Mordiscos caninos

Un momento de la representación de 'Chucho'. :: / JORDI PLA
Un momento de la representación de 'Chucho'. :: / JORDI PLA

'Chucho' de Mafalda Bellido abre la temporada de la sala Ultramar Una producción llena de ternura que trata los problemas dramáticos con dosis comedidas de locura, desenfado y mucha humanidad

JOSÉ VICENTE PEIRÓ

valencia. Mafalda Bellido, residente en el Alto Palancia castellonense, es una de las autoras más convincentes de la escena valenciana actual. Con nueve textos de su creación y al frente de su compañía La Zafirina, se recuerda su preciosa obra 'Como si el fuego no fuera contigo' (2016). Su escritura dramática es modélica, llena de lirismo, un súbito sentido del humor e ingeniosos diálogos penetrantes en el tratamiento de conflictos personales.

Con 'Chucho' ha abierto la temporada de la sala Ultramar, una de las más modestas de Valencia aunque ofrece una interesante programación. La obra viene avalada por haber sido la ganadora del segundo Torneo de Dramaturgia 'Creadores' el año pasado. Es la historia de una pareja. Pero no se queda en un argumento común de mujer y hombre cuya relación no pasa por sus mejores momentos: toma un curso arriesgado para construir el mensaje de que los errores cometidos no tienen vuelta atrás y los incendios provocan otros incendios.

Bea encuentra la humanidad en su perro Chucho, no en Toni. Está desesperada porque en su ausencia ha abandonado el hogar por el descuido de su pareja. Él se preocupa sólo de sus olivos, alguno centenario, y de su colección de peluches de mascotas de las olimpiadas. En el fondo, el animal y las oliveras son una metáfora del individualismo cuyo resultado es un conflicto de desamor y convivencia.

El diálogo discurre con fluidez y frases de una cadencia digna de la mejor poesía. Y, por supuesto, con toques dialectales del Alto Palancia, como le gusta a Bellido. La intensidad de las discusiones se neutraliza con golpes desenfadados o réplicas inconexas. Ya al inicio, ella exige que no se le llame Bea sino Beatriz y él Toni en lugar de Antonio, lo cual es suficiente signo de la lejanía cercana de ambos sobre la que gravita la obra. Mientras, irónicamente, suena a veces una orquesta de la verbena de las fiestas del pueblo, sobre todo la canción 'Mi gran noche' de Raphael que despierta la ira de Bea porque no está siendo muy satisfactoria que digamos.

La interpretación de Mafalda Bellido, siempre potente, roza la perfección. Está muy bien acompañada por el despliegue de dotes de Jordi Ballester. La sobria lucidez no sería posible sin la firmeza de la dirección solvente de Xavi Puchades. Pocos hay como él dirigiendo buenos textos en formato de cámara. En 'Chucho' ha desplegado sus muchos conocimientos para ajustar su ritmo y la fuerza de la convicción, sobre todo llevando atemperados a dos actores tan proclives al exceso de energía. Es una de las mejores direcciones valencianas vistas este año, con finura para introducir con sutileza los giros del conflicto, y poniendo una rúbrica hábil acorde a la satisfacción que proporciona el desenlace del argumento, con cierto realismo mágico incluso y los buenos matices aportados por la iluminación de Toni Sancho.

Una comedia dramática que no es una más sobre problemas de pareja. Sin tópicos ni sucesos previsibles. Entusiasma aunque entre la cadena de réplicas quede alguna suelta, como la cita a la custodia compartida de Toni. El conjunto es inolvidable y consolida a Mafalda Bellido como una autora imprescindible.

Lástima de la carencia de más medios económicos. 'Chucho' merece un decorado con mayor presencia, con olivo incluido, para así redondear la calidad de una producción llena de ternura que trata los problemas dramáticos con dosis comedidas de locura, desenfado y mucha humanidad. Debe verse y subir a más escenarios.

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