HISTORIAS DE 42,195 KM

Riccardo, de una silla de ruedas a correr el maratón

Riccardo, de la silla a la línea de meta. / lp
Riccardo, de la silla a la línea de meta. / lp

LOURDES MARTÍ

El próximo 2 de diciembre la frase con la que Carmina Romaguera anima a su hijo en cada carrera le acompañará a lo largo de los 42.195 metros del Maratón Valencia Trinidad Alfonso EDP: «Llevo el grito con el que sólo una madre valenciana alienta a su hijo: ¡Amunt, Amunt!».

En el otro brazo, Riccardo Buttacavoli lucirá las ocho palabras que forman el resumen de su vida: «De una silla de ruedas a correr el maratón». Este doctor nació en la ciudad de Palermo pero se siente mitad italiano y mitad español: «Mi madre es cien por cien de Picassent y es una de las mujeres más fuertes y valientes del mundo», comenta orgulloso.

«En 2006, justo antes de licenciarme tuvieron que ingresarme debido a un rapidísimo empeoramiento de mi salud. En 24 horas no podía probar ninguna sensación de calor o frío en manos y pies. En 48 horas apenas podía caminar y a las 72 horas fue cuando perdí el uso de las piernas y brazos, desmayándome en el suelo y pidiendo ayuda», así resume Riccardo el inicio de su dura dolencia. «Me detectaron una de esas enfermedades raras que hay y la mía tenía el nombre de Síndrome de Guillain-Barre. Una enfermedad de poliradiculopatía y desmielinizante que destruye los nervios, mejor dicho la mielina que cubre los nervios del cuerpo y que prácticamente destruyendo las conexiones eléctricas entre nervios. Me dejó en una cama de hospital moviendo solo la cabeza durante alrededor de un año», relata este doctor que se licenció sentado en una silla de ruedas. Después de una década luchando, los dolores empezaron a aminorar y en Londres quiso empezar de nuevo: «Me apunté a un gimnasio sobre la cinta de correr y completé mi primer kilómetro, no podía creerlo", explica. La enfermedad empezaba a remitir y en enero de 21016 se inscribió a una 10K contra el cáncer. «Al llegar a la línea de meta iba llorando como nunca antes lo hice. Era como si a poco a poco estuviese fortaleciendo de todos aquellos músculos dañados y por primera vez alejando la enfermedad». Riccardo empezó a sumar kilómetros hasta debutar en Atenas con su primer maratón. En 2017 lo intentó en Valencia por primera vez: «Después de Palermo tenía que ser en la ciudad en la que mis hermanos y yo tenemos nuestros primeros recuerdos», pero el dolor regresó a su rodilla. Ahora ha iniciado la cuenta atrás para el 2 de diciembre. «Calentaré en los jardines del Turia, y una vez acabado iré a darme un paseo en la playa de Cullera donde tanto recuerdos tengo. Visitar la tumba de mi abuelo de Picassent para que esté orgulloso de mí, comer pastelitos de boniato y una paella cerca de la Albufera», concluye.

 

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