En busca de chefs en miniatura

Un fotograma de 'MasterChef Junior 7'. /RTVE
Un fotograma de 'MasterChef Junior 7'. / RTVE

'MasterChef Junior 7' cierra su 'casting' con más de 6.000 aspirantes

JULIÁN ALÍA

Seis mil y pico niños, tal y como decía Esther González, directora de 'casting' de la productora Shine Iberia, y por ende de 'MasterChef' y 'MasterChef Junior', se han presentado para formar parte de la séptima edición del 'talent' de cocina. Tras pasar por Valencia y Barcelona, en Madrid han tenido lugar esa semana otras dos pruebas presenciales, con entregas de cucharas de madera a los que pasan a la siguiente fase, en la que deben cocinar con un ingrediente sorpresa.

Para la propia directora de este procedimiento, «los 'castings' son un mundo maravilloso; la mejor profesión del mundo». Dice que si «no hay dos personas iguales», al hablar de niños se acentúa más todavía, y que cada año aparecen «auténticas joyas». No llevan pensado ningún perfil de antemano. Según González, el objetivo simplemente es «que se apunten muchos niños» de entre 8 y 12 años. De hecho, van a buscarlos a escuelas de cocina y a los propios campamentos de 'MasterChef'. Y una vez ahí, intentan «elegir a los mejores, con la mayor variedad de características». «Nunca buscamos 'un niño roquero que resulta que.' No. El niño, de repente, aparece. Eso es una máxima de los 'castings'. El año que buscases un niño roquero, te saldría el niño monaguillo. Nunca sale lo que buscas. La grandeza viene por ahí», explica, como también que cree que es el propio programa lo que ha influido en la preparación y el nivel de los niños.

«El primer año y el segundo venían con arrocitos y con tortillas de patatas, y ahora todo es mucho más complicado, y el que menos tiene un tartar», comenta mientras los niños emplatan lo que han traído preparado de casa, y se puede apreciar que no miente. «Empiezas a ver sifones, kits de escenificar y piensas: '¿pero estos niños cómo usan eso?'. Y lo usan y lo controlan porque lo han visto en el programa. El otro día, una niña nos dijo que en su casa no podía hacer la mitad de las cosas, porque no había ni para cocinar al vacío ni Roner (termostato para cocinar al baño maría) ni nada», asegura, y algo de eso hay.

En la última prueba de Madrid hay muchos niños ataviados con el delantal del campamento del programa, pero la jefa de 'casting' niega que por ello partan con ventaja sobre el resto o que se hayan saltado alguna fase. Tampoco tienen preparado un número estricto de cucharas de madera, sino que se reparten en función de lo que se vayan encontrando. Después, los afortunados tienen que cocinar en una prueba similar a las del formato. Los mejores de todo el 'casting' serán llamados para una prueba final que tendrá lugar este mes. Si entonces los encargados de deliberar serán o no los propios jueces del 'talent', aún está «bajo secreto de sumario», añade González.

Es obvio que pocos, tan solo 16, lograrán el objetivo. Por eso, el equipo del programa anima «a que acepten, ya no la derrota, sino la no victoria», porque «eso es la vida». Su elección no tiene nada que ver con si son buenos personajes televisivos, pero no por ello se pueden permitir tener a un niño al que le suponga un sufrimiento enfrentarse a las cámaras. Y para cuando Esther González termina de hablar, ya se puede apreciar sobre las mesas un 'brownie' con 'mousse' de galleta, gazpacho de melocotón con espuma de paraguaya, sopa fría de guisantes con crema agria y crujiente de jamón, un rollito de cecina y foie con mermelada de pimientos, un 'coulant' de chocolate con helado de mango, o un bizcocho de manzana con jugo de frutos rojos capaces de sonrojar a muchos adultos.