El balón ovalado como flotador

Dos jóvenes hacen un pase durante una de las actividades en la Colonia San Vicente. / irene marsilla
Dos jóvenes hacen un pase durante una de las actividades en la Colonia San Vicente. / irene marsilla

«Es un deporte que transmite valores como integración, sacrificio y compañerismo», afirma el subdirector de la Colonia San Vicente Un centro de menores convierte el rugby en herramienta para la reinserción

MOISÉS RODRÍGUEZGODELLA.

Juan Rastrilla llevaba varios meses haciéndose la misma pregunta cada vez que paseaba por la zona de la parada de metro de Godella. «¿Podría ayudar el rugby a estos chavales?». Apasionado del deporte del balón ovalado, miembro del Tatami y de la Federación Valenciana, un día quiso despejar la duda. Abordó a un educador que salía de trabajar de la Colonia San Vicente Ferrer. La instalación atiende a menores internos por orden judicial tras haber cometido algún delito. Desde hace cuatro años, cada lunes un puñado de ellos juegan a rugby como parte de sus actividades encaminadas a la reinserción social.

«Nosotros no queremos hacer rugby, ciclismo o atletismo por el deporte en sí, sino por transmitir sus valores», comenta Pedro José López, subdirector de la Colonia San Vicente: «Hay gente que puede pensar que este es un deporte violento, pero nada más lejos de la realidad. Fomenta la inclusión social, la integración, el espíritu de sacrificio y el compañerismo».

«Cuando Rastri me lo planteó, enseguida quisimos colaborar. Este es un deporte en el que caben todos, incluso los que tienen difícil acomodo en otros como el fútbol o el basket. Los delanteros, por ejemplo, se llaman a sí mismos los gordos», señala José Luis López, presidente de la Federación Valenciana. Juan Rastrilla pertenece al Tatami. Ambas entidades van de la mano en un proyecto que también involucra a los educadores del centro.

«Nos ayudará a pensar más en los demás al salir», comenta uno de los chicos con medidas judiciales

Como Roque Ferrandis, educador social y profesor de educación física, que ha practicado desde siempre el judo y se ha iniciado en el rugby, hasta el punto de que ya juega con los veteranos del Tatami. «Lo más importante que transmite es el trabajo en equipo. Desterrar las individualidades y el espíritu de superación es muy importante para estos chavales», comenta. Desde hace cuatro años, una tarde a la semana el balón ovalado es una herramienta para la inclusión en Godella.

Primero se empezó con un pequeño grupo de chicos. Este fue haciéndose cada vez más grande y esta temporada ya se han incluido a las chicas. Todos aseguran que el rugby les ayuda a liberar tensiones después de la mañana trabajando en el aula. «No hay que olvidar que estos chavales están aquí en contra de su voluntad. Es privativo de su libertad, están con nosotros porque han cometido un delito por el que el juez ha decidido internarlos», recuerda Pedro José López.

«Pienso que esta actividad nos va a ayudar a pensar más en los demás cuando salgamos. Yo antes jugaba a fútbol, pero me echaron por fumar y por otras cosas. Recomiendo que los compañeros aprovechen esta oportunidad porque te ayuda a conocer gente y puedes jugar al seven en la playa», desliza uno de los chavales. Se refiere al torneo internacional Tiburón. Porque uno de los incentivos de esta actividad desde ediciones anteriores ha sido formar un equipo para participar en el campeonato que tiene lugar cada verano en la playa de Valencia.

«El rugby me ayuda a descargar toda la rabia y tensión, me siento más libre. El rugby me va a ayudar a hacer algún deporte cuando salga de aquí. He hecho atletismo, hípica y natación, pero los dejé todos», asegura otra de las chicas que participan. «Después de estar en el aula, me gusta hacer deporte y estar con compañeros. Yo jugaba al tenis y se me daba bastante bien. ¿Seguir en el rugby? Mejor el tenis, es mi deporte», asegura otro de los chavales.

Ya hay algún ejemplo

En cuatro años, el proyecto ya ha dado sus frutos con algunos casos de jóvenes a los que el rugby ha cambiado la vida. «Tenemos dos casos en particular. Una persona vinculada al Tatami ofreció a un chico trabajar, ya lleva varios años con el y también juega en uno de los equipos del club. La cuestión es que esta iniciativa pueda poner su granito de arena en la reinserción de estos jóvenes», precisa Coque Ferrandis.

Tanto él como los tres chicos que han querido mostrar sus impresiones, se marchan. Pisan el césped y a los pocos minutos se escuchan ranciadas sobre la hierba y risas. Ni una sola mala cara. Practican un rugby adaptado, sin placajes y donde la actuación de un bloque lleva a conseguir el objetivo. «Recibimos muchas propuestas para hacer actividades y queremos ir siempre sobre seguro. Por eso empezamos con el grupo pequeño, pero ahora estamos encantados de haber apostado por el rugby», indica Pedro José López.