Maratones de montaña de Puçol a Lisboa por Noelia

José Ramón, en un entrenamiento por Godella. / lp
José Ramón, en un entrenamiento por Godella. / lp

Un valenciano recorrerá 1.600 kilómetros por una buena causa

MOISÉS RODRÍGUEZVALENCIA.

José Ramón Romero no es de medias tintas. Si le cautiva algo, se vuelca. Le pasó con la montaña. «Yo trabajaba para una empresa importante. Hacía muchas horas al día y ganaba bastante dinero, pero me di cuenta de que no era feliz», relata. A sus 32 años, decidió romper la baraja. «Yo había observado a otros deportistas que muchas veces tenían cara de amargados, pero los de montaña, no. Los veía siempre sonrientes, así que decidí que quería probar eso», relata. Hoy los montes son su pasión y la piedra angular de una buena causa.

Desde aquel viraje en su vida a los 32 años, José Ramón ha disfrutado del deporte en el monte. Bien sea con la gente de su club, el BxM de Bétera, en solitario o ayudando a alguien a iniciarse en la montaña. «Yo es que disfruto. Si no voy con nadie, me pongo mi música heavy y es un modo de evadirme del resto de problemas», sostiene.

Él empezó, como casi todos los corredores, con las carreras de asfalto. «Duré poco tiempo porque es un mundo más competitivo y no era lo que buscaba. Además, donde vivo está muy cerca la Calderona y se presta a salir por la montaña. También he hecho muchas rutas por la sierra de Espadán», apunta. Y casi por casualidad, descubrió el GR-10. «Son unos senderos que unen Puçol con Lisboa. Pensé: '¡Pues no estaría nada mal hacerlo!'», indica.

El deportista correrá durante 30 días hasta 80 kilómetros por etapa y su padre le dará asistencia

En aquel momento, y casi por casualidad, conoció a Noelia. «Fue a través de mi padre, porque el suyo ha sido camarero en el pueblo mucho tiempo. Es de la edad de mi hija, de 17 años. Padece una enfermedad rara, el síndrome de Sanfilippo, pertenece a una familia trabajadora y está desamparada. Quise ayudarla, darle visibilidad a través de algo que a mí me ha dado tanta felicidad como es la montaña», afirma José Ramón.

Se puso a estudiar más sobre el GR-10 y descubrió que se trata de una antigua ruta de trashumancia. Que desde Puçol hasta Lisboa hay 1.600 kilómetros con 30.000 metros de desnivel positivo acumulado. «La media es de 56 kilómetros diarios», apunta. José Ramón diseñó el reto en la cabeza: ir desde el Mediterráneo hasta el Atlántico corriendo, por el monte, en 30 días. '1.600 kilómetros por Noelia'. Así se llama el reto. Ahora toca completarlo. Porque ya tiene fecha de inicio: el 17 de septiembre.

Decir un mes de maratones de montaña diarios se queda corto -la distancia de Filipides es 42.195 metros-, pero el lector puede imaginar la magnitud del desafío. «La idea es encontrar cinco patrocinadores que, si lo completo, que lo voy a hacer, donen un euro por kilómetro... bueno, y si no espero que también lo hagan», bromea. Por el momento, ya tiene el respaldo de Fitbit, la empresa de relojes deportivos para la que actualmente trabaja.

José Ramón Romero halló en principio la complicidad de varios amigos, que paulatinamente fueron bajándose del carro. «Es complicado que una persona pueda dedicar 30 días a esto, todos tienen obligaciones», admite: «Sí tengo gente que me quiere acompañar en algunas etapas. El otro día un chico, en una charla, se me ofreció a venir seis».

Geles y barritas veganas

Quien sí le va a respaldar desde Puçol hasta Lisboa es su padre. «Tiene 68 años y hemos subido juntos el Aneto», comenta con cariño y orgullo. Ha diseñado las etapas y ha contactado con los ayuntamientos para pedir alojamiento y poder enviar paquetes con comida, pero le remitieron a después de las elecciones. Decidió solventar por si mismo la asistencia y será su progenitor quien la lleve a cabo con una furgoneta.

«La nutrición es lo que más me preocupaba. He de alimentarme bien, ingerir entre 7.000 y 8.000 calorías diarias fuera de casa», indica. «Y luego poder contactar, que mi padre sepa que estoy bien y cuándo voy a llegar al punto de encuentro», señala José Ramón, que completará etapas de entre 50 y 80 kilómetros solo. Armado de una brújula, zapatillas y barritas y geles veganos. «Esa es una decisión que adopté hace tiempo y es de la que más orgulloso me siento», afirma. Seguro que la superará en satisfacción cuando en Lisboa, a lo Nino Bravo, grite bien alto: '¡Noeliaaaaaa!'.

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