El Canyamelar no se rinde

Jugadoras del Canyamelar, durante un entrenamiento reciente en el gimnasio. / bm Canyamelar
Jugadoras del Canyamelar, durante un entrenamiento reciente en el gimnasio. / bm Canyamelar

El equipo seguirá compitiendo mientras busca el dinero para pagar a los árbitros

MOISÉS RODRÍGUEZ

El Canyamelar es mucho más que un club valenciano de balonmano femenino. Representa el último vestigio de la edad dorada de este deporte en la Comunitat, con la eterna rivalidad entre los equipos de Gregorio García y Cristina Mayo. El Canyamelar es, resumiendo, el reducto del Mar Valencia, el club que la legendaria entrenadora convirtió en campeón de Europa en la etapa en L'Eliana. Como entonces, el balonmano femenino valenciano malvive al filo de la navaja.

Alrededor de 11.000 euros mantienen en vilo a este histórico club. Este es el dinero que adeuda a la Federación Española, por el que el comité de competición ya le ha dado por perdido el partido de mañana contra el Rocasa (0-10). Esta cantidad se corresponde, sobre todo, a los arbitrajes (900 euros por jornada como local) y el Canyamelar, según fuentes federativas, no ha abonado ninguno este ejercicio.

La Federación dio como plazo hasta el martes y al no pagar, se le dio por perdido el próximo partido como local. Sí podría seguir jugando fuera de casa y el Canyamelar se aferra a dos clavos ardiendo: a ese y a las gestiones que está llevando a cabo para poder acabar la temporada.

Deportivamente, se les ha dado descanso a las jugadoras hasta el martes. Se ha aprovechado que el fin de semana no se competirá para dar ese respiro y que aquellas que arrastran molestias, se recuperen. Se está trabajando, eso sí, en el gimnasio. Desde el Canyamelar se destaca la profesionalidad de la plantilla.

Mientras, se prepara el viaje para jugar en Valladolid contra el Aula de Alimentos el sábado 2 de marzo (19 horas). Por el momento, el Canyamelar cuenta con una empresa de autobuses que les da facilidades. Además, para el día a día también recibe la ayuda de otros colaboradores, entre ellos restaurantes que dan de comer a las jugadoras. La vida, en definitiva, al límite del deporte minoritario y en especial femenino.

Al mismo tiempo, la directiva del Canyamelar habla con posibles patrocinadores. El club no quiere hablar de plazos, pero los conoce. Tiene un mes de margen. En caso de no haber saldado parte de su deuda con la Federación Española, el 9 de marzo volverá a perder 0-10, esta vez contra el Porriño. Si la situación persiste antes de medirse el 30 de marzo al Elche Mustang, sería expulsado de la Liga.

En el Canyamelar no quieren plantearse este escenario. Ni el del descenso. «Ya veríamos la viabilidad del club en ese caso», afirman. Se aferran a patrocinadores privados y, sobre todo, las subvenciones por cobrar. El club está en permanente contacto con las instituciones en busca de cualquier bocanada de oxígeno. Además, la Diputación, ante la situación desesperada que vive la entidad, ha firmado un convenio de 35.000 euros para este año que puede servir de salvavidas.

Mientras tanto, en la Federación Española se quiere evitar una situación que no es exclusiva del Canyamelar. Ya se redujo en dos plazas la Liga Guerreras -participan 14 equipos- para tratar de garantizar que los clubes fueran solventes económicamente. En la próxima asamblea, se debatirá endurecer los impagos: se planteará no dar tres partidos de margen, sino expulsar al equipo de la competición cuando alcance una deuda determinada.