El pionero que ultima su salida del agua

El pionero que ultima su salida del agua

Ricardo Ten, nadador: «No me importa el nivel de sacrificio pero el de tolerancia cada vez es menor. Tengo más lesiones y eso afecta en lo psicológico», afirma

MOISÉS RODRÍGUEZ

valencia. Cuando en España se habla de deporte paralímpico hay tres nombres que enseguida se vienen a la cabeza: Teresa Perales, David Casinos... y Ricardo Ten. El valenciano nacido en Benimàmet es un icono de la natación adaptada. Resulta difícil imaginarse unos Juegos sin que esté entre los candidatos a medalla. Sin embargo, él ha planificado Río de Janeiro como su despedida de la competición de alto nivel... al menos en el agua: «Lo más seguro es que sean los últimos. Debuté en 1996 y afronto mis quintos Juegos. Tengo 40 años y aunque la vida de un deportista adaptado se puede alargar más, son casi 21 años compitiendo y viene gente joven apretando. Además, a mí cada vez me salen más teclas».

u100 metros braza. La prueba en la que se ve con posibilidades de lograr medalla en Río. Además, nadará los 50 mariposa y espalda. En ambas, el objetivo es la final.

uAyudar al deporte adaptado. Uno de sus patrocinadores, la Fundación Varona, quiere que sea la cara visible en ese proyecto. También colabora en el proyecto Di Capacidad del Levante.

Ricardo Ten, sin embargo, pone un asterisco a sus declaraciones. «Son muchos años compitiendo y es algo que me encanta. Sobre todo en las grandes citas», admite: «Tengo seis medallas, siempre que he ido a los Juegos he estado en el podio. El nivel de sacrificio no me importa, pero el de tolerancia cada temporada es menor. Estoy teniendo cada vez más problemas con las lesiones y eso te debilita psicológicamente». Matiza que su retirada en la natación no significa que vaya a dejar de hacer deporte: «Lo que sí tengo claro es que voy a parar con el agua».

Ha hecho sus pinitos con el triatlón, participa en las carreras populares y sale a rodar con bicicleta de carretera. Esto ha sido posible en los últimos años, desde que adquirió una prótesis para su pierna que le permite competir. «La ayuda del Proyecto FER ha sido vital para que pueda invertir en ese material que es más caro, o para no escatimar en la preparación. Por ejemplo, para ir a las competiciones donde sé que están mis rivales o hacer concentraciones en alto», indica Ricardo Ten. Cuando en agosto concluya este ciclo olímpico, se centrará en estas modalidades que ahora practica por afición. «Probaré en competiciones regionales, y luego a ver qué pasa», afirma. Cuando se le pregunta si se plantea ir a Tokio en otro deporte, responde con una sonrisa picarona y enigmática: «No creo».

La vida de Ricardo Ten cambió por completo cuando tenía ocho años. Estaba con su primo en una caseta que estaba de reformas. Se subió a un andamio y alzó un listón metálico: «¡Mira que fuerte estoy!». Un juego de niños que le condicionó la vida. Tuvo la mala suerte de tocar un cable de alta tensión. 65.000 voltios recorrieron su cuerpo. Está vivo de milagro: «De aquello sólo recuerdo a mi padre, ya en la ambulancia, impidiendo que me incorporase». Le amputaron los dos brazos y una pierna. Agradece que esos meses los maestros le llevasen los deberes al hospital y la comprensión de sus compañeros: «Me ayudó a no perder el curso, por lo que pude ir al año siguiente con la misma clase. Al final, cosas como estas te ayudan a madurar antes. Por ejemplo, cuando llega el momento de las chicas. Yo estuve arropado en un grupo de amigos bastante amplio, pero desde el principio te das cuenta de que lo importante no es el fijo. Cuando has conseguido empatizar con alguien, te das cuenta de que puedes llevar una vida normal».

Está casado con Sonia, paralímpica también de natación en Atlanta y Sidney, con la que tiene dos hijos. «Para nosotros el deporte es trascendental. Te ayuda a tener una mejor calidad de vida. Por ejemplo, para atarme los cordones de los zapatos me ayudo con los muñones y la boca», afirma Ricardo Ten, que para ello ha tenido que trabajar la flexibilidad: «Ahora mismo, para vestirme lo paso fatal. Me duele horrores. Me tiene que ayudar mi mujer».

Desde la segunda quincena de enero arrastra una lesión de cadera. Tiene la mínima B, que en teoría no le garantiza la presencia en Río, pero lo que más preocupa ahora a Ten es recuperarse y volver a competir sin dolor. «A mediados de marzo tenemos el campeonato de España por comunidades en Sabadell. Allí quiero nadar sin molestias. Para mayo está el Europeo en Funchal. La intención es hacer un pico para lograr la mínima A. Pero al final, donde ha de salir es en Río», sostiene. Lo sabe por experiencia. La que dan cuatro Juegos y la que quiere transmitir cuando por fin deje la alta competición. Aunque resulte difícil creer que lo vaya a hacer.

campeón paralímpico, en Sidney y Pekín (100 metros braza) y en la ciudad australiana también en los 4x50 estilos.