Catar 2022, un Mundial como nunca se ha visto

Infantino, con la Copa del Mundo. /Reuters
Infantino, con la Copa del Mundo. / Reuters

La próxima Copa del Mundo, que afloró entre sospechas de tongo tras ser la candidatura peor valorada en el informe técnico, se disputará en pleno invierno y en un país de mayoría musulmana

PEDRO CAMPOS

A la FIFA se le acabó la gaseosa y prefirió experimentar con un Mundial de fútbol. Se le puede atragantar o destapar un elixir. La resolución, en 2022. No será en cuatro años justos, porque la gran novedad de esta cita es que comenzará el 21 de noviembre y finalizará el 18 de diciembre. Unos días antes de que llegue Papá Noel y que Melchor, Gaspar y Baltasar se suban a sus camellos cargados de regalos habrá un campeón de la vigésimo segunda edición de la Copa del Mundo, que se disputará en el emirato de Catar, un minúsculo territorio situado en una zona de alto riesgo geopolítico entre Arabia Saudí e Irán. Con bufanda y jersey de lana se conocerá si con Luis Enrique todo es mejor. O no.

Catar es un país singular. Una capital atiborrada de futuristas rascacielos con un casco histórico propio de hace dos siglos y con un centro comercial con la pista de hielo más grande jamás vista. Justo a las afueras de los hoteles con la mayor riqueza del mundo descubres funestas madrigueras donde duermen los trabajadores de las obras. Cuando sales de Doha te plantas en una carretera sin curvas y sin fin. Si miras a izquierda y derecha sólo ves estepicursores que dejan entrever torres de gas. Están ocultas pero son la auténtica vida del emirato. Fue a comienzos del siglo XXI cuando los cataríes empezaron a comercializar globalmente sus inmensas reservas de gas y hoy están en todos los lados. Y les hizo inmensamente ricos. Y con dinero se compra casi todo.

Allí mirará el fútbol desde ya. Adiós Rusia, hola Catar. La elección estuvo repleta de dudas. Tuvo el recelo de muchísimas federaciones adscritas a la FIFA. Las sospechas de tongo afloraron al descubrirse que fue la peor valorada en el informe técnico. Pero ganó. Contó mucho la alianza con la RFEF y la implicación de Barcelona y Real Madrid, ya que sus patrocinadores son originarios de Oriente Medio, lo permitió a Catar ganarse el apoyo de países latinoamericanos. También le dieron su respaldo figuras como Zidane o Guardiola. Pese al triunfo, hasta sus mayores avalistas recelaban de un hecho, y es que allí las temperaturas en verano rozan los 50 grados. Tras brotar los temores de una crisis vital para futbolistas y aficionados, la institución que dirige Infantino tiró por la calle de en medio. Se negó a cambiar de sede (Catar se había impuesto en la votación a Estados Unidos) y al final se decidió disputar el torneo entre noviembre y diciembre. Tampoco se verá a nadie con ropa de abrigo al disfrutar en esas fechas de entre 20 y 25 grados, pero se esfuman posibles situaciones de lipotimias.

Será el primer Mundial en un país de mayoría musulmana y en el de menor extensión territorial. Y donde todavía hay muchas cosas por descubrir. El coliseo que acogerá el duelo inaugural y la final ni existe. Será el Estadio Nacional de Lusail, con 86.250 espectadores. Se incrustará en una ciudad aún fantasma que se alzará en pleno desierto y que se vestirá con dos puertos deportivos, dos campos de golf, un centro comercial, un zoológico y 450.000 viviendas. Además, ya se están construyendo algunos campos, todos ellos con alguna particularidad. Uno será desmontable y otro solar. La mayoría estarán en Doha, el resto se desperdigarán por otras ciudades.

Existen temores de cómo un país tan pequeño (tiene sólo 2,5 millones de habitantes) podrá acoger tamaña cita, que espera una visita de 1,2 millones de aficionados. Pero el comité organizador, que ya probó su gestión en el Mundial de fútbol juvenil de 1995 y la Copa Asiática de 2011, lo tiene muy claro y prevé un éxito absoluto. A nivel deportivo, la FIFA sigue estudiando si pasar de 32 a 48 equipos y los más futboleros ya se estrujan la cabeza para descubrir qué jugador aspirará a ser el tótem individual del torneo y cuáles de los actuales cracks todavía lo serán. Messi llegaría con 35 años, los mismos que Cavani o Luis Suárez y dos menos que Cristiano. Sergio Ramos luciría 36 tacos, como Modric. Quienes lo tienen más fácil para seguir siendo protagonistas son Isco, Griezmann, Salah o James, que se plantarían en el desierto catarí con 30 años.

Muertos en las obras

La conquista del fútbol tuvo un adalid en Jasim al Thani, primogénito del emir. Era el príncipe heredero pero renunció a favor de Tamim, su hermano. Recelaba de la vida pública y se centró en el deporte. Y tiene de consejero al, para muchos, el mejor futbolista español de todos los tiempos: Xavi Hernández. El español, que todavía da pases maestros en el Al-Sadd, asesora a los estrategas del país a través del proyecto de la obra social Generation Amazing. Además de las recetas deportivas, el exfutbolista del Barça se implicó en que se mejoraran las condiciones de los trabajadores que construyen los estadios, la mayoría de ellos indostaníes. Pese al silencio oficial, se cuentan por mil los muertos en las obras. Xavi reclamó aire acondicionado en los autobuses y residencias dignas. Son los oscuros de un país que tampoco respeta derechos humanos. Tanto que ser gay es ilegal en Catar. Pero es cierto que la mayoría musulmana es homogénea (no hay divisiones entre suníes y chiíes) y que la riqueza no ha promovido la rebelión ni el pensamiento crítico.

Han sido varios los momentos de tensión con la elección del emirato. Arabia Saudí y sus aliados rompieron relaciones con Catar y el mundo del fútbol se revolvió. Pero nada les afecta. Tratan de convertir este deporte en parte de su identidad nacional. Es el país más rico del mundo per cápita (cada habitante recibe 3.000 euros al mes desde que nace y a los 18 años se les regala una casa), no conoce el desempleo y colecciona clubes de fútbol (patrocina al Barça) y edificios emblemáticos. Pero el fútbol les ha puesto en el mapa. Desde 2007 tiene el Mundial entre ceja y ceja y para ello creó Aspire, un programa de excelencia deportiva. Ha puesto a prueba a dos millones de futbolistas para que los más relucientes tengan la tentación de nacionalizarse cataríes para que en 2022 la selección ofrezca un nivel más que notable. Ese año aparecerá una Copa del Mundo como nunca se ha visto. En ese momento se sabrá si hay que comprar gaseosa para los experimentos.

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