El inmigrante del 40x20

Alemany, Marcio y Moriana, de izquierda a derecha. / lp
Alemany, Marcio y Moriana, de izquierda a derecha. / lp

La odisea del brasileño Marcio, del Maristas Algemesí, para llegar a Europa

MOISÉS RODRÍGUEZ ALGEMESÍ.

Marcio Alan da Silva es uno de tantos extranjeros que se han visto en una frontera tragando saliva, conscientes de que estaban a un paso, puede que el más complicado, de su particular El Dorado. En el caso de este joven brasileño, cumplir el sueño de desembarcar en el balonmano europeo.

«Un amigo me habló de él, sobre la posibilidad de traerlo. Lo observé en un par de vídeos y consideré que tenía muchas posibilidades», comenta Juan Alemany, mítico exjugador valenciano de balonmano y que actualmente trabaja como representante. Le buscó acomodo a Marcio en un equipo suizo para los últimos tres meses de hace dos temporadas, y ahí surgió el problema. Cuando aterrizó en Lisboa, la escala de su viaje transoceánico, no pudo seguir hacia el centro de Europa.

«Me preguntaron a qué venía y expliqué que iba a fichar por un club de Suiza. Me dijeron que carecía de los permisos para firmar ese contrato y que no me podían dejar pasar», recuerda Marcio. «Me permitieron hacer una llamada de cinco minutos, pero preferí no preocupar a mi madre, que sufre de los nervios, y no pude contactar con nadie más. Me retuvieron una noche y había un hombre que me dijo que llevaba cuatro años allí. Me preocupé bastante, pero luego fueron viniendo personas de otros países y pasamos las horas charlando».

El deportista fue retenido en el aeropuerto de Lisboa y al día siguiente lo deportaron a Brasil El joven, de 23 años, pasó por un club suizo y por otro de Lanzarote hasta llegar al Maristas Algemesí

Marcio fue deportado al día siguiente a Brasil. «Yo creía que ya no querría volver, pero a los tres días ya estaba subiéndose a otro avión», indica Alemany. Entonces llevaba en la maleta una carta de invitación firmada por el presidente del club suizo donde iba a jugar. «Europa es un sueño para mí, y además me lo tomo con una deuda hacia una persona que apostó mucho por mí. Tenía que pelear por jugar a balonmano», señala el joven de 23 años.

Su historia empieza en una tarde durante la adolescencia. A los 15 años estaba jugando a baloncesto con sus amigos en su Seara natal. Un hombre se le acercó y le preguntó si quería probar con el balonmano. Al principio receló. «En mi país hay muchos problemas, pero el hijo de mi padrino estaba jugando con él. Consulté con mi madre y me dijo que probase», indica Marcio.

Tuvo que irse de casa, hacia el sur del país, pero aquel hombre, Raimundo Roche, le apoyó con material deportivo y le pagó un colegio privado. «Al año y medio falleció. Yo sé que su sueño era que un jugador suyo llegase a la selección y a un club de fuera de Brasil. Siento que se lo debo. Ha habido momentos en que he pensado en dejarlo, pero por eso y por los ánimos de mi madre, que me dijo que debía seguir después de tanto sacrificio, he continuado», asegura.

Tras el efímero paso por Suiza y un año en División de Honor Plata con Lanzarote, Alemany lo trajo al Viscoconfort Maristas Algemesí. Aquí ha hecho buenas migas con la plantilla y con el entrenador, el cordobés Miguel Ángel Moriana. «Es un jugador que nos da mucho tanto en defensa como en ataque. Destacaría su predisposición y humildad. Es de un nivel superior, casi de Asobal», indica el técnico de un equipo que desde hoy persigue en Avilés el ascenso a División de Honor Plata. Debutará contra los gallegos del Calvo Xiria, mañana se medirá a los catalanes del UE Sarrià y el domingo concluirá la fase de ascenso contra el Cafés Tosfat, los anfitriones. El formato es una liguilla en la que sólo asciende el primero.

El primer equipo ha quedado campeón por segunda temporada consecutiva de su grupo en la Primera División Estatal. Tras escaparse el ascenso la pasada campaña, para toda la gente del Viscoconfort Maristas Algemesí sería un sueño conseguirlo este año, en el que se celebra el 40 aniversario de la entidad. «El pabellón se llena en cada partido de socios y simpatizantes y tenemos el apoyo del patrocinador, hay que seguir intentándolo», apunta Juan Alemany. Para Marcio, que juega de pivote, el fin de semana es otro paso hacia su meta. «Salí de mi casa a los 15 con un objetivo. Quiero debutar con la selección absoluta, pero también deseo disputar una Champions y llegar a la liga alemana. Es un balonmano más físico, parecido al de mi país, y me parece que allí están los mejores equipos del mundo», argumenta un joven que, tras la odisea para llegar a Europa, se expresa como nadie en el 40x20.