A Valverde le falta un segundo

Alejandro Valverde aprieta los dientes en el último esfuerzo por coronar la Covatilla y cruzar la línea de meta. /afp
Alejandro Valverde aprieta los dientes en el último esfuerzo por coronar la Covatilla y cruzar la línea de meta. / afp

King gana en la Covatilla, donde Yates se pone primero por delante del murciano, con Ion Izagirre al alza

J. GÓMEZ PEÑA

En el puerto del Pico, que se subía al inicio de la etapa, hubo mucho tiempo un puesto aduanero. Allí se abonaba el peaje por usar aquella calzada romana. Estaba claro: iba a ser un día para pasar por caja. El pago se hacía en el último puerto, en la Covatilla, donde el viento revolvió todos los planes escritos en esta mesa inclinada sobre Béjar. Parecía que Valverde apuntaba a nuevo líder, pero no lo es porque tampoco manda en el Movistar, que apuesta por Quintana.

El colombiano y López encendieron la mecha en el final del puerto. Valverde perdió el paso y el puñado de segundos que vistieron de rojo a Simon Yates por un suspiro sobre el murciano. «Me hubiera gustado ser líder, pero para el equipo es mejor así», concedió Valverde. «Ya dijimos al principio que el jefe aquí era Quintana», zanjó. El Movistar regresa a la casilla de salida, a Quintana. De la victoria en la Covatilla se ocupó Ben King, en otra fuga como había hecho en Alfaguara.

El estadounidense ganó por valor y por fe. De joven le enfermó la ambición de ser el mejor ciclista del mundo. Por verse cada vez más y más delgado cayó en la bulimia. Comía y se sentía en pecado. Se provocaba el vómito. Redención. «Dios me salvó de ese infierno», dice. Creyente. Creyó en él cuando la Covatilla le trituraba. «Nunca había sufrido tanto», confesó. Arrodillado sobre el manillar solo tenía dolor y fe. Le bastaron para que no le atrapara Mollema, que se acercaba con su traqueteo de pájaro carpintero. Tras la victoria, a King le costó media hora borrarse el gesto de sufrimiento del rostro.

Había pagado la tasa del éxito por segunda vez en esta Vuelta en la que Simon Yates es líder con un segundo sobre Valverde, 14 sobre Quintana, 16 sobre Buchmann y 17 sobre Ion Izagirre, que quiere comprobar su techo. Aunque no tiene ni su talla ni de lejos su leyenda, la Covatilla tiene algo del Mont Ventoux. Hay nieve en invierno y sol de sobra en verano. Y siempre sopla el aire. Cuando en 2011 ganó aquí Daniel Martin dijo: «Ufff. Esto me recuerda al Ventoux». Aquella tarde descubrió el talento escalador de Froome, anunció los triunfos que venían de Wiggins en el Tour y de Cobo en la Vuelta, y aupó al liderato a un ciclista que casi siempre pasa de puntillas por las carreras, Mollema. El recuerdo de la Covatilla reclamó a Mollema. A él y a sus compañeros de fuga, el siempre presente Maté, Bagües, Luis Mas, Ezquerra, De Gendt, Theuns... Y Ben King, que sacó sus mejores pedaladas pudo con Mollema y con el viento, dueño de esta montaña calva.Ayuda de CarapazPor detrás, la Vuelta comenzó a segar piernas. Molard, el líder en la salida, se vino abajo. Piernas cortadas.

A De la Cruz y al joven Enric Mas, la cuesta les dolió desde el inicio. Pero se negaron al hundimiento. Aunque cedieron, siguen a flote. Majka, que tiraba para Buchmann, desnudó a todos. Radiografió las fuerzas. Kwiatkowski no las tenía. Y Quintana pareció no tenerlas. Le socorrió Carapaz. Le debe la vida. Son de la misma talla. El ecuatoriano le tapó el viento al colombiano. Le concedió ese rato de aliento para pegarse a los mejores. A todos les intimidó el aire lateral de la Covatilla. Ruge aquí. Sólo se atrevieron a final. 'Supermán López' puso toda su ambición sobre el manillar ya a dos kilómetros de la meta. Quintana, resucitado, le neutralizó y sacó el colmillo. Atacó mientras Valverde, su compañero, no sostenía el ritmo. Quintana manda en el Movistar. Con él se fueron Keldermann, López, Ion Izagirre y Urán, otro candidato silencioso. A unos metros, Simon Yates, tan explosivo, notó la debilidad de Valverde y saltó a por la estela de Quintana, a por el liderato.

«Fui líder del Giro y, la verdad, es que no esperaba serlo hoy. Es una sorpresa. Empieza a ser una sensación muy familiar», dijo feliz el británico. Para que Yates perdiera el Giro, Froome tuvo que recurrir en la Finestre a la mejor etapa de su carrera. «No sé por qué me rompí en el Giro. Aún no lo entiendo. Pero cada carrera es distinta», avisó. El remolino de viento que azotó la Covatilla revolvió el orden de la clasificación. 'Supermán' López, Quintana, Keldermann y Urán entraron de la mano. A seis segundos apareció Izagirre. «Es importante estar ahí. Me da confianza», declaró el guipuzcoano. A 22 segundos llegó Bennett. Y a 24, Valverde, con Pinot y Kruijswijk. Más atrás, limitando las pérdidas a base de sudor, vinieron Buchmann, De la Cruz, Mas y Aru. En la Covatilla no hay como en el alto del Pico un viejo puesto de aduana. Pero la montaña del viento comenzó a cobrar peaje. A Valverde le costó lo justo, un segundo, para no ser líder.

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