El domador del carácter de Ferru

El domador del carácter de Ferru

Javier Piles repasa 15 años de trabajo con el tenista: «Era como un hijo para mí» | «No mide 1,90, ni tenía el mejor saque, pero sí otras características que le han llevado a ser un jugador de primer nivel mundial», asegura

MOISÉS RODRÍGUEZ VALENCIA.

Javier Piles apenas podía contener la emoción el miércoles por la noche en la Caja Mágica. En la grada, con los ojos vidriosos y una sonrisa amortiguada, el entrenador observaba la despedida del tenista al que modeló durante 15 años. «Cuando empecé a trabajar con él tenía la inmadurez y las dudas lógicas de la adolescencia. De un chico que quiere meterse en el circuito, no sabes si tiene las condiciones y que percibes que es necesario cambiar su patrón de juego», indica.

El entrenador recuerda el momento de dejar de trabajar. Lo califica como «triste para ambos». Fueron muchas vivencias. «Llegó a ser para mí como un hijo», señala Piles. «No ha sido un jugador de 1,90, ni ha tenido el mejor saque... pero ha tenido otras características que le han llevado a ser un tenista de primer nivel mundial», asegura.

Empezó a trabajar con él casi por casualidad. «Estaba en el momento y lugar indicado», precisa. Javier Piles había entrado al CT Dénia y tiempo atrás había entrenado al hermano de David Ferrer. Sus padres acudieron a él cuando el tenista quiso acercarse a casa. Había estado un tiempo en Barcelona y unos meses en la academia de Juan Carlos Ferrero, pero no hallaba su lugar.

Piles relata la soberbia remontada ante Agassi tras un 6-0 y 2-0: «Se sintió cobarde y reaccionó»

Y con Piles encajó todo. «Era un jugador con mucho carácter. Intentas que no cometa errores de elección, que tenga un patrón de juego. Esos fallos técnicos, en el servicio, la volea o el revés se corrigen con muchas repeticiones. Mejoró mucho, en algunos casos me sorprendió que progresase tanto», indica. «Mentalmente era inseguro, pero también era normal en un chico tan joven... ¡y tenía un carácter tan ganador!», exclama el entrenador.

Piles tuvo que hacer de domador de los dos 'Davides Ferrer'. Como en 2003, en Roma, cuando se tenía que enfrentar a Andre Agassi. «Era número uno del mundo. Un par de horas antes me pidió que comunicase al tour mánager que no iba a salir a pista», relata. Tras casi seducirlo, Ferrer inició el partido. Con 6-0 y 2-0 en contra, y un warning por no dejar de despotricar, el tenista se acercó al su técnico. Charlaron unos instantes. «Se sintió cobarde y reaccionó. Acabó ganando por 7-5 en el tercer set», especifica.

Ferru había despegado en el inicio del declive de Agassi, que después de aquello ya no volvió a ser número uno. «Hemos estado quince años trabajando juntos y con tanto tiempo la relación traspasa lo profesional. Hemos vivido cosas muy, muy buenas», destaca Piles.

Esa atmósfera de complicidad se generó muy pronto. Mucho antes de aquella anécdota en Roma. Como ejemplo, otra en Praga, en un challenger, cuando Ferrer tenía 18 años. «Era sobre el 400 del mundo y su rival estaba el 250. Me dijo: 'Me va a dar una paliza, reserva con la agencia los billetes, que no podremos volver mañana'. Le ganó 6-1 y 6-2», relata Javier Piles. La conversación se repitió los dos siguientes días, con idéntico desenlace.

Ahora, tras coleccionar títulos y honores, David Ferrer vuelve a su vida tranquila, en familia. Intentando alejarse de los focos. Como después de derrotar a Agassi en 2003. De vuelta a Valencia, el taxista que lo llevó a entrenar le habló de la gesta de un tenista de aquí que había derrotado al número uno del mundo. No le reconoció. Ferru tampoco le dijo que había sido él.