El orgullo de Irlanda

De izquierda a derecha Byrne, White, Catalá y Murray. / jesús signes
De izquierda a derecha Byrne, White, Catalá y Murray. / jesús signes

Sant Vincent GAA promociona en Valencia el fútbol gaélico | «Este deporte vertebra nuestra comunidad, es la forma que tenemos de comunicarnos», asegura Andrew White, creador del club hace una década

MANUEL MORERA

Cuando se piensa en una modalidad distinta al fútbol europeo, la tendencia es centrar las miradas en el otro lado del charco, en el fútbol americano. Sin embargo, en Irlanda la modalidad que reina es la gaélica. Este deporte local, junto al hurling, es practicado en masa por toda la sociedad irlandesa y cuesta encontrar a alguien que no forme parte de la Asocación Atlética Gaélica (GAA, por sus siglas en inglés). El fútbol gaélico va unido a todos los irlandeses, incluso cuando abandonan la isla necesitan seguir con ello. Por ello, Andrew White y otros compañeros, decidieron fundar el primer club de esta modalidad de la Comunitat Valenciana, el Sant Vincent GAA, hace más de 10 años.

«El club se fundó en 2007, solo había cuatro clubes en España, ahora hay veinticinco. Conseguir las licencias fue muy complicado, nadie sabía qué era el fútbol gaélico», explicaba White sobre los orígenes del equipo. Desde el primer momento tuvieron claro que la igualdad tenía que ser una de sus banderas y, aunque fue difícil, crearon una categoría femenina. Una de sus actuales jugadoras es Mercedes Català: «Comencé en septiembre. Al ser un deporte tan local, no sabía ni si podía jugar sin tener una conexión con Irlanda, pero todos se vuelcan contigo. Los primeros meses son de aprendizaje para los nuevos jugadores, se enseña la normativa, pero como mejor se aprende es jugando».

«Lo primero que hace un irlandés cuando llega a un nuevo país es buscar un club de fútbol gaélico. Vertebra la comunidad, es la forma que tenemos para comunicarnos. Es más que un deporte, nos relacionamos mediante este deporte», explicaba Andrew White. Uno de sus compañeros de equipo, Eoin Byrne, remarcaba la relevancia que mantiene este deporte: «Cualquier pueblo tiene unas instalaciones geniales y centradas en los jóvenes. Todo el dinero vuelve a las bases».

Es el deporte mayoritario en Irlanda, pero no hay profesionalismo y todo el dinero vuelve a las bases

Que el fútbol gaélico sea uno de los pilares de la comunidad irlandesa ha provocado que se mantenga alejado de la profesionalización. Pese a la gran preparación física y a aglutinar a más de 70.000 personas en el estadio de Croke Park, exclusivo para la práctica de esta modalidad, ninguno de los jugadores tiene un salario: «Todo el dinero que se genera vuelve a las bases, por eso todas las instalaciones y las categorías inferiores son tan buenas. Es muy importante que el dinero se mantenga alejado. Se juega por tu condado, por tu pueblo; juegas por orgullo y amor a tu comunidad. Siempre ha existido gente que quiere profesionalizarlo porque dicen que así mejorará. La mayoría de personas está en contra. La mentalidad en Irlanda es que la intromisión del dinero puede dañarnos. Hay muchos ejemplos de deportes arruinados por alejarse de la gente».

El fútbol gaélico no ha estado exento de polémica. El arraigo por este deporte ha ocasionado el enfrentamiento y, en algunos casos, el uso político frente a sus vecinos de Irlanda del Norte: «Los deportes gaélicos tienen mucha historia, eso hace que muchas veces vayan unidos al nacionalismo irlandés. El fútbol gaélico era asociado con los partidarios de la separación de Reino Unido. Los que jugaban a rugby se les consideraba unionistas y partidarios de los ingleses. En 1920 se produjo el 'Domingo sangriento', una masacre donde 14 espectadores fueron asesinados durante un encuentro en Croke Park. Ahora ya no hay esa tensión, se practica con independencia de la ideología», reseñaba White sobre el pasado conflictivo de esta modalidad.

En un país como España, donde los deportes de contacto no tienen una aceptación mayoritaria, deben luchar contra el estigma de ser una actividad violenta. Andrew White bromeaba sobre el tema: «He tenido más lesiones con el fútbol europeo. Además, no es como el rugby en el que los placajes están permitidos». Bryne destacaba la mentalidad de los jugadores como la principal defensa a la acusación de violentos: «Es un deporte físico, no te puedes esconder, tienes que dar la cara. Hay más respeto por el resto de jugadores. Al haber contactos hay que jugar con nobleza». Mercedes y el resto de sus compañeros del femenino, se enfrentan a un prejuicio mayor, competir en un deporte de contacto siendo mujeres. Sin embargo, ella siempre se ha sentido apoyada: «Al no ser muy conocido la primera reacción es más de curiosidad que de rechazo. Siempre están las preguntas de que si solo juego con chicos o si acabo llena de moratones, pero en general las reacciones son positivas».

La práctica de este deporte en Valencia no es una simple forma de hacer ejercicio, sino que también es una oportunidad de socializar en un ambiente bilingüe. Aunque la mayoría de jugadores son de nacionalidad irlandesa o española, los equipos cuentan con deportistas de todas partes del mundo. Molly Murray juega en el equipo femenino y ya sabe lo que es practicar el fútbol gaélico en un país donde no es común: «Soy de Estados Unidos pero mi familia es irlandesa y fundó un club en Detroit en los 80 o 90. Empecé jugando con la familia, pero cuando vine a España no había nada parecido. Me puse a jugar al baloncesto. Estaba viviendo en Albacete y me enteré de que había un club en Valencia, en seguida me puse en contacto con ellos. Acabé mudándome en enero y pensé que si tenía que irme a otra ciudad lo mejor es que fuera una donde se practicara este deporte. Aquí el nivel es distinto, pero tenemos buena base».