antes de abandonar el hospital. Afronta la situación con felicidad y gratitud a Carolina y Ainoa. «Y a la organización. El trato fue muy correcto, igual que el de los policías locales que me llamaron. Le quitaron hierro para tranquilizarme, me dijeron que mi marido estaba bien, en la ambulancia y de camino al hospital», relata Nona.

En la habitación del Clínico, la mujer le saca moraleja a lo sucedido, más allá de la necesidad de someterse a pruebas de esfuerzo periódicas a la hora de practicar actividades deportivas. «Mi marido ha vuelto a nacer. Creo que todos los voluntarios, y cuanta más gente mejor, deberían saber hacer una reanimación cardiorrespiratoria -la RCP que salvó a Pedro-», propone: «Y también saco que cuando vemos a alguien en las carreras parado o caminando, solemos darle ánimos con toda la buena voluntad. Igual tiene un problema grave y no le estamos haciendo precisamente un favor».