Un Goya de Honor para Chicho

Ibáñez Serrador, en la primera etapa del 'Un, dos, tres...'. / r. c.
Ibáñez Serrador, en la primera etapa del 'Un, dos, tres...'. / r. c.

El creador del 'Un, dos, tres...' y autor de dos únicos largometrajes recogerá el galardón por su contribución al género fantástico

OSKAR BELATEGUI

«Por ser un creador de pesadillas único y original, abrir el camino a toda una generación de cineastas españoles, que siempre han reconocido su influencia, y por su contribución al fantástico, el suspense y el terror». Son los motivos que esgrime la Academia de Cine Español para conceder el Goya de Honor a Chicho Ibáñez Serrador el próximo 2 de febrero en la gala que se celebrará por primera vez en Sevilla. Creador de dos películas de culto del cine de género como '¿Quién puede matar a un niño?' y 'La residencia' -que componen toda su filmografía para la gran pantalla-, el hombre que contribuyó a popularizar el cine de terror en nuestro país ha influido en directores como Juan Antonio Bayona, Álex de la Iglesia, Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Narciso Ibáñez Serrador (1935, Montevideo, Uruguay) forma parte de la memoria sentimental de los españoles crecidos al calor de dos hitos de la televisión en blanco y negro: 'Historias para no dormir' y el 'Un, dos, tres...'. Para los niños que crecieron con dos canales, Chicho es lo más parecido a un padre espiritual. Institucionalizó entre nosotros la figura del 'host' o presentador de una serie, a la manera de Alfred Hitchcock o Rod Serling. Cada final de temporada del 'Un, dos, tres...', hablaba puro en ristre socarrón a la cámara con voz pausada y amenazante junto a un ataúd, dejando la tapa a medio clavar: «Quién sabe, quizá podría volver a despertarse...».

Chicho nos descubrió que el terror podía ser gozoso y divertido con sus 'Historias para no dormir' y mantuvo pegado a un país al destino de una calabaza durante 33 años, reuniendo cada viernes a 11 millones de personas. Antes de inventar la tele en España, adonde llegó en 1963, vivió varias vidas: fue camarero, fotógrafo de prensa, corresponsal de guerra, estraperlista, presentador en un club de El Cairo...

Hijo único de los actores Narciso Ibáñez Menta y Pepita Serrador, se crió entre giras y escenarios. Debido a una enfermedad que padeció de niño se convirtió en un ávido lector de literatura fantástica.

En 2004, Televisión Española retiró el 'Un, dos, tres...' por considerarlo caro. «Me han dado una patada después de cuarenta años de lealtad», se dolió entonces. Tele 5 lo recuperó para coordinar el ciclo de 'Películas para no dormir'. Y suspendió la serie a los dos capítulos. Ni siquiera se dignó a emitir 'La culpa', la última realización del maestro. Chicho Ibáñez Serrador nunca se tomó a sí mismo demasiado en serio y supo que el principal objetivo de un programa es entretener. Después de todo, como solía aleccionar, «la tele es el medio más fácil de que te entren ganas de ir al baño».

La trayectoria del hombre «tímido» que asustó, divirtió e hizo pensar al público fue reconocida con numerosos galardones que en los últimos tiempos ha recogido en silla de ruedas: el Premio Nacional de Televisión en 2010, el Premio Maestro del Fantástico del Festival Nocturna, el Premio Ondas al Mejor Programa por 'Hablemos de sexo', premios Antena de Oro, Premio Iris y Premio Feroz de Honor, entre otros galardones, a los que ahora se suma el Goya de Honor 2019.

«El mayor error de mi vida ha sido dedicarle veinticinco años al 'Un, dos, tres...'», confesaba en 1999. «Con un par hubiera bastado. Ocurre que el éxito es muy peligroso y te empuja a repetirte. Mi perfeccionismo y el miedo a no conectar con la audiencia conllevó que me dedicara tantos años a la televisión. Y ahora me arrepiento, ya que el fracaso siempre es un acicate más poderoso que el éxito».

 

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