Pepe Peiró: «Soy partidario de imponer sanciones por dopaje a perpetuidad»

Pepe Peiró: «Soy partidario de imponer sanciones por dopaje a perpetuidad»

Seleccionador nacional de atletismo | El entrenador valenciano sólo fue atleta durante tres años de júnior, pero siguió como entrenador y ahora es el responsable del equipo español

FERNANDO MIÑANA

Pepe Peiró (Valencia, 1970) es ahora mismo un hombre pegado a un AirPod. Ramón Cid, el anterior seleccionador nacional, le comentaba hace poco que ha pasado de recibir 40 llamadas al día a solo una. Pepe, con sorna, le contestó que no se preocupara, que las 39 que le faltaban las tenía él. Es el peso del cargo que recibe con el entusiasmo del debutante y una generación para frotarse las manos.

-¿Cuáles son sus primeros recuerdos atléticos?

-De cuando era un chaval que jugaba al fútbol en el Benicalap, y mis primos, que son muy falleros, igual que mi mujer y mis hijas, cada año me hacían fallero únicamente para que fuera a sumar puntos para la falla en una competición que organizaba Javi Reig, que fue también el fundador de mi club, el CA Campanar. Y mi primer recuerdo es un señor bajito que venía cada año y me decía: «Chaval, tú tendrías que dedicarte al atletismo». Yo le decía que sí y luego pasaba y seguía jugando al fútbol. Hasta que llegó un año que no gané y vino el señor y me dijo: «Pese a que no has ganado, tú eres mucho mejor que ese que te ha ganado y deberías hacer atletismo». Y entonces dije: va, voy a probar. Y hasta hoy.

-Y ahí dio el salto al atletismo.

-Aquel hombre bajito era Andrés Mayordomo, que fue mi entrenador y me hizo coincidir con el mejor mediofondista que hemos tenido en Valencia, José Antonio Redolat, un chavalito cuando yo era júnior. De hecho, mis tres años como atleta fueron como júnior. Después entré en el INEF. Me preparó Mayordomo. En aquella época era muy complicado entrar y más para mí, que tenía un cinco pelado. La nota hacía media con las pruebas físicas, así que tenía que hacer unas pruebas físicas extraordinarias. Me dediqué durante un año entero y me matriculé en Empresariales. Mi padre me exigió que iniciara algo por si acaso. Rápidamente me di cuenta de que eso no era para mí. Me presenté a tres asignaturas, para no perder la matrícula, y aprobé las tres: Historia, que me pegué una empollada, Inglés, que se me daba bien, y Teoría Económica, que siempre me ha gustado y me encantaría aprender más.

-Y superó las pruebas.

-Sí. Andrés me llevaba con mucho cuidado porque era un júnior muy enclenque sin historial atlético. Le dije que tenía claro que el INEF era mi futuro. Me entrenaba tres veces al día y, esto no lo pongas, pero entré holgado.

-Pero no dejó el atletismo...

-Sí, durante diez minutos. El día que entré al INEF y vi que no podía seguir entrenándome. Fui a comunicarle a Andrés que abandonaba el atletismo y el tiempo que me costó llegar a la piedra, donde quedábamos los compañeros, vino Andrés y me preguntó si no le echaría una mano con los entrenamientos. Le dije: «Bueno, vale, vamos viendo...».

-Y ha visto mucho.

-La verdad es que sí.

-¿Como espectador no tiene recuerdos? Usted era un chaval en la época dorada del atletismo: Coe, Ovett. Cram, Bubka, Zelezny, Carl Lewis...

-Ahora espero tener la oportunidad algún día de saludar y hacerme una foto con Sebastian Coe. Yo era ochocentista, así que él era mi referencia. Tengo recuerdos de los grandes eventos. O la famosa carrera de Saïd Aouita y José Luis González en el pabellón de la Fuente de San Luis. Y, aunque esté feo decirlo, yo animaba a Aouita. Mi padre era de González y yo de Abascal. Él de Ben Johnson y yo de Carl Lewis. Me despertó el día de la carrera de Seúl y, cuando ganó el canadiense, me dijo: «¿Tú ves?». Y yo le dije: «Ese va hasta los ojos». Yo no entendía pero era algo fuera de lo normal, no me la creía. Y recuerdo seguir mucho a Redolat, que siempre ha sido mi debilidad.

-¿Cuándo decide dar una vuelta de tuerca para implicarse en la federación valenciana y luego ayudar a Raúl Chapado a convertirse en el presidente de la RFEA?

-Yo no lo decido. Yo he ido creciendo con mi grupo de entrenamiento y he llegado a tener grupos de alto rendimiento, con once atletas en un campeonato de España, pero nunca he buscado hacer del atletismo mi medio de vida. Las cosas han ido surgiendo. Con la federación valenciana fue una cuestión de compromiso porque era un momento de crispación y era el momento de impulsar a Vicente Añó. Y en la federación española, Odriozola decidió no seguir, vi los movimientos y pensé que había una persona, Raúl Chapado, por su historial, por su nivel profesional y, sobre todo, por su forma de ver el atletismo, que era la idónea. Me dijo que le teníamos que ayudar, y le echamos una mano. Él hizo su campaña muy bien hecha y me preguntó que, si salía elegido, si le iba a pedir algo. Yo le dije que sí, que no contara conmigo para nada, que tenía una vida muy ajetreada.

-Pero no fue así.

-Bueno, Ramón Cid me pidió estar en el sector de velocidad y vallas porque quería unirlo y pensaba que yo podría manejar esa situación. Y ahora, con la salida de Ramón, que no ha querido seguir por una decisión personal. Yo le dije a Raúl en su día que no veía a nadie en España capaz de asumir el cargo de Ramón porque es algo enorme. Chapado pensó que se podía dividir en dos partes y que Antonio Sánchez (director técnico) y yo podíamos ser los elegidos. Yo solo puse una condición: no irme de Valencia. Llegamos a un acuerdo, lo consulté en casa y me apoyaron al cien por cien. En el cole me pediré una excedencia, pero antes me pidieron que acabara el curso y, después de 23 años, no podía negarme. Tiro muchas horas de huecos, de sueño y de familia. A partir de junio espero que se suavice.

-Usted ha visto a su amigo Ramón Cid como seleccionador, el desgaste que supuso soportar el cargo y el alivio que ha sentido ahora al dejarlo. ¿Qué aprende de todo esto?

-Lo primero que me dijo Ramón cuando acepté el cargo fue «bienvenido al mundo de los marrones» y es cierto. Pero es un cargo muy bonito y estoy muy ilusionado. Me gustaría tener ese tiempo que ahora no tengo para hacer más cosas. He aprendido que mi carácter me va a favorecer mucho. Yo tengo un carácter muy tranquilo, muy dialogante... Aunque cuando se llega al límite soy tozudo e inflexible. Todo se habla mucho y se revisa muchísimo. Cuando salen los criterios de selección, se publica la versión ocho o nueve porque le damos muchas vueltas. Ramón me ofreció su ayuda y le consulto mucho. Yo no creo que llegue nunca a ser lo que es Ramón Cid; para mí es un referente.

-Habrá quien piense que su cargo es un premio por haber sido la mano derecha de Raúl Chapado. Véndase.

-No sé qué tengo de distinto. Yo no he sido su mano derecha, solo le he echado una mano. Cuando salió elegido, mucha, muchísima gente, afirmó que yo iba a ser el seleccionador y lo negué rotundamente y dije que tenía que ser Ramón Cid. Y de hecho debía haber aguantado hasta Tokio. Yo no soy de venderme. Raúl habrá estimado que alguna cualidad tendré. En cambio, no hubiera aceptado nunca la dirección técnica porque no estoy capacitado.

-¿La selección la deciden los responsables de cada sector o es responsabilidad suya?

-La decido yo. Con el visto bueno del director deportivo y el presidente. Me apoyo mucho, evidentemente, en el comité técnico, pero asumo mi responsabilidad.

-¿Es de la opinión de que un atleta que ha cumplido su sanción por dopaje es uno más?

-Legalmente no puede ser de otra forma.

-Y, más allá de su cargo, cuál es su opinión.

-Es un tema que me ha tocado muy de cerca. Concha Montaner recibió una recompensa -medalla de bronce en el Mundial de Moscú- que le llegó muchos años después y recuerdo la conversación: «Concha, que te dan la medalla de Moscú», «Ah, sí, ya. Bueno, bien». Ese momento de subir a un podio nos lo cambiaron por la decepción del cuarto puesto con la misma marca que la tercera.

-Como le acaba de pasar a Ruth Beitia.

-Ruth se dejó el atletismo después de Londres y una serie de circunstancias nos ha permitido disfrutar de ella cuatro años más y el oro olímpico, pero le quitaron ese bronce olímpico que merecía y que pudo cambiarlo todo.

-Está firmemente en contra del dopaje.

-No me gustan los trampososo: odio la mentira.

-¿Es partidario de imponer sanciones más duras?

-Sí.

-¿Hasta qué punto?

-Soy partidario de que una infracción grave conlleve la sanción a perpetuidad. No estás matando ni condenando a nadie. Hay muchas cosas más aparte del deporte. Si haces determinada trampa, demostrada, y causando un perjuicio a otras personas, no mereces una segunda oportunidad.

-El atletismo es un deporte muy marcado por los ciclos olímpicos y apenas queda año y medio para Tokio 2020. ¿Los motores de la selección son la marcha, Ana Peleteiro y Orlando Ortega?

-El mejor atleta que tenemos actualmente, tras la retirada de Ruth Beitia, es Orlando Ortega, y está menos valorado de lo que debería serlo. Siempre rinde en todas las competiciones internacionales y este año encadena una victoria con otra. Le auguro un Europeo 'indoor' formidable. Luego está la marcha, que es un sector que funciona muy bien. Y luego tenemos puntales. Ana Peleteiro es un talentazo que por distintos motivos hasta el año pasado no terminó de explotar y está incluida en un grupo de muy alto rendimiento. Pero tenemos más.

-Tanto Orlando Ortega como Ana Peleteiro trabajan con entrenadores extranjeros. ¿Es eso un problema para la federación?

-En absoluto. En un mundo tan inclusivo como el de hoy en día y tan global, no tendría sentido tener un problema. Tengo buena relación con Iván Pedroso, aunque menos de lo que me gustaría porque puede enriquecernos muchísimo, y con Orlando padre y Orlandito, dos personas extraordinariamente educadas que ahora tenemos la suerte de tener en Valencia.

-Ahora se rumorea que María Vicente sopesa irse a entrenar con Bertrand Valcin, el entrenador del plusmarquista mundial Kevin Mayer. ¿Lo vería con buenos ojos?

-Los atletas siempre van a entrenar con quien consideren que es el más adecuado. Ahora mismo me sorprendería porque Fernando Martínez está haciendo una labor ideal. Yo he tenido la oportunidad de hablar con María tranquilamente hace unos meses y es conocedora de la apuesta que se ha hecho por ella y de lo mucho y bien que está trabajando su entrenador. Creo que tenemos María y Fernando para mucho tiempo.

-¿Cómo lleva ella el foco que de repente la ilumina de pleno y la señala como el futuro del atletismo español?

-Ahora mejor. Una de las cosas principales que hablé con ella en La Nucía fue lo siguiente: «María, eres el futuro del atletismo español, no le has ganado a nadie (a nivel absoluto) y ni siquiera le has empatado a nadie, con lo cual ten controlado todo esto. Lo que te ha traído hasta aquí es el entrenamiento». Lo tenía clarísimo. Es una chica excepcionalmente madura para su edad (17 años) y creo que por ahí no se nos va a escapar. Aunque al principio hubo un pequeño desajuste. Ahora sabe el terreno que pisa y el mundo de la publicidad, por ejemplo, es algo que llevan con naturalidad todos los deportistas de élite: es parte de su trabajo.

-¿Tiene pensado algo en previsión por las altas temperaturas que sufrirán los atletas en el Mundial de Doha el próximo verano?

-Sí. Hemos estado con un amplio equipo en Doha y hemos hablado con su jefe de los servicios médicos (Juan Manuel Alonso), que en su día lo fue de la RFEA. Hemos recabado informes de fisiólogos especializados en el tema. Y con todo esto hemos mantenido reuniones cada tres semanas para establecer cuáles eran las condiciones idóneas para provocar la mejor de las adaptaciones de nuestros atletas. No puede ser que hagamos un entrenamiento perfecto y lo perdamos por una mala adaptación. Tenemos claras las líneas que seguir y hasta los sitios de España donde mejor se puede entrenar con unas condiciones prácticamente iguales a las de Doha. Si no pasa nada, los viajes van a ser muy sectorizados, con cinco y seis salidas distintas desde España.

-¿Qué sitios son esos?

-El mejor de todos, según los informes recibidos, es el Delta del Ebro. Hay otros sitios como Mallorca o Sevilla, pero el mejor es este.

-¿Cómo cree que está influyendo Bruno Hortelano, por su mentalidad ganadora y su carácter competitivo, en toda la selección?

-Yo tuve la suerte de conocerlo cuando era 'el americano' en un Campeonato del Mundo júnior. Yo iba como técnico de velocidad y él era 'el americano'. No era conocido. Por circunstancias nos tocó vivir un buen rato bajo la lluvia sin poder salir del estadio y desde entonces tengo una relación fluida con él y su padre. Los que le hemos conocido desde joven no ha cambiado prácticamente. Él tenía muy claro lo que quería ser, lo que quería hacer, y sigue por su línea. Su influencia siempre ha sido positiva.

-¿En qué se nota?

-Para Berlín hicimos una concentración previa en Postdam del relevo de 4x400. Cuando le tanteé, me dijo: «Pepe, lo que quieras y cuando quieras». Allí nos pidió una noche para cenar fuera porque quería hablar con los atletas. Le dijimos que sí, siempre que fuera con unos horarios y en la ciudad donde estábamos, y no sabemos qué hablaron pero sí que volvieron absolutamente encantados. Bruno es una máquina de generar positivismo. Y eso siempre es bueno para un equipo.

-¿Hasta dónde espera durar?

-Espero llegar al Mundial de Doha. Y después, a los Juegos de Tokio. Después vendría otro ciclo de cuatro años y en mi mente está hacerlo, pero quiero tener la experiencia primero y ver si Raúl y la junta siguen contando conmigo.

-¿Es optimista? ¿Cree que hay un grupo con atletas capaces de volver a enganchar al público que se ha alejado del atletismo en los últimos años?

-Siempre soy optimista. Me muevo por mis grupos de amigos que no son del atletismo. Y a mí ver que una de esas personas que no sabe nada del atletismo decide encargarse una camiseta con el nombre de Bruno Hortelano para ver la final del Campeonato de Europa, te dice mucho. Si es capaz de enganchar a mi amiguete, aficionado del fútbol y del Valencia... Hay gente para conseguirlo: Peleteiro, Ortega, Husillos, Mechaal... Todos ellos están enganchando. Y las redes sociales ayudan para llegar a la juventud.