HISTORIAS DE 42,195 KM

Siempre hay una buena excusa para lanzarse al maratón

José durante una de las carreras. / runningcv
José durante una de las carreras. / runningcv

LOURDES MARTÍ

José Aznar (Segorbe, 1977) salió un día a correr. Dice que hace entre «seis u ocho» años que empezó. No ha parado desde entonces. Siempre hay alguna excusa para calzarse las zapatillas y afrontar pruebas como el Maratón Valencia Trinidad Alfonso EDP. En esta ocasión, el motivo está más que justificado: «Voy a correr por mi abuelilla Carmen, Carmela que le llamaba yo que falleció esta misma semana, así que lo tengo que hacer sí o sí», comenta.

José bromea sobre la capacidad de influencia que tienen los amantes de la carrera a pie sobre él: «Empecé porque un chico de mi trabajo salía a trotar. Luego me inscribí en el club Runners Ciutat de Valencia y siempre ves a alguien que te 'lía' para ir a una u otra prueba». Así fue como se plantó en Estocolmo para disputar su maratón; «Un chico del equipo iba a ir y me pregunté que por qué no podía ir yo... y allí me planté. Fueron 42 kilómetros corriendo... pero disfrutando como siempre». Y así, con el ánimo de pasar una buena mañana, afronta su quinto maratón. Será en Valencia, la ciudad donde vive y de la que disfruta de un viejo cauce «en el que siempre te encuentras a algún conocido y te hace sentir como en casa». El próximo uno de diciembre espera volver a gozar en una prueba inigualable: «No me marco ningún tiempo, si puedo hacerla por debajo de las cuatro horas, bien, pero no me preocupa». Especialmente se empapará de una característica del Maratón Valencia Trinidad Alfonso EDP que lo hace único: «El ambiente que encuentras aquí es espectacular. El hecho de que haya tanta gente a lo largo del recorrido es una motivación extra inexplicable para los corredores. Te animan te conozcan o no, es muy emocionante». Como lo fue su primer maratón. «Fui con la camiseta de mi hijo José Miguel, y claro, nada más cruzar la línea de meta rompí a llorar como un crío». Ahora, su pequeño tiene diez años y de vez en cuando sigue la afición de su padre. «Ha participado en alguna que otra prueba pero todavía no ha logrado engancharse», afirma José quien entiende que sólo estando «un poco loco» se es capaz de renunciar a tantas cosas por la carrera a pie: «Trabajo fabricando señales de tráfico y después... vete a entrenarte. Pero es tan reconfortante», confiesa.