Estrategia Movistar

Pogacar y Quintana, dos rayos en medio de la tormenta

Pogacar muestra su felicidad en la llegada a la meta para ganar la etapa de la Vuelta en Andorra. /  EFE
Pogacar muestra su felicidad en la llegada a la meta para ganar la etapa de la Vuelta en Andorra. / EFE

El veinteañero esloveno gana en Andorra y el colombiano se viste de líder aunque sin alejar a Roglic

J. GÓMEZ PEÑACANILLO.

De repente, sorprende la luz quebradiza de un rayo. El cielo no se aguanta. Descarga con saña su tormenta. Le atiza una granizada a 'Superman' López, que va delante, tan valiente, cumpliendo a rajatabla el plan de ataque de su equipo, el Astana. Pero a la subida final a Els Cortals d'Emcanp se entra por un tramo de tierra. De barro más bien por culpa de la granizada. Balas blancas. López acaba abatido. Tirado en el fango. Le rebasan Pogacar y Quintana. Enseguida le cogen Valverde y Roglic. Cuando tras el diluvio vuelve la luz, Soler, el último de la fuga, va en cabeza. Niega con la cabeza. No quiere parar como le ordena el Movistar. Se resigna al final y espera a Quintana. Eso le supone condenarse a ver cómo se le va Pogacar hacia el triunfo. El niño esloveno, apenas 20 años, sale el primero de la tormenta y gana la etapa que no puede alcanzar Quintana, segundo a 22 segundos pero líder ya de esta Vuelta con 6 segundos sobre Roglic, 17 sobre López, 20 sobre el cuarentón Valverde y minuto y medio sobre el veinteanero Pogacar, el diamante que brilló bajo el granizo.

Tiritaba Valverde en la meta. Le temblaban los labios pese a varias capas de ropa que le abrigaban. Se le había metido el frío dentro. «No he visto cómo se ha caído López». Voz trémula. Defendía la estrategia del Movistar, que renunció a ganar la etapa con Soler para impulsar al liderato a Quintana. Y avisaba del peligro de Roglic, «que está muy fuerte», que es el favorito para, tras la jornada de descanso, aplastarles en la contrarreloj de Pau. «Me voy, que no puedo ni hablar. Estoy congelado», les rogó a los periodistas. Para entonces ya no andaba por allí su compañero Soler, que no dijo ni mú y se largó de la cima en el funicular. «Lo importante es que entre todos distanciemos a Roglic», medió Quintana, que es el líder de la Vuelta, pero no se sabe si lo es del Movistar.

«Qué divertido»

«Prefiero no hablar», se contuvo Soler, al que pararon por Quintana cuando iba a ganar la etapa

Cerca de los corredores del Movistar, Pogacar parecía sentirse en la playa. Le sobraba la ropa. Viene del frío. «Me ha encantado rodar bajo la tormenta. Era perfecto... Un tramo de barro. Qué divertido. Y encima llovía. Y granizaba. Qué fantástico». A su edad, todo, incluso una tormenta brutal, está hecho para pasarlo bien. «La verdad es que no sé si lucharé por la general. Es mi primera gran vuelta». Lo está descubriendo todo, también a sí mismo. Hace un año ganó el Tour del Porvenir. Ahora es quinto en la Vuelta. No se puede crecer más veloz. De Pogacar fue la etapa más tormentosa de esta Vuelta.

Los planes que todos los equipos dibujaron sobre el mantel del desayuno se cumplieron al principio. El Movistar (Valverde y Nairo) metió en la fuga a Soler y Pedrero. El Jumbo (Roglic), a Gesink, Kuus y Powless. Y el Astana ('Superman' López), a Fraile, Fuglsang y Gorka Izagirre. Tener gregarios por delante sirve para todo: si te va bien, puedes utilizarlos para atacar. Y si se tuerce la etapa, vienen bien para tirar del líder de la escuadra. Así que todos se pusieron el parche en la herida sin saber aún si era en la propia o en la ajena. Con cinco puertos de Andorra embutidos en 94 kilómetros, la novena etapa era un cóctel explosivo. Todos la agitaron desde el inicio. En esa fuga iban también Kelderman, Latour, Higuita, Bizkarra, Nieve, Pernsteiner, Hart, Bouchard...

En un recorrido así no se puede jugar al escondite. El Movistar no ocultó su táctica. Tras coronar Ordino, aceleró por detrás con Oliveira, Arcas, Erviti y Rojas. Convirtieron el inicio del ascenso a La Gallina en un campo de exterminio. Y encima les ayudó el Astana con Luis León Sánchez y Cataldo. Fuego sobre gasolina. Chaves se quedó sin fichas de la suerte. Una avería le obligó a parar. Uno de sus compañeros, que le saca un palmo, le dio su bici. El menudo colombiano no llegaba al sillín. Así, de puntillas, tiró un rato. Grmay le prestó luego su montura. Tampoco le iba del todo bien. En ese caos perdió un minuto. Descartado. Gracias al ritmo del Astana había menos ciclistas en el grupo de los favoritos que en la fuga. Los corazones de los corredores daban puñetazos. Y quedaban los tres puertos finales, encadenados: la Comella, Engolasters y Els Cortals d'Encamp.

Y algo más: barro, lluvia, frío y granizo. Lo que Quintana llama «las miserias» del ciclismo. Hasta la retransmisión televisiva fue invadida por la tormenta. López, el más atrevido de todos, salió a por la Vuelta. Le esperaron Gorka Izagirre y Fuglsang. Detrás, Quintana y Valverde le sacudían Roglic, al que también ayudaban dos de los suyos, Gesink y Kuus. Las raíces luminosas de un rayo abrieron las compuertas del cielo. Ya sobre el 'sterrato', López entró ciego a un curva. Tiró una moneda al aire y le salió cruz. Caída. En ese tramo también sufrió una avería Roglic. Sus rivales lo aprovecharon en la subida final. Pogacar se llevó la etapa a la que tuvo que renunciar Soler con 22 segundos sobre Quintana. «Prefiero no hablar», se contuvo el cabreado Soler. A 48 segundos de Pogacar entraron Valverde y Roglic. Y a un minuto, el desafortunado 'Superman'.

Siguen casi juntos en la general. En cima de Els Cortals d'Emcanp todos compartieron el mismo frío. Había que bajar en telesilla a la zona donde esperaban los autobuses. Tiritando y batidos por el aire que anuncia el invierno. Así lo denunció Quintana. Sólo uno lo pasaba bomba, casi en manga corta. Un niño. Pogacar, el candidato de hielo.