«Mi mayor proyecto ahora mismo es venirme a vivir a Valencia»

Orlando Ortega, durante la prueba de la reunión de Birmingham, en la que acabó primero. / afp
Orlando Ortega, durante la prueba de la reunión de Birmingham, en la que acabó primero. / afp

Orlando Ortega Bronce europeo en 110 metros vallas | El medallista olímpico, que el día 31 puede ganar la Diamond League, se ha preparado esta semana en las pistas del río

FERNANDO MIÑANAVALENCIA.

Las pistas del río, del Estadio del Turia, suelen ser una secarral a finales de agosto donde apenas se asoma algún proyecto de bombero y algún que otro runner que juega a ser atleta. Pero esta semana hay purasangres. Como Caterine Ibargüen, la fantástica saltadora de triple colombiana, campeona olímpica y mundial. Es una atleta que comenzó en altura (saltó 1,93), que es buena en longitud (6,87) y excepcional en triple salto (15,31). Ella, colombiana caribeña, de Antioquía, vive y entrena en San Juan de Puerto Rico, donde también trabaja como enfermera, pero, aprovechando que la semana que viene disputa las finales de la Diamond League en Zúrich y Bruselas, se ha reunido con su novio en Valencia. Su chico, también caribeño, es Orlando Ortega, el vallista cubano que se nacionalizó español mientras vivía en Ontinyent. Hace dos años logró la medalla de plata en los Juegos de Río y hace unas semanas se colgó la de bronce en el Europeo de Berlín. El próximo sábado, último día de agosto, puede llevarse su segundo diamante si gana en Bruselas, al lado del Atonium, la última carrera de los 110 metros vallas de la Diamond League.

Están juntos, pero entrenan por separado. Se cruzan por la contrarrecta sin mirarse. Cada uno a lo suyo. Ella acaba y se retira, tan dicharachera, tan dulce, con su entrenador, Ubaldo Dany. Y él, absorto con la música que escupen sus auriculares blancos, calienta despacio sus músculos finos y largos mientras su técnico, que es su padre, otro Orlando Ortega, dialoga en la grada con Rafa Blanquer. El valenciano, que hace de anfitrión, mira de reojo a Ibargüen y Dany porque la próxima temporada quiere que Fátima Diame se concentre al fin en el triple salto. Por detrás, arrimándose a la valla, aparece Vicente Revert, el hombre que acogió a Orlando en su casa, en Ontinyent, cuando se escapó del equipo cubano en Moscú. Le grita «pixorro» al atleta y Orlandito, una persona agradecida, se dirige a él para preguntarle por su mujer, su hijo, sus amigos. «Son mi otra familia», aclara Ortega.

Esa mañana radiante tiene que hacer un par de sprints. Dos veces los 100 metros, sin tacos de salida, con veinte minutos de descanso. Luego, directo al gimnasio con la duda de si habrá suficiente hierro para las cargas que tiene que hacer. Está feliz y casi no hay que hacerle preguntas para que hable como un torbellino. Será la brisa del mar, que la huele y que le hace sentirse cerca de Cuba.

«Esta ciudad me encanta, sobre todo pequeños detalles, como el clima o la playa», afirma Ortega

-Salió del Europeo de Berlín con una medalla de bronce que, viendo el tropiezo en la primera valla, pudo ser algo más. ¿Quedó satisfecho?

-Como atleta, me quedo satisfecho, estoy contento. Como atleta y como persona. Creo que todos los atletas que nos sacrificamos todos los días por este deporte soñamos con el oro o con una medalla sea la competencia que sea. Mi reto siempre ha sido estar entre los diez mejores del mundo, ese es mi objetivo de cada año, estar entre los diez o los cinco mejores cada año. Ese es mi sueño, mi meta. Gracias a Dios conseguimos una medalla. Y más en los 110 metros con vallas, una prueba tan difícil, tan compleja. Son diez obstáculos, cada vez más rápido. Es una bendición haber logrado una medalla de bronce a pesar de haber chocado contra esa primera valla. Estoy contento, aunque iba a luchar por la medalla de oro. En las vallas el mínimo error te lo cobra. ¿Contento? Sí. ¿Que podría haber sido mejor? También.

-La dificultad de esta prueba la vimos hace unas semanas en el Mundial júnior con los dos vallistas de Gandia, Quique Llopis y Luis Salort, que tropezaron con la valla en semifinales y en la final, respectivamente, y perdieron todas sus opciones.

-Así es. Llegan con dos de las mejores marcas del año y, mira, los dos al suelo. Yo siempre digo que, además de ser un momento súper hermoso para el espectador, porque lo he visto desde fuera y desde dentro, para mí es el evento más bonito que tiene el atletismo y, a la vez, el más difícil técnicamente y estructuralmente. Y lo hemos visto con estos dos chicos de Gandia. A veces pasan estas cosas.

-De todo se aprende, ¿no?

-Lo hablé nada más regresar de su campeonato. Los vi en Madrid y hablé con ellos. Esto es una enseñanza más del atletismo. A mí me pasó lo mismo en el Campeonato del Mundo juvenil. Les conté la anécdota de que en Canadá, mi primer viaje, con 18 años, me pasó lo mismo. Y encima a mí me pasó en las eliminatorias. Ni siquiera en la semifinal o en la final, como a ellos. Y yo iba con la segunda mejor marca mundial del año. O sea, que tenía una medalla casi segura. Pero por un mal ajuste que hice por los nervios y la presión por mi primera competencia, choqué con dos vallas, me fui al suelo y se acabó. Es una enseñanza que te da la vida y, gracias a Dios, mira yo dónde he llegado. Tienes que quedarte con que hay que seguir luchando, que es lo que les dije a ellos. Ya está, pasa la página.

-La mayoría de los atletas ya están de vacaciones pero usted continuó (el 31 disputa en Bruselas la final de la Diamond League), ya ha corrido en 13.08 y se ve que va a más, ¿no?

-Después de la Liga de Diamante en Mónaco (la víspera de los Campeonatos de España) tuvimos un cambio de chip, que es lo que nos faltaba. Por suerte llegó a tiempo y pudimos llegar al Europeo. Pudimos ver dónde estaba el error y reaccionamos a tiempo tanto para el Europeo como para lo que queda de temporada.

-¿Qué le queda?

-Mucha gente decide parar, pero para mí era un sueño terminar la gran cita de la temporada y seguir compitiendo hasta que se acabe la temporada. Casi nunca lo había hecho. Queremos aprovechar al máximo nuestro estado de forma que, gracias a Dios, nos está respetando. Hemos ido mejorando, sobre todo mi confianza ha ido aumentando. Eso es muy importante y ahora queremos llegar a tope a Bruselas porque el que gane esa carrera, ganará la Liga de Diamante. Después tengo confirmado Berlín el día 2, Zagreb el día 4 y Newcastle el día 8, con unas exhibiciones en la calle. Son muy seguidas pero llegados a este punto solo quiero disfrutar del atletismo y llegar hasta la última competencia.

-¿Vamos a verle bajar de los 13 segundos?

-Es un sueño para mí, para mi entrenador, para mi familia. Un sueño y una meta volver a bajar de los 13 segundos, pero no una obsesión. Saldrá en la carrera que tenga que salir. No estoy preocupado, cuando más tranquilo estás es cuando salen los mejores resultados. Si sale, felicidades. Si no, seguiremos intentándolo. Estoy entre los cinco mejores del mundo, tengo la segunda mejor marca del año... Todo esto son bendiciones, por lo que lucho durante todo un año.

-¿Por qué ha decidido venir a Valencia a preparar el final de la Diamond League?

-Es una ciudad que me encanta, me gusta mucho. He estado varias veces anteriormente y realmente me gusta mucho, Sobre todo pequeños detalles que uno siempre extraña, de los recuerdos del pasado: el clima, la playa, la humedad... Cosas que uno necesita. Lo he pasado muy bien en Madrid, pero es como que sientes que te falta algo y me di cuenta que me faltaba la brisa del mar, este clima húmedo. En Madrid, la verdad lo he pasado muy mal en invierno.

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