El insólito salto de Roglic

Alejandro Valverde y los eslovenos Primoz Roglic y Tadej Pogacar, en el podio de la Vuelta a España 2019 que terminó ayer en Madrid. / ÓSCAR DEL POZO / AFP
Alejandro Valverde y los eslovenos Primoz Roglic y Tadej Pogacar, en el podio de la Vuelta a España 2019 que terminó ayer en Madrid. / ÓSCAR DEL POZO / AFP

Esquiador de trampolín hasta los 22 años, el esloveno gana la Vuelta sin cumplir los 30 por delante de Valverde y Pogacar

J. GÓMEZ PEÑAMADRID.

Con 22 años, el esloveno Primoz Roglic era aún esquiador de saltos de trampolín. Había sido campeón del mundo juvenil por equipos en 2007 y en su última temporada subió varias veces al podio en pruebas europeas, pero no era el número uno. Sintió que había tocado techo y se entretuvo con el deporte que practicaba en verano como preparación para el esquí: el ciclismo. Esa decisión le subió a un trampolín sobre ruedas. Inició un vuelo increíble y ahora, sólo siete años después, gana la Vuelta a España por delante de un ciclista incombustible, Alejandro Valverde (39 años), y de Tadej Pogacar, esloveno como Roglic aunque de camino opuesto. Pogacar tiene sólo 20 años, la mitad que Valverde y la edad a la que Roglic era todavía esquiador. Los ciclistas eslovenos rompen todos los moldes. Y se han repartido esta edición de la Vuelta que terminó con la victoria al esprint del holandés Fabio Jakobsen en las calles de Madrid. Tiene 23 años, otra señal del rejuvenecimiento que vive este deporte. Su compañero Richeze, el mejor lanzador del mundo, le abrió la meta madrileña por delante de Sam Bennett y Jon Aberasturi.

Roglic nació en un pueblo minero de la antigua Yugoslavia, Zagorje. A los ocho años ya esquiaba. Saltaba. Llegó a la élite. Sufrió una escalofriante caída en uno de esos saltos. Siguió adelante. Pero no le bastaba con ser bueno. «Quise ser el mejor esquiador del mundo y no pude. Luego soñé con ser el mejor ciclista del mundo», declaró el año pasado en el Tour, cuando terminó cuarto. En 2012, tras disputar varias carreras amateurs, fichó por el equipo esloveno Adria-Mobil, entrenado por Milan Erzen, que luego ha sido uno de los responsables del Bahrain-Merida.

La relación de Roglic en el inicio de su vida ciclista con Erzen, investigado por la Unión Ciclista Internacional (UCI) por sus supuestas relaciones con la trama de dopaje 'Aderlass' que sacudió el último mundial de esquí de fondo, despierta los viejos fantasmas de un deporte tantas veces sacudido por el escándalo. Según publicaron en mayo 'Il Corriere della Sera' y 'Le Monde', la UCI cree que Erzen compró una centrifugadora de sangre a Mark Schmidtt, el médico que tejió la red 'Aderlass'. Erzen ha desaparecido del organigrama del Bahrain-Merida.

En defensa del ganador de esta Vuelta está el maillot que lleva, el del Jumbo, una escuadra holandesa que abandera la lucha contra el fraude farmacológico. Esa plaga se cargó el Rabobank, la insignia del ciclismo neerlandés, y no quieren tropezar con la misma piedra. Roglic llegó al Jumbo en 2016. Ese año perdió por milésimas el prólogo del Giro ante Dumoulin y ganó la contrarreloj larga. En 2017 venció en dos etapas de la Itzulia, incluida la de Bilbao, y fue el mejor en la jornada del Tour que pasó por el Galilier. Además, se llevó la plata en el Mundial de 'crono'. Un campaña después volvió a dar otro salto: ganó la Itzulia y rozó el podio del Tour. Y esta tamporada el brinco ha sido monumental. Arrasó en primavera (triunfos en el Tour de UAE, Tirreno-Adriático y Tour de Romandía), fue tercero en el Giro y acaba de poner su nombre a la Vuelta.

Ataques de 'Superman'

En el Giro le batió el Movistar de Carapaz y Landa. Roglic, dominador al inicio, se vino abajo la última semana. Aprendió. No ha dejado de progresar. Descansó. Se recluyó en Sierra Nevada antes de afrontar esta Vuelta y se ajustó al estricto plan de vida del Jumbo. Con sus compañeros se cayó en la contrarreloj por escuadras inicial, en aquel charco de Torrevieja. Perdió un minuto. No se alteró. Nunca lo hace. Tiene los nervios de acero de alguien que ha crecido lanzándose al vacío desde un trampolín nevado. Controló y batió a los escaladores en los finales en alto y los machacó en la contrarreloj de Pau, su especialidad. 'Superman' López, tan valiente como irregular, fue el que más le atacó. El Jumbo se mostró como un bloque firme. Y cuando los gregarios sucumbieron, como en los abanicos de Guadalajara o el final de la sierra de Gredos, apareció la mejor versión de su líder, Roglic, que siempre ha atado a López y a Valverde.

Los únicos apuros del esloveno fueron provocados por caídas: la inicial en Torrevieja, la del barrizal en Andorra y la de aquel puente estrecho camino de Toledo que el Movistar trató de aprovechar -luego pidió disculpas- para desbancarle. El resto de la Vuelta ha corrido al ritmo del esloveno, que ha compartido protagonismo con el ejemplar Valverde, el precoz Pogacar, las victorias de Madrazo en Javalambre y de Mikel Iturria en Urdax, la eclosión de talentos como Álex Aranburu, Higuita y Barceló, la revelación de un rey de la montaña como Bouchard, la maravillosa etapa de los abanicos en Guadalajara, el descubrimiento del alto de Arraiz en Bilbao donde Gilbert firmó un final digno de gran clásica, la salida desde San Mamés que pronto será final de la Vuelta... La ronda española es un valor seguro para el espectáculo. Pese a que la participación era muy mejorable, la audiencia televisiva ha respondido. Un ejemplo: la etapa del sábado, la de la sierra de Gredos, fue el programa más visto en televisión en España, con 2.146.000 espectadores.

La edición de 2019 ya es de Roglic, el primer esloveno en una lista de vencedores que incluye a buena parte de la leyendas del ciclismo, Anquetil, Merckx, Hinault, Ocaña, Fuente, Contador, Froome... En un insólito salto de apenas siete años, el esquiador Roglic se ha colocado a su lado. Con él subieron al podio madrileño Valverde y Pogacar. El murciano, que ha estado siete veces en el cajón, ha cogido la bandera del Movistar tras la baja inicial de Richard Carapaz. El campeón del mundo siempre cumple y con él como líder su equipo ha logrado algo que sólo había conseguido el KAS en 1974, vencer en la clasificación por escuadras del Tour, el Giro la Vuelta en la misma temporada.