HISTORIAS DE 42,195 KM

20 kilos menos para cumplir el sueño del tercer maratón

Rubén Rius, tras su primer maratón. / lp
Rubén Rius, tras su primer maratón. / lp

LOURDES MARTÍ

Rubén Rius (Valencia, 1978) es uno de los 22.000 afortunados que atesora un dorsal del Maratón Valencia Trinidad Alfonso EDP del dos de diciembre: «Suelo ser previsor, me inscribí en agosto tanto al medio como al maratón, pero es increíble que se hayan agotado», asegura este valenciano que afronta sus terceros 42.195 metros. Lo hace un año después de lo previsto por una aguda dolencia a la que le debe el esfuerzo de haber perdido 20 kilos.

«En 2017 cuando estaba ya apuntado para disputar la prueba me lesioné grave en el isquiotibial y el fisioterapeuta me dijo que tenía que plantearme perder peso si quería seguir corriendo porque tenía el riesgo de recaer», relata Rubén a quien la advertencia del profesional le puso en alerta: «Me dí cuenta de que tenía que cambiar el chip y ponerme a régimen para lograr un peso adecuado, todavía me quedan diez por perder».

Con exigencia y convencimiento ha logrado un estado físico que le permite disfrutar mucho más de cada entrenamiento y prueba: «Ahora me siento fenomenal, me fatigo mucho menos y corro a ritmos que antes eran impensables para mí». Antes de disfrutar del maratón, podrá probarse el 28 de octubre en el Medio Maratón Valencia Trinidad Alfonso EDP, donde ya disfrutará de aquello que más le gusta de correr en su ciudad natal: «Me encanta que la gente esté volcada con las carreras, los puntos de animación en la calle y esa pasión de los que van a vernos es lo que hacen especiales estas carreras».

Rubén ya ha hecho hueco en el armario para conservar las camisetas de las dos pruebas que fueron presentadas esta misma semana: «Son muy bonitas, me encanta el diseño, pero no correré con ellas, visto las de mi club, el Runners Ciutat de València y las que nos dan las guardo como un tesoro, las tengo impolutas», explica, junto a las medallas que son la recompensa a un gran esfuerzo. «Trabajo de camarero y es un verdadero sacrificio para mí porque los viernes y sábados suelo llegar a casa sobre las dos de la madrugada y a las 8 horas ya estoy con mis compañeros en el río corriendo. Duermo escasamente cuatro horas porque me levanto antes para desayunar pero bueno, ya se sabe: sarna con gusto no pica», sentencia el corredor valenciano.

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