Mundiales de Doha

Chepngetich gana el oro en el maratón de la supervivencia

Ruth Chepngetich./EP
Ruth Chepngetich. / EP

La keniana ataca a falta de ocho kilómetros para sentenciar una carrera que se cobra 27 abandonos por el calor y la humedad

MIGUEL OLMEDA

Si el maratón es por naturaleza una carrera de supervivencia, el del Mundial de Doha se convirtió a la fuerza en el 'Vietnam' del asfalto y zapatillas. El aire en la capital catarí era irrespirable y no por el napalm, sino por el calor y la humedad elevados a cotas que rayan con la frontera de la salud humana.

Rose Chelimo ejecuta el papel de Rambo en cada gran campeonato. Sabe sufrir como nadie cuando el resto ya no siente las piernas, en el muro que rompe las quinielas y donde cuentan menos las marcas personales. Acabó 2017 con 40 rivales por delante en el ranking mundial y una medalla de oro ganada en Londres contra pronóstico.

Entonces el precio del medal aureo ascendió a 2:27:11, pero en Doha se fue hasta 2:32:43. Chelimo, que llevaba un año austero, volvió a sobresalir con la plata en un circuito de batalla donde las bocanadas de aire ardiendo hacían las veces de minas antipersona: hasta 27 víctimas, una tras otra, se cobró el calor; descolgando favoritas desde la línea de salida hasta que quedaron cuatro apenas en la pelea, Chelimo incluida.

Fue otra superviviente, en el kilómetro 34, quien cerró la carrera con un machetazo que repartió las medallas. Ruth Chepngetich es una guerrillera nocturna. En la oscuridad de Dubai ya había ganado allá por enero con 2:17:08, una marca con apenas dos rivales en toda la historia: Paula Radcliffe y Mary Keitany. Para llevarse a Kenia el primer oro maratoniano desde 2013, Chepngetich agarró la botella de agua en el avituallamiento, dio un último sorbo de energía y lanzó el ataque sin mirar de nuevo atrás. Tiene solo 25 años y desde este viernes una gran batalla que contar a sus nietos.

Echevarría y Coleman marcan territorio en la jornada inaugural

En el Mundial de los contraste climáticos (38 grados fuera del estadio y 23 en la pista) hay dos estrellas que no necesitan rondas preliminares para entrar en calor. Juan Miguel Echevarría sigue en plena lucha contra la gravedad y haciendo escala en su viaje hacia los nueve metros cayó sobre 8.40 en el primer intento de la tarde. Suficiente antes quitarse los tirantes de Cuba, abrigarse un poco no vaya a ser que coja un catarro y marcharse al hotel a soñar con su primer oro al aire libre. El sábado (19:40 horas) le toca refrendarlo, aunque a priori no tenga rival que se le acerque.

Christian Coleman sí que tiene competencia en el hectómetro, aunque por primera vez en una década no esté Usain Bolt haciendo el arquero en los tacos de salida. Justin Gatlin y Akani Simbine enseñaron los dientes en la toma de contacto, pero fue el plusmarquista mundial de 60 metros quien marcó territorio con el único crono por debajo de diez segundos (9.98), y eso que se dejó llevar durante un cuarto de la recta. Se siente atacado por la investigación antidopaje que vivió a finales de agosto y quiere callar bocas con un puñetazo sobre la mesa. Este sábado (17:45 semifinal y 21:15 final), el desenlace de la 'película'.

Jakob Ingebrigtsen sigue empeñado en ser leyenda antes de los 20. El verano pasado, con 18, se convirtió en el primer atleta en ganar 1.500 y 5.000 en un mismo Europeo. Quiere extender su dominio al Mundial y por lo pronto ya es finalista en las doce vueltas y media. No sin pelearlo, todo hay que decirlo, en los despachos. Los jueces le cazaron pisando fuera para tratar de salir de la encerrona africana y le descalificaron aplicando el artículo 163.3. Tres horas después se impuso la lógica (no había sacado beneficio de la maniobra) y Jakob estará en la final junto a Henrik y Filip, sus dos hermanos mayores.

Fue la gran sorpresa, pero no la única, de una tarde de clasificaciones en la que se echó de menos la final del 10.000, como sucede habitualmente. Las siempre crueles eliminatorias de 800 hicieron escabechina de favoritas. Hanna Green llegaba a Doha con la tercera mejor marca, Lindsey Sharp con la cuarta y Catriona Bisset con la sexta, todas bajando de 1:59.00, pero ninguna pasó el primer corte, de 2:02.93.

Todas las grandes aspirantes franquearon sin problemas los 4.60 en la pértiga; igual que en altura Maria Lasitskene, que cabreada con la Federación Rusa por tener que seguir compitiendo bajo bandera neutral buscará su tercer título consecutivo en la final del lunes. En el martillo DeAnna Price confirmó con un lanzamiento de 73.77 que quiere ser la primera norteamericana con medalla en su especialidad; mientras que su compatriota Emma Coburn defenderá ante el imperio keniano su corona en 3.000 obstáculos.

Pedro Pablo Pichardo quiere amargarle la fiesta a Christian Taylor y Will Claye, favoritos en el triple salto y compañeros en la universidad de Florida hace un lustro. Con un intento de 17.38 que no obtuvo réplica presentó su candidatura a entrar en la historia por dos naciones a la vez: puede ser tanto el segundo portugués (tras Évora en 2007) como el segundo nacido en Cuba (tras Quesada en 1997) en ganar el oro.

Aunque para historia, la que ya han escrito y la que amenazan con escribir en Doha Warholm, Benjamin y Samba en el 400 vallas. Desde su irrupción la temporada pasada ya son segundo, tercero y cuarto de todos los tiempos. Menos de un cuarto de segundo les separa de Kevin Young y sus 46.78. Tras ganar plácidamente sus series, les quedan dos oportunidades el sábado (17:05) y el lunes (21:40) de batir el récord.

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