La sangre fría de Roglic congela la sierra

Miguel Ángel López, Alejandro Valverde y Primoz Roglic, durante la etapa de ayer. / Javier Lizón / efe
Miguel Ángel López, Alejandro Valverde y Primoz Roglic, durante la etapa de ayer. / Javier Lizón / efe

El líder controla la etapa de Guadarrama, donde gana Higuita y Valverde renuncia al triunfo por no hundir a Quintana

J. GÓMEZ PEÑABECERRIL DE LA SIERRA.

Primoz Roglic creció arrojándose desde un edificio de diez plantas. Era esquiador de saltos. Se acomodaba en la cima del trampolín, se descolgaba por esa rampa casi vertical y salía despedido por encima de la pista de aterrizaje nevada. Un tipo así tiene los nervios de acero haga lo que haga. Y ahora que es ciclista y líder sólido de la Vuelta mantiene esa sangre fría. En la etapa de los cuatro puertos de Guadarrama, el esloveno movió a la perfección a sus gregarios. Cosió con ellos cada roto y cuando se quedó mano a mano con el más valiente, 'Superman' López, y con el más peligroso, Valverde, los batió en el sprint de Becerril, donde Quintana y Pogacar cedieron un minuto. Y el líder no se llevó la victoria porque un colombiano recién llegado, Sergio Higuita, recibió el premio a su generosidad.

Cuando en invierno Higuita llegó en avión desde Colombia, le fueron a recibir miembros de la Fundación Euskadi. Rostro infantil. Venía con una maleta pequeña y unas zapatillas destrozadas. Pensaron, claro, que era pobre. Otro chaval marginal de Medellín. Se equivocaron. Era rico. Rico es el que da lo que tiene. Higuita, como sabía que en Bilbao le iban a dar calzado nuevo, regaló su viejas zapatillas a un amigo y se vino con las más destartaladas que encontró. «En Euskadi me sentí como en casa. Estoy muy agradecido a Chus (Jesús Ezkurdia) y a todo el equipo. Me hicieron ver que podía lograr victorias». Corrió cuatro meses cedido en el equipo naranja y en mayo dio el salto al Education First. «Es nuestro pequeño Valverde, rápido y escalador», define su director Juanma Garate.

Higuita, novato de 22 años, está curtido. Viene hecho. Sin complejos. Lleva plata a su casa. Ayuda a los desfavorecidos de su barrio. Se hizo rápido en el velódromo. El don de la escalada lo lleva en la genética. Y atacó en el segundo paso por la Morcuera. «Podía ganar al sprint o fugarme. He decidido arriesgarme», contó. Coronó ese puerto y luego Cotos. Detrás, López, Roglic y Majka, con Valverde a rueda por no perjudicar a Quintana, le seguían el rastro. Le veían en el falso llano que sube a Becerril. «Ya no tenía fuerzas, pero me quedaba corazón. Era mi sueño». Descubre el ciclismo. Y el ciclismo se asombra con él.

Al ganar se acordó de su equipo, tan maltratado por la desgracia. Compartió su gran triunfo con Rigoberto Urán, que acabó la Vuelta en un hospital, en seis horas de quirófano para recomponerle un pulmón acuchillado por varias costillas rotas. «Sergio, hoy es la revancha a las tres caídas, la averías, el dolor en el pie que te han frenado», le animaba Garate desde el coche.

Ánimo de batalla

En la salida de Colmenar Viejo el joven colombiano pedaleaba sobre el rodillo. «En los abanicos del día anterior no gasté fuerzas porque venía una etapa perfecta para mí». Todos los ciclistas, menos él, tenían las piernas cojas. La noche no les había quitado todo el cansancio acumulado tras luchar el miércoles contra el viento. Pedalear 200 kilómetros a 50 km/h y dentro de un abanico continuo es como correr dentro de una lavadora. El pelotón se convierte en un remolino que en cuanto te descuidas te arroja a un margen. No hubo tiempo ni para comer ni para beber; casi ni para respirar. Y ese castigo estaba en los músculos antes de afrontar cuatro picos de Guadarrama: Navacerra, Morcuera en dos ocasiones y Cotos.

La Vuelta nunca es sencilla. Lo comprobó Roglic el miércoles en un recorrido sin cuestas. Estuvo contra las cuerdas por su culpa, por descuidarse en la salida. Nunca más, se dijo. «Aprendí la lección». Y ordenó a su fiel Tony Martin marcar el compás antes de abrir Navacerrada. El Jumbo maniató la carrera. Incluso metió en la fuga a Powless. Eso hizo el Astana con Omar Fraile y el Movistar con Oliveira. A todos les funcionaba el plan. Todos clavaron un punto de apoyo para futuros ataques o defensas. En esa escapada, con la victoria de etapa en el telescopio, iban también Óscar Rodríguez, Higuita, Hart, Poels, Pernsteiner, Meintjes, Koch y Bouchard, consolidado como rey de la montaña.

El ciclismo es fuerza y valor. En esos dos pilares se sostene 'Superman' López. Puro coraje. Tras el lanzamiento de sus compañeros del Astana, sacó las pinturas de guerra y atacó donde había que hacerlo: en el final del segundo paso por la Morcuera, donde la montaña se mete en el horizonte. Arriba. A 60 kilómetros de la meta. Roglic no se alteró. Puso a Kuss a tirar y mandó a Powless, que iba en fuga, parar. A López no le cundió ese intento pese a que Omar Fraile tiró de él a muerte. Así que 'Superman' repitió en Cotos, la última cuesta. Antes se le agotarán las piernas que las ganas.

Esta vez fue Roglic el que le tapó, con Valverde y Majka a rueda. A unos metros desafinaba por primera vez en la Vuelta el joven Pogacar y también cedía Quintana, el segundo entonces en la general. Esa debilidad de Nairo le hizo un nudo en las piernas a Valverde. El murciano no pudo colaborar con Roglic y López para cazar a Higuita. Otro generoso. Por defender la plaza en el podio su compañero, el murciano sacrificó la victoria de etapa. ¿Valió la pena?

Higuita, hecho un ovillo con su bicicleta en el descenso de Cotos, voló a casi 100 km/h. Hacia la tierra prometida. A 15 segundos, Roglic le quitó dos segundos de bonificación a Valverde. El murciano vuelve a ser segundo, a 2 minutos y 50 segundos, por delante de Quintana (a 3.31), López (a 4.17) y Pogacar (a 4.49). «¿Qué se puede hacer ante Roglic? Pues no lo sé», se respondió a sí mismo Valverde. Cerca, el líder esloveno se colocaba ante los micrófonos con la misma calma que ante el manillar. «Puedo ser optimista. Estoy un día más cerca del triunfo». No es fácil sacar de quicio a alguien habituado a lanzarse al vacío.