Urdiales, el suceso de Madrid

Urdiales en su reciente tarde en Madrid. / APLAUSOS
Urdiales en su reciente tarde en Madrid. / APLAUSOS

El torero que hace parecer novedad el toreo de siempre

JOSÉ LUIS BENLLOCH

El suceso artístico del fin de temporada lo ha protagonizado Diego Urdiales en la Feria de Otoño, por la dimensión artística del mismo y por el escenario, el siempre difícil Madrid. El triunfo, inapelable, tiene una particularidad, lo ha logrado en una temporada en la que apenas ha toreado, seis corridas contando la de ayer en Zaragoza, y con un precedente que evita la sospecha de casualidad: en ese paquete de seis se incluye otra tarde en Bilbao a gran nivel en la que acabó cortando tres orejas a los toros de Alcurrucén alternando con las grandes figuras. En una y en otra se mostró como un torero de un perfil artístico muy atractivo y prácticamente desaparecido del muestrario actual, esa es su mayor cualidad, la de saber a nuevo pese a ser el de siempre. Estilo en el que hay ausencia de crispación a favor de la naturalidad, renuncia del histrionismo tan en boga entre los jóvenes, un uso del valor en beneficio de la templanza y algo muy importante, nada es previsible, ni siquiera la capacidad del propio Urdiales para poner en pie su concepto con la frecuencia que exige el sistema, por eso cuando surge es tan cantado, por su calidad y por escaso.

Las faenas de Madrid tuvieron otro mérito añadido, las cuajó ante dos torazos de Fuente Ymbro, especialmente bravo el primero y de mayor templanza el segundo, que exhibía una imponente estampa. A ambos los lidió con solvencia, la misma con la que se impuso a la presión que genera torear en Madrid con los despachos de las empresas de contratación muy resistentes. En los dos toros fue capaz de ir a más en sus trasteos, que es síntoma de solidez y en ambos se lució con la capa, con la muleta y usó la espada con un estilo y contundencia impropios de los de su género. Sus partidarios, que los tiene, salieron de la plaza henchidos de satisfacción, y la gran mayoría, sorprendida de lo que había visto.

Todo ello le sitúa el año que viene entre los toreros de mayor expectación. Nada que vaya a significar una alfombra roja más allá de Madrid o Bilbao donde, por méritos propios, es uno de los de mayor cartel lo que le permitirá exigir como los que más. En realidad no se la pusieron en otros buenos momentos de su carrera; ni tampoco él cuando le abrieron las puertas, pocas, acabó de aprovecharlo, así que tendrá que martillear en el mismo clavo en el que lo hizo este otoño. No le vendrá de nuevas cierto escepticismo empresarial porque ya pasó por esa situación; ni parece que le pueda afectar si tomamos como ejemplo esta temporada en la que los meses transcurrían sin contratos y con sólo media docena de corridas ha puesto en modo alerta al toreo. ¿Y si ahora lo repitiera con frecuencia?...

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