«Però, ¿açò és precís?»

Varias atletas del equipo 'Juntas es mejor'. / J. MONZO
Varias atletas del equipo 'Juntas es mejor'. / J. MONZO

EN PRIMERA PERSONA Compartir experiencias compensa siempre el sacrificio del madrugónEl cambio del recorrido da la oportunidad de mejorar el crono, ideal para aumentar la motivación personal

C. V.

Se puede correr por afición; para superar marcas personales; por una cuestión de salud; por escaquearte un domingo por la mañana de poner lavadoras; simplemente por probar a ver qué diantres es una 15K, o porque es una buena oportunidad para pasar una mañana divertida con gente a la que aprecias aunque en su mayoría sólo coincidas con ellos en situaciones cuanto menos pintorescas: con el corazón bordeando en mi caso las 170 pulsaciones en plenas series de entrenamiento o domingos en carreras y triatlones por cualquier rincón de la Comunitat. La llegada cada febrero de esta prueba del periódico en el que me he criado me permite la posibilidad de disfrutar de un trazado este año excepcional y, por añadidura, me sirve como excusa para tener la compartir experiencias con gente de tu club a la que le acabas cogiendo cariño... aunque todos corran más que yo. Por eso, y porque sé que tengo que plasmar negro sobre blanco luego lo que es vivir una carrera desde dentro, empiezo a empaparme desde bien pronto de todo lo que conlleva compartir con LAS PROVINCIAS un madrugón de domingo. Que el termómetro del coche te marque unos inquietantes 5 grados a más de uno le cambia la cara. «Però, ¿açó és precís?», me pregunta cumpliendo el ritual de cada competición en la que alguna vez coincidimos M. Cruz, una de las atletas del Runners Ciutat de Valencia de mi amigo Albiol, equipo que inunda de amarillo las carreras. Junto a ella, David García intenta soportar como puede el frío de la mañana mientras despotrica y con razón cuando no encuentra su dorsal. Observo la habitual escena de cada carrera: colas para los baños, mientras otros echan el 'sobrante' en cualquier rincón. Coincido con Chele, camiseta del Redolat y botella isotónica en mano. Cometo el error de preguntarle qué ritmo va a llevar: «3.40 los primeros cinco para acabar luego a 3.30». Bonita fórmula para autodesmotivarse uno. Mientras troto (o lo que sea) para entrar en calor, me cruzo con Marta Fernández de Castro. Ni se me ocurre preguntarle para no entrar en depresión. «Dale fuerte», me dice con cierta generosidad. Me zambullo en mi cajón buscando solidaridad y ahí me encuentro camisetas conocidas: un grupo del Avant Moncada. Es momento para dar un valor añadido a la pertenencia a un equipo de gente maja, sana y de lo más variopinta. Suena el pistoletazo y casi sin darme cuenta el grupo desaparece desintegrado. Aún no hemos ni cruzado la línea de salida y ya han desaparecido casi todos. Empiezo a pisotear la ciudad al ritmo previsto. Da gusto. Este año es una pasada la 15K. Calles largas y anchas, ideales para desafiar al crono. Disfruto con la compañía de mi amigo Manu mientras compartimos botellín y algunas confidencias. Me cuenta entre otras cosas que entrena por pulsaciones. Como veterano tengo pánico a las lesiones. Recuerdo el consejo de un excelente preparador físico de élite: «A tu edad, pasea por la playa y tómate una cerveza». Vale, pero prefiero esta versión mucho más sacrificada y gratificante. Sobre todo cuando el cambio del recorrido permite mejorar las marcas en el crono. El año que viene más.