Los alcaldes que necesita la ficción española

Fotograma de la serie 'Secretos de Estado'. / R. C.
Fotograma de la serie 'Secretos de Estado'. / R. C.

La legislatura que ahora comienza tiene entre sus deberes pendientesla apuesta nacional por más títulos políticos

MIKEL LABASTIDA

Hace hoy un mes supimos que Pedro Sánchez seguiría viviendo en la Moncloa aproximadamente cuatro años más. Televisivamente hablando, por este palacio han pasado pocos presidentes, el último, Alberto Guzmán, el protagonista de 'Secretos de Estado', la serie con la que Telecinco quiso hacer una incursión seria en la ficción política. Tenía como modelo 'House of cards', pero no consiguió ni de lejos las críticas y la repercusión de la ficción británica o su homónima americana.

Curiosamente, esta misma cadena fue de las primeras que trató de imaginar cómo sería la vida en la casa del máximo responsable del Gobierno y lo plasmó en una producida por El Terrat, denominada 'Moncloa, ¿dígame?'. Se emitió una única temporada con capítulos de veinte minutos, protagonizados por Javier Veiga, Paco León, Manuel Manquiña o Ana Rayo, entre otros. Lo cierto es que se quedaba lejos de la mordacidad de títulos que en la misma línea nos ha servido la tele inglesa (como 'Yes, minister') y apenas tuvo repercusión. Han tenido que pasar casi 18 años para que se volviese a probar con el género. TNT sorprendió -para bien- con el estreno de 'Vota Juan', sobre un ministro (Javier Cámara) que aspira a ser secretario general de su partido político.

Alcaldes (como los que se elegirán precisamente hoy en las urnas) ha habido alguno también, como Carlos Larrañaga en 'Señor Alcalde' o Juan Antonio Valbuena en 'La que se avecina'. En este mismo título, que ha tratado de manera grotesca asuntos como la corrupción, el propio José Luis Gil (como Enrique Pastor) accedió al cargo.

Hace diez años, solo el 19% de los españoles confesaba interés por la política. En 2016, ya eran el 35%

Esta pobre relación de ejemplos da muestra de la falta de recorrido del género en España. «El tratamiento de la política en la ficción no se ha podido normalizar debido a la reticencia en dar luz verde a series políticas. Y al final todo se reduce o a la sátira o a la participación secundaria de un político como villano de la narrativa. Esto segundo lo hemos visto muy a menudo. También pienso que una buena serie política exige mucha documentación y mucho conocimiento de un mundo que es muy codificado. Creo que algunas series políticas relevantes, desde 'El ala oeste de la Casa Blanca' a 'House of cards' o 'The Thick of It' o 'Veep', se basan en ese conocimiento. Yo en algunas series españoles percibo que se toman elementos como base narrativa sin entender muy bien su verdadero funcionamiento o sin que parezca que ese universo tiene que ver con el de un ministro o diputado de verdad», explica, cuando se le pregunta por las incursiones políticas de nuestra televisión, Conchi Cascajosa, profesora titular de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de libros como 'La cultura de las series'.

Cambio de tendencia

«No se trata de realismo, sino de entender cómo funcionan las cosas para hacer reír, analizar o emocionar sobre el trabajo político y su relevancia, y no como una mera excusa argumental. Lo que yo noto en algunas series que recientemente han tratado la política es su superficialidad y lo poco afilado de su colmillo, considerando las cosas que hemos visto en la política española», añade la experta.

El aumento del interés por la política en nuestro país y la variedad de plataformas puede, no obstante, generar esperanzas sobre un cambio en esta materia de cara a la legislatura que acaba de dar comienzo. «La tendencia, por suerte, está variando, en parte porque nuestra cultura política y nuestro interés sobre ella también lo han hecho», apunta Pedro Nicolás, licenciado en Derecho y Ciencias Políticas y miembro de Cámara Cívica. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), hace diez años apenas un 19% de los españoles estaba interesado en la política; en 2016, este porcentaje prácticamente se ha duplicado (35%).

Al mismo tiempo, reflexiona Nicolás, se ha registrado un 'boom' en el consumo masivo de series, y plataformas como Netflix o HBO ya se encuentran en uno de cada tres hogares españoles. «Por tanto -concluye-, existe un público objetivo cada vez mayor para este tipo de contenidos. Y, a pesar de todo, no ha sido un camino fácil. Ha habido apuestas innovadoras que mezclaban política y ciencia ficción, como 'El Ministerio del Tiempo', que encontraron palos en la rueda en todo momento; en cambio, ahora tenemos multitud de series que reflejan distintos aspectos de la política, desde comedias como 'Vota Juan', a dramas como 'El día de mañana' o producciones como 'La casa de papel', que, con su crítica al sistema financiero, se ha convertido en un fenómeno mundial. Igualmente, hace algunos años se lanzó la magistral 'Crematorio', que narraba la madeja de corrupción local durante los años de la especulación urbanística en la Comunidad Valenciana».