Mateu Lahoz: «Odio las jerarquías del fútbol»

Con su madre, Lola. Mateu Lahoz recibe este jueves un beso de su progenitora, que cumple 80 años./D. Torres
Con su madre, Lola. Mateu Lahoz recibe este jueves un beso de su progenitora, que cumple 80 años. / D. Torres

El árbitro internacional valenciano repasa su vida y explica cómo prepara los partidos táctica y emocionalmente | «El balón es el que manda y yo intento controlar lo que hay alrededor. El peor partido es aquel en el que todo te sorprende», reflexiona

CAYETANO ROS

La pasión desbordante de Toño Mateu Lahoz contrasta con la calma chicha de su pueblo, Algímia de Alfara, un enclave poco conocido contemplado por el monte Picaio. La actividad ya es frenética para el árbitro internacional: viene de pitar un Apoel-Ajax, previa de Champions, y mañana sábado dirige el Getafe-Athletic.

Pregunta: ¿Cuál es límite de su afán de protagonismo?

Respuesta: Es algo que no controlo. Los que te tildan de ese protagonismo son los que mandan de él. Es un concepto surrealista: no tengo ningún protagonismo, soy un enamorado del fútbol, lo vivo en primera persona. Lo puedo oler, oír, sentir. No voy a cambiar nada de cómo vivo mi profesión, que es mi pasión.

P. Acostumbrado a los insultos, el campo del Besiktas le ovacionó. ¿La única vez de su carrera?

R. No, en Tercera, en campo del Ilicitano, en la vuelta a casa en coche con los dos asistentes, alucinamos al recordar la ovación que nos dieron. Y el campo del Besiktas, en Champions contra el Oporto, nos ovacionan en el calentamiento. Preguntamos y nos remitieron al Lyon-Besiktas del año anterior, con situaciones desagradables antes del encuentro en la grada, estuvo a punto de suspenderse...

«Es surrealista que digan que quiero ser protagonista. El fútbol lo puedo oler, oír, sentir. No voy a cambiar»

P. Y decidió que los jugadores salieran cogidos de las manos...

R. Teníamos claro que, si ese partido se jugaba, debíamos dar una imagen de deportividad brutal. Una oportunidad única de demostrar a aquellos que no les gusta ni el deporte ni el civismo, que esto es un partido. Todo el mundo quiere jugar porque a todos nos encanta el deporte. El hecho de darse la mano y un abrazo son pequeños detalles con un mensaje brutal.

P. ¿Es un futbolista frustrado?

R. No, qué va. Pude elegir. En el sub 15 y en el sub 17 estuve en la escuela del Valencia CF. Fue una gran experiencia, vi que había gente mucho mejor que yo, y volví al Estivella.

P. ¿De qué jugaba?

R. De interior izquierda, zurdo cerrado. Tenía mucho olfato de gol, la portería se me hacía grande. Se me congelaba el tiempo y pensaba:'Si le pego bien, va a entrar'. Es lo más grande. Pude elegir entre jugar en Tercera o ser árbitro, y decidí ser árbitro.

P. Al arbitrar, ¿puede disfrutar del fútbol?

R. Claro que sí, y no se te escapa detalle. A un jugador al que no le salen las cosas, le debes dejar un poquito de aire; y a uno que le ha salido una buena jugada, está en una emoción más fácil de tratar. Como en la vida, lo que debes tratar son las emociones. La mente es lo más importante.

P. ¿Por eso se aprende detalles de la vida de los jugadores?

R. Más que detalles de su vida, intentas contextualizar: es muy importante saber la situación emocional de cada jugador. Soy profesor de Educación Física, soy padre, soy hermano y no es igual llegar a la paella del domingo sin saber nada que sabiendo que una hermana ha pasado esta dificultad o este sobrino ha suspendido tres. Hay que tratar a la gente como te gustaría que te trataran a ti, de manera empática.

P. ¿Y cómo prepara la parte táctica?

R. Todo lo que sean transiciones rápidas a partir de un robo de balón, es esencial saberlo: si no, es que no voy a llegar. La primera vez que fui consciente de esto fue en 98-99, con el único amigo futbolista coetáneo, Martínez Cea, con quien coincidí yo arbitrando en Tercera y él jugaba al Burjassot. Lo escuchaba hablar de los rivales cuando no había la información que hay hoy. Y la estrategia es fundamental: qué jugadas van al primer palo, cuáles al segundo... todos recordamos el gol en el Camp Nou de Mendieta y ahí el árbitro podría haber molestado porque es totalmente inesperada: arrastran al primer palo, él recibe en la frontal y empala por la escuadra. El balón es el que manda y yo intento controlar todo lo que pasa alrededor. Es brutal ver cómo tú has preparado algo y después más o menos ocurre. El peor partido será aquel en que todo te sorprende.

«Rapinoe habla de valores y es un regalo para todos. Cuanto más deporte hagas, mejor persona serás»

P. Pero ahora el VAR les quita emoción.

R. No, no me ha quitado la adrenalina porque quiero acertar con mi equipo en el campo. Llevo 29 años arbitrando, más de 10 años en Primera, y quiero seguir viviéndolo igual. El trapecista sale para mejorar cada día, no pensando en salvarse.

P. ¿Qué jugador no deja de sorprenderle?

R. Un partido no son sus high-lights. Ya lo dice Pablo Aimar: vivimos una generación que ya no ve un partido completo. Pero para mí, el postanálisis, ver el partido otra vez, es un placer. No me canso de ver jugadas bonitas.Y aquel jugador que has visto en un partido y no tiene nada que ver en otro, porque manda la cabeza y la confianza.

P. ¿Puede un árbitro ser de un equipo?

R. Claro que sí. Se ve como natural que los jugadores y entrenadores sean de equipos porque son profesionales. En el árbitro no se ve bien, como si no pudieras ser profesional e imparcial. A mí me llegaba el Castellón por Pedro Alcañiz y el que más resonancia tenía era el Valencia CF. Con 16 años, estaba dando patadas a un arco a las nueve de la noche por frustración de habernos metido siete (el Karlsruher, en 1993). Pero con los años se pierde el forofismo y ahora soy mucho de los delegados de equipo; y tener a Voro es buenísimo para el VCF, porque oigo a los compañeros cómo hablan de él. Los delegados siempre te dan el lado humando independientemente de cómo acabe el partido.

P. Los jugadores presionan a los árbitros para sacar ventaja.

R. Me encanta que me presionen porque estoy a gusto con el diálogo. Yo les hablo como deportista y es ridículo que piensen que van a sacar ventaja.

P. ¿Por qué habla tanto?

R. Soy de los que menos habla, pero el foco te lo ponen otros.

P. ¿Trata igual a un Messi que a un Fran Villalba?

R. Los abuelos de Fran Villalba viven en Pedro Izquierdo de Moya, un pueblecito donde iré porque es origen de mi mujer (Cristina). Hay personas que ves que no puede haber diálogo y debes cortar porque eres la autoridad en ese momento. Lo que nunca haré es taparme la boca porque nunca diré nada que no quiera que se sepa. Pero los diálogos son antes o después del partido porque durante es imposible por la velocidad con la que se juega: son diálogos de besugos. Intento controlar todo.

P. ¿Nunca ha perdido los nervios y ha insultado a un jugador?

R. Nunca jamás, ni tampoco como jugador. Soy una persona supercompetitiva. Como jugador nunca di una mala patada ni me pegué con nadie. La frustración te la tienes que comer tú: no puedes pegarle la bronca a un compañero por no pasarte. Siempre he odiado las jerarquías en el fútbol: no debería haberlas sino tirar todos del carro porque las jerarquías cambian cada semana. Es imposible que una persona esté al 100% cada semana. Hay partidos brutales que no salen en los resúmenes. El fútbol está superprofesionalizado: hay 30 entrenadores en cada equipo...

P. Dígaselo a Marcelino...

R. Y al final lo que salga de la chistera es lo que marca la diferencia.

P. Usted ha sido pionero de dejar jugar y permitir el contacto.

R. Me ha influido el haber sido futbolista y haber estado cuatro meses lesionado, con muletas, y entendiendo que es un deporte de contacto. Yo he pitado siempre acorde a lo que iba sintiendo. Si pitas las faltitas, paras mucho el juego y asumes menos riesgos. Lo importante es saber cuánto fútbol efectivo se juega, más que cuántas faltas pitas. Si en un partido se han jugado cinco minutos más, eso es muchísimo. Un árbitro debe leer el partido y controlarlo, y, para eso, debes tener la aceptación de los jugadores. Y los de fuera han de ver que los de dentro confían en ti.

P. ¿Su forma de dejar jugar ha propiciado alguna lesión?

R. Nunca he visto, afortunadamente, una lesión grave en un campo. Yo me he roto dos veces la rodilla, la segunda el ligamento lateral interior por llegar una milésima tarde antes de que el rival me golpeara.

P. ¿Qué futbolista ha visto desprender carisma?

R. En un Schalke-Steaua, en Gelserkirchen, me encontré con Raúl recién llegado y, en el túnel de vestuarios, desprendía respeto por todos lados, sin necesidad de hablar alemán. El carisma es algo que te ilumina. Y puedes tenerlo en diferentes aspectos. Otro caso: Ancelotti, me impresionó al verlo abrazar a un jugador sustituido que estaba enfadado. El riesgo de ese entrenador era máximo.

P. ¿Por qué no le quieren en el Barça y, en cambio, en el Madrid se le aprecia, sobre todo en la época de Mourinho?

R. Le he pitado muchísimo al Barça y me he sentido respetado. He tenido conversaciones con Puyol que se quedan grabadas. Y Pep Guardiola, en privado, en el Barça y en otros equipos, me ha dicho que le gusta cómo arbitro. Otra cosa es lo que digan en las ruedas de prensa. Quiero que el jugador del Getafe y del Alavés vea que lo trato con el mismo respeto que a uno del Barça o del Madrid. No es real que los arbitrajes beneficien al Madrid y al Barça.

P. ¿No cree en el vasallaje psicológico hacia los grandes?

R. Pero eso existe con los jugadores también. El Piojo, por ejemplo, lo rompió con Van Gaal en el banquillo del Barça. En otras ocasiones pesa el miedo escénico, pero al árbitro le puede pasar por otras cosas.

P. ¿Cuáles?

R. Cuando hay una presión mediática tremenda. Un futbolista puede desaparecer, un árbitro, no: debe llevar los nanos al cole, ir a comprar... en esas ocasiones el fútbol supera a la propia vida, y eso es peligroso. Hay que evitarlo. En este país, cuando nos interesa el fútbol es religión, lo más importante del mundo. A veces tienes que tomar una decisión que no tienes todos los argumentos, pero debe tirar millas y tomarla.

P. ¿Algún estadio le ha impresionado?

R. El del Sevilla, el día de mi debú en Primera. El 13 septiembre de 2008, cantaron a capella El Arrebato. Manolo Preciado, que valía mucho la pena, también se emocionó (él también debutaba en Primera). Ganó el Sevilla 4-3 al Sporting y lo contó Andrés Montes en La Sexta. Al acabar el partido, pedí volver caminando al hotel porque estaba todavía flotando. Y fui acompañado de Palop y su familia. Y no nos paró nadie.

P. ¿En qué país le ha gustado más arbitrar?

R. Brasil, en los JJOO de 2016: justo debajo de nuestro hotel, se pasaban toda la noche jugando en dos campos de fútbol 7. A cualquier hora. Y la atmósfera en Alemania e Inglaterra es tremenda: cómo les gusta el fútbol. Pero pitar un Jérica-Caudiel es más difícil que un Madrid-Barça. Y un partido de Champions es más fácil que uno de Liga porque hay mucha más calidad y van todos a jugar y lucirse.

P. ¿Dónde le gustaría pitar que no haya podido?

R. Buenos Aires.

P. Pero los jugadores argentinos protestan todo...

R. Por eso sería un reto muy chulo. Pité una eliminatoria en JJOO Argentina-Honduras y no fue cansado, lo siguiente. Necesitaban hablar, todos querían mermarte psicológicamente, acabé agotado, con 4 penaltis y fue brutal. Pitar un sub 20 es más complicado porque cuando las cosas no les salen son capaces de todo.

P. ¿Y qué se llevó del Mundial de Rusia?

R. El Mundial es lo máximo. Ojalá pueda vivir la Eurocopa de 2020.

P. ¿Qué opina de que la Supercopa de Europa fuera dirigida por una árbitra, Stephanie Frappard?

R. Hay que darle normalidad. En mi pueblo, con un descampado y un frontón, había dos chicas, Eva y Bea, que me enseñaron a jugar al frontón.

P. ¿Qué le parece Rapinoe como símbolo de la igualdad de género?

R. El deporte se traduce en vida. Sacrificio, esfuerzo, compañerismo, trabajo en equipo, entender la derrota porque en todo en la vida se pierde más que se gana... Si la capitana del equipo ganador siempre habla de valores, es un regalo para todos. Cuanto más deporte practiques, mejor persona serás.

P. ¿Cuánto ha pagado de IRPF?

R. No estamos en el régimen de trabajador y pagamos el 50% de lo que ganamos en IRPF.

P. Les han subido mucho el sueldo.

R. Antes, trabajábamos un fin de semana sí y otro no; ahora, con el VAR, trabajas las 38 jornadas.

P. ¿Cuál es su plan B?

R. La docencia me encanta, pero si pudiera entrar en un cuerpo técnico, podría aportar mucho. Como preparador físico ya no porque no podría reciclarme, pero sí podría tocar emocionalmente a los jugadores o tratar a los árbitros. Hay jugadores mitos que se te caen al pasarte a ti la culpa de alguna cagada suya. Y eso es fácil de recuperar.

P. ¿Qué escucha antes de los partidos?

R. Coldplay. Las selecciones que hace mi hijo (Pau, de seis años). Esa banda sonora me acerca a casa.

P. ¿Su madre sufre al verlo arbitrar?

R. Una vez me contó el secreto: se fijaba con qué cara acababa el partido. Y, a partir de ahí, trato de poner siempre buena cara.

P. ¿Y cómo le influyó su padre?

R. Tuve mala suerte … Fue campeón de Europa de tiro al plato, un deportista de élite... padeció una especie de párkinson y lo conocí siempre enfermo, tomando muchos calmantes para poder hacer lo que más le gustaba. Él era labrador. Sus padres no lo quisieron y lo donaron a Gaibiel, a tres horas de entonces. Los padres biológicos lo reclamaron para cuidar el ganado porque eran carniceros, pero él se escapaba caminando a Gaibiel para estar con sus padres adoptivos... Y a los nueve años ya trabajaba en el campo. Tenía una fuerza brutal. Lo viví en la parte frustrada y eso me ha marcado. Cuando murió, yo necesitaba dinero: mi madre limpiaba las escuelas y el mercado. Desde los 12 años, yo ya iba a recoger naranja y había que trabajar sí o sí. Así comencé a arbitrar.