El otro ángel de Pedro

Carolina Montejano, en su puesto de trabajo del Hospital General. / lp
Carolina Montejano, en su puesto de trabajo del Hospital General. / lp

El atleta que se desplomó el domingo en la Carrera de Redolat agradece a Carolina Montejano por asistirle

MOISÉS RODRÍGUEZ

Pedro y Nona enviaron ayer el segundo ramo de flores. «Para mi ángel», rezaba en esta ocasión la tarjeta. El regalo llegó a los quirófanos del Hospital General, donde trabaja Carolina Montejano, la enfermera de la misma edad que el corredor que el domingo se desplomó a los 3,5 kilómetros de la Carrera de Redolat. Como a Ainoa Piquer, el hombre quiso mostrarle su gratitud por haberle salvado la vida con la rápida intervención de ambas hasta la llegada del SAMU.

«La verdad es que la cosa se puso muy fea. Muchas veces no nos damos cuenta de la poca distancia que hay entre la vida y la muerte. Recuerdo centrarme y abstraerme de todo lo que ocurría a mi alrededor hasta que Pedro abrió los ojos», relata Carolina. Tanto ella como Ainoa eran participantes en la carrera y pararon al comprobar que Pedro estaba en el suelo, blanco y con los ojos y la boca abiertos. Le practicaron una RCP y a la segunda vuelta, el hombre reaccionó.

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«Aún lo recuerdo y me emociono. Cuando me han llegado las flores me he puesto a llorar», asegura Carolina Montejano, enfermera en el quirófano de urología. En su puesto de trabajo, sus amigos y en la familia la consideran una heroína. «Lo importante es que Pedro esté bien y que puedan estar celebrándolo en un momento en que podría haber sido trágico para ellos. Para mí es el momento más feliz de mi vida después de cuando tuve a mis hijos. Me hace ilusión que ellos sepan que salvé la vida a un hombre», señala.

Con Pedro consciente, llegó el SAMU y se hizo cargo de la situación. «Estoy muy contenta y actuar junto a otra enfermera fue fundamental», indica Carolina: «Recuerdo que cuando volví a correr, las piernas no me iban. Llegué a meta con Ainoa y nos chocamos la mano sonriéndonos», precisa. Celebrando su victoria. Y la de Pedro, que sigue recuperándose junto a Nona, su mujer, en el Clínico.