El 'caixonet' se diversifica

Carlos Baldoví, en el taller que tiene montado en su casa de Riola./
Carlos Baldoví, en el taller que tiene montado en su casa de Riola.

La retirada de los artesanos de Valencia y Gandia abre el camino a la media docena de personas que mantienen viva esta industria única

GUILLEM SANCHIS VALENCIA.

El arte de la confección de pelotas de vaqueta tiene muchos secretos y un único punto clave: la piel. De la calidad de la misma, de su densidad, del grosor, de su origen, depende todo. El problema es que el lomo de las vacas y los toros, el origen, no es regular. «A veces compras hojas enteras y acabas tirando más metros de los que usas», explica Carlos Baldoví, de Riola, el último en incorporarse a un gremio, el de los maestros peloteros, absolutamente artesanal y en regresión.

Las pelotas de Riola (porque así suelen conocerse las de cada artesano, por el pueblo de origen: Carcaixent, Petrer, Gandia, Valencia.) se han ganado un sitio en el 'caixonet' de los mejores trinquets. En pocos años, Carlos ha sacado esferas de calidad y algo muy importante para los trinqueters: de gran durabilidad. Son pelotas más rentables, aunque algunos pilotaris las encuentran demasiado botadoras.

Precisamente en ese bote muy vivo está la clave de su larga vida útil. Tal vez no tengan la nobleza o el comportamiento de las del número uno, Álvarez, de Carcaixent. Pero aguantan muchas partidas con buenas prestaciones. Son, además, bastante más baratas, 50 euros contra los 70 de Álvarez.

Teniendo en cuenta que la vaqueta se jubila de la élite cuando han pasado tres o cuatro partidas como máximo, el factor económico es esencial. Eso sí, el tramo del máximo nivel es solo el principio de una larga vida, ya que después se aprovechan para las partidas de juveniles, todavía en el trinquet, e incluso llegan al mundo amateur en el mercado de segunda mano.

Carlos Baldoví se dedicaba a la construcción hasta que llegó la crisis. Entonces se quedó en paro. Un amigo del club de Sueca le insistió para que fuese al trinquet a ver una partida de pilota valenciana. Le gustó, se quedó, y empezó a jugar. Era el año 2010.

En el trinquet de Sueca conoció a Adrián, pilotari y trinqueter. No recuerda muy bien cómo surgió la idea. Pero pronto el mismo Adrián le acompañó a casa de Miguel 'Tavoll', antiguo artesano de Gandia, que estaba a punto de retirarse y le confió su sabiduría. Después de un mes de trabajo conjunto empezó lo más difícil: fabricar por su cuenta una pelota apta para el trinquet.

En todos los trinquets

No le costó mucho. «Soy muy mañoso», reconoce Baldoví, sin antecedentes en la familia de aficionados a la pilota, ni de peleteros ni zapateros, que son generalmente el origen de los maestros peloteros. Desde entonces hasta ahora, sus pelotas han llegado a todos los trinquets valencianos, desde Vila-real a Benidorm.

Las pelotas de Riola comparten 'caixonet' con el resto de artesanos del gremio. Tanto en las partidas de raspall como en escala i corda están los nombres de Viñes, de Genovés, Petrer, Álvarez, últimamente, de Llíria, y también de Antoniet, el bravo ex pilotari de Almassora. Aunque sólo media docena de personas mantienen viva esta pequeña industria, parece que hay recambios tras la retirada de Valencia y Gandia.

Carlos ha sido el último en llegar y sus esferas son apreciadas y también causan cierto punto de controversia, algo habitual y sano en el trinquet. «Son botadoras al principio, pero mejoran en dos o tres quinces», cuenta Dani de Benavites, que añade que pelotas así «simplemente te obligan a hacer las cosas más rápido».

Genovés II se decanta por Álvarez, por su nobleza, «por el 'tec'. Para elegir pelota, siempre me he guiado por el sonido», explica el escaleter, que considera que son «buenas», pero prefiere Carcaixent. Y otros como Soro III no tiene reparos en sacarlas si las circunstancias de la partida lo requieren, como se ha hecho siempre, como una arma más al alcance del jugador.

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