Roglic resuelve su primera Vuelta

El esloveno Tadej Pogacar celebra su triunfo en la Plataforma de Gredos. / efe
El esloveno Tadej Pogacar celebra su triunfo en la Plataforma de Gredos. / efe

El líder salva sin apuros el examen final en Gredos, donde otro esloveno, Pogacar, gana y casi aparta a Valverde del segundo puesto del podio

J. GÓMEZ PEÑAGREDOS.

«¡Qué he hecho!». Tadej Pogacar, que cumplirá 21 años la próxima semana, acababa de ganar en la Plataforma de Gredos su tercera etapa de montaña en esta Vuelta que es ya de un compatriota. Primoz Roglic subirá al podio de Madrid por delante de Alejandro Valverde y de la revelación, el portento Pogacar. Roglic y él son vecinos. Los eslovenos se han repartido esta edición que acaba en el paseo dominical por las calles de Madrid. Valverde, que suma otro récord al lograr su séptimo podio en la ronda -y con 39 años- no tuvo nunca al alcance el título en Gredos y vio en peligro su segunda plaza en la clasificación general por la remontada de Pogacar. «Es que con la lluvia se ha averiado el pinganillo, lo he tocado y he debido de cambiar de canal. No escuchaba nada. No tenía referencias». Iba a ciegas. El esloveno le amenazaba. «Menos mal que el público me iba informando y he apretado a final», contó. Por 22 segundos se aferró a la medalla de plata. El oro es para Roglic y el bronce, para el 'adolescente' Pogacar. Casi todo el botín para Eslovenia. «Es increíble», se extrañaba el pequeño de los eslovenos. ¿Qué ha hecho? Eso. Algo increíble a su edad.

Hay carreras que más que ganarlas hay que saber resolverlas. Cuando llegó a la Vuelta, Primoz Roglic no se ocultó: «Me he preparado a tope para ganar». Lo dijo sereno. Sin una pizca de arrogancia. No se inmutó cuando su equipo, el Jumbo, patinó en la contrarreloj inicial de Torrevieja. Luego fue tan fuerte como el que más en la montaña y a todos batió en la contrarreloj de Pau. El plan salía. Tras sortear el viento de Guadalajara y la caída de Toledo, sólo le quedaba la sierra de Gredos. Ahí se repartió el trabajo. Sus gregarios cargaron con los 150 primeros kilómetros. Él se ocupó de los 40 finales. Cuando en la Peña Negra le atacó 'Superman' López no le concedió ni un metro. No quería desgastarse en la persecución. En cambio dejó ir a su compatriota Pogacar, que no discutía su liderato sino el podio de Valverde y Quintana. Todo le cuadraba a Roglic. Le bastó con situarse a rebufo del Movistar, condenado a defenderse, y descontar los kilómetros para atar el triunfo. Vuelta resuelta.

De 190 kilómetros, sólo 16 eran llanos. Gredos, sierra salvaje donde la piedras se defienden panza arriba de la vegetación, es un paraíso despiadado. En una de sus cuestas aún se recuerda la carnicería de Hinault en 1983, cuando desmembró la joven carrera de Gorospe. Era, además, la última etapa de montaña, en la que ya no se guarda ni gota de fuerza. Y, para colmo, venía después de que 'Superman' López descalificara al Movistar por atacar el viernes cuando él y Roglic se habían caído. Era pues el escenario ideal para el espectáculo. Y aún se puso mejor, es decir, peor. Empezó a llover sobre carreteras viejas colgadas a más de mil metros de altitud. Agua y frío. Sobre esas dos palabras líquidas se han escrito grandes gestas ciclistas.

Y el inicio de la etapa corrió como loco en busca de una hazaña. El Astana de López quería cambiarle el destino a la Vuelta. Situado en la quinta plaza de la general, el colombiano, el más atrevido de la carrera, mandó a sus subalternos saltar al ruedo. Quería un día de sangre. El puerto de Pedro Bernado y el de Serranillos apenas dejaron respirar a los ciclistas. Todos al límite. Pero el Jumbo de Roglic resistió. Kuus, Gesink, Lowless y Bennett seguían ahí. Tenían una misión: ganar la Vuelta con Roglic. Eso estimula a dar un paso más cuando has cruzado todos los límites de la agonía. Delante iba una fuga, la de Samitier, Hart, Guerreiro, Howson y Edet, que no iba a llegar al final del camino.

El Astana no cejó en el alto de Chía, castigado por el viento lateral. Más difícil todavía. La Vuelta estaba atrapada en una telaraña de condiciones meteorológicas adversas cuando se abrió un claro antes de afrontar la Peña Negra, la cuesta más dura. Bajo ese sol gris, 'Superman' insistió. Siempre es él. El que despilfarra ganas. Pero ha acabado la Vuelta disecado, sin reservas. Roglic, lúcido a 200 pulsaciones por minuto, le ató en corto. Quedaban 40 kilómetros hasta Gredos. No quería tener que tirar a por el colombiano. Los otros, Valverde y Quintana, se hubieran aprovechado. El líder agarró por la capa a 'Superman'. Quieto aquí. Fácil. Con su rostro de cera y su pedaleo redondo, ágil. Ni una mueca de dolor.

Ataque en Peña Negra

Roglic fue esquiador de saltos. A esos trapecistas se les pide pericia y también armonía. Saben dar saltos en la oscuridad, sin miedo. Roglic tuvo la etapa siempre en la mano. Y cuando en otra rampa de la Peña Negra se largó su amigo Pogacar se frotó las manos. Perfecto. Su vecino esloveno estaba a casi cinco minutos en la clasificación. No era peligroso para el líder, pero sí para Valverde y Quintana, segundo y tercero, respectivamente. El Movistar, que no había atacado, tuvo que defenderse ante el empuje de un joven prodigioso que el año pasado ganó el Tour del Porvenir y que, con tres etapas en esta Vuelta y el tercer puesto en podio, forma ya parte de ese futuro inmediato.

Quintana, deslucido, no tuvo talla para aguantar su plaza. Valverde, que no oía nada, se dejó llevar por el público que tanto le quiere, que tanto tiempo lleva queriéndole. No alcanzó a un Pogacar inmenso, pero sí conservó la plata. «Cuando empecé la Vuelta no imaginaba que iba a terminarla segundo. Fenomenal», confesó el campeón del mundo. Era a lo máximo que podía aspirar en una edición resuelta con precisión eslovena por Roglic, un esquiador de trampolín que ha dado su mejor salto desde la Plataforma de Gredos.