Andorra examina la resistencia de Roglic

Arndt entra victorioso en meta, seguido de Aranburu. / afp
Arndt entra victorioso en meta, seguido de Aranburu. / afp

El alemán Arndt bate a Aranburu y Barceló, la nueva camada del pelotón español, antes del duelo en los Pirineos

J. GÓMEZ PEÑAIGUALADA.

Antes de empezar, la etapa catalana de la Vuelta ya tenía ganador, Ángel Madrazo. La empresa 'Sony' escuchó su petición tras vencer en Javalambre. «Ahora ya puedo hacer fuerza para que mi mujer me deje comprar la 'playstation4'». Ya la tiene. Le entregaron la videoconsola en la salida de Valls. Algo preguntó el corredor cántabro sobre si venía incluido del juego de FIFA. Puestos a pedir... Pero no era día de fútbol, sino de bicicletas abrasadas en Valls y empapadas por una tormenta de verano en Igualada, la meta donde apareció primero el alemán Nikias Arndt, el otro ganador del día. A los favoritos, López, Roglic, Valverde y Quintana, el cielo les anunció lo que les aguarda en la jornada dominical de Andorra: cinco puertos en menos de cien kilómetros y, según amenaza el parte meteorológico de los Pirineos, más agua. Más riesgo. A las cinco subidas se sumará el vértigo de los cuatro descensos previos al final en Cortals d'Encamp.

En la meta de Igualada, Arndt, que tiene triunfos en el Dauphiné y el Giro, se abrazaba con su compañero Tusveld, que iba destacado cuando patinó en la última rotonda. Lo que uno no pudo lo logró el otro. Buen día para el equipo Sunweb. En la misma fuga iban el francés Nicolás Edet, que se viste de líder provisional, y el guipuzcoano Alex Aranburu, segundo en la meta. El puesto más amargo. «Un sprint así es una lotería», repetía. «No sabía por dónde empezarlo». Es joven, 23 años, creció en el equipo Goierriko y en el Baqué, debutó como profesional en el Murias, corre en el Caja Rural y en 2020 lo hará en el Astana. Ya ha dado el gran salto. Ganó a lo Sagan, su ídolo, una etapa en la pasada Vuelta a Burgos y casi lo logró en Igualada. Casi. Le dolía esa palabra que marca tanta distancia. Ojos rojos de rabia.

Arndt y Aranburu iban en una escapada de 21 dorsales. El alemán llevaba a Tusveld y el guipuzcoano, a Jonathan Lastra. Con ellos rodaban rivales de talla como Luis León Sánchez, Teuns, Styvar, De la Cruz, Stetina, Jesús Herrada, Van der Sande, Edet... y Fernando Barceló. El aragonés del Euskadi-Murias y Aranburu son dos de los brotes verdes del pelotón español. La camada que viene. A esta fuga, el Astana de 'Superman' López le abrió la puerta. El colombiano no quería gastar a su equipo antes de la jornada de Andorra. «Esta Vuelta se gana con calma», repite. No le importó ceder el liderato a Edet. Ya lo recuperará, supone.

El diluvio

Así, los escapados se quedaron con la etapa. La buscaron en la subida a Montserrat el estadounidense Stetina y también Barceló. El aragonés corrió su primera carrera con siete años. Era de sólo 300 metros, entre un paso de cebra y un contenedor, en Tarazona. Ganó. Se animó a seguir. En Montserrat atrapó a Stetina. Y a los dos los cogieron ya en la cima los otros fugados. Diluviaba. Tres relámpagos escalofriantes sacudieron el paisaje. La carretera brillaba. Peligro. Cristal en los tramos de descenso. Barcelo insistió. Se le pegaron Guerreiro, Tusveld y Aranburu. «Hay que jugársela cuesta abajo», dijo el corredor guipuzcoano. Igualada, tapada por una nube que les lanzaba latigazos de agua, esperaba.

La acariciaron con los ojos. Espejismo. Los otros se les echaron encima en las rotondas previas a la meta. Tusveld alargó un poco más la fuga. Así, su compañero Arndt podría ir a rueda de sus perseguidores. Pero la rueda delantera le traicionó. Al agua. Barceló ya no estaba en su lugar, que es la montaña. Pero Aranburu, todoterreno, sí. Es fuerte. Pasó veranos de camarero en el bar de su tía, endureciendo las piernas venga a subir y bajar escalones con los platos en la mano. Y luego, tras la jornada laboral, a pedalear. Fue campeón de España juvenil con un ataque a 500 metros. Eso pensaba en Igualada. No atinó. «Creía que la última curva era más cerrada». Arndt le cogió la delantera y le quitó el premio que un día recibirá.

Estaba tan triste como feliz anda el líder, Edet, que le lleva tres minutos a los favoritos. «Mi hija me pregunta siempre por qué no tengo un león del Tour». Es el peluche que le dan al líder. «Bueno le llevaré este toro español». En 1978, Hinault se vistió de líder en Igualada. Como Edet. «¡Guau!», dijo al saberlo.