«Hay que cambiar la idea de que en la periferia no se hace teatro»

La dramaturga castellonense Núria Vizcarro. / joan carles rodríguez
La dramaturga castellonense Núria Vizcarro. / joan carles rodríguez

La autora castellonense, que opta a dos premios Max y es miembro del Consell de Cultura, cree que el problema de las compañías «es la falta de salas de exhibición» Núria VizcarroDramaturga

NOELIA CAMACHO VALENCIA.

A Núria Vizcarro se la nota contenta. Con la sensación de verse recompensada por el esfuerzo y el trabajo bien hecho. La dramaturga castellonense está nominada a dos premios Max. Uno, como autora revelación por 'Instruccions per a no tenir por si ve la Pastora'. El otro, para este mismo montaje en la categoría de mejor espectáculo revelación. Una creación que pone en escena junto a su compañera en la compañía La Ravalera, Laia Porcar. Vizcarro, que asegura que el verdadero problema para las compañías está en encontrar salas para exhibir sus obras, es miembro, además, del Consell Valencià de Cultura. Una institución a la que llegó como parte de la renovación del ente consultivo autonómico.

-¿Las dos nominaciones a los Max saben a recompensa?

-Sí. Son un empujoncito. Te reafirma en la idea de que vas en buen camino. Este no es el primer proyecto de La Ravalera, que nació en 2015. Pero sí nos ayuda a respaldar nuestra propia sensación de que hemos hecho el espectáculo que queríamos hacer. 'Instruccions per a no tenir por si ve la Pastora' tiene un gran trabajo detrás.

-¿Es también la forma de reivindicar que desde la Comunitat se hace un teatro que está al nivel de montajes con más medios e impulsados desde ciudades como Madrid y Barcelona?

-En el fondo, sí hay esa reivindicación. Cuando decides hacer teatro desde una ciudad pequeña como Castellón y centrarte en unos temas concretos, te das cuenta que es difícil pero se puede competir. No sólo con Madrid y Barcelona, también con Valencia. Porque cuando se habla del teatro valenciano, sólo se tiene en cuenta a la capital. Debemos cambiar la idea, el paradigma que desde la periferia no se hacen espectáculos. No es así, se realizan cosas muy buenas, muy interesantes.

-¿Aspiran traerse, aunque sea, una 'manzana'?

-Sería una alegría. Aunque las nominaciones ya han sido muy importantes. Una compañía como la nuestra, pequeña, de una ciudad también pequeña, compitiendo con grandes espectáculos, nos da mucha satisfacción.

-En una entrevista, la también escritora teatral castellenense Mafalda Bellido -nominada por 'Chucho' a los Max-, aseguraba que la dramaturgia femenina valenciana está en muy buen momento. ¿Cree que es así o aún hay cosas por hacer?

-Sí, pero también queda mucho camino por delante. Es una barbaridad la de voces de mujeres que se están escuchando en el teatro de la Comunitat. Y la lucha ha sido doble: por ser mujeres y por ser dramaturgas. Los creadores de ficción tenemos una responsabilidad. Sobre todo a la hora de cuestionar roles establecidos.

-¿Su teatro busca remover al espectador?

-Lo intento. Vivimos el tiempo de cuestionar ciertas creencias. No sólo hay que contar historias, lo esencial es ver cómo las contamos. Los conflictos son universales, pero debemos contarlos a nuestra manera.

-Comentaba que La Ravalera surgió hace unos años, en 2015, en plena crisis del sector de las artes escénicas. ¿Cómo ha resistido?

-En todo este tiempo han pasado tantas cosas. Empezamos siendo tres, Laia, Joan M. Albinyana y yo. En un momento, impulsamos la feria de teatro breve de Castellón. Vimos que en la provincia estaba todo por hacer. Eso es un problema y una oportunidad a la vez. En la primera edición agotamos entradas. Y vimos que el ambiente que se creó fue precioso. Queríamos generar trabajao, huir de la precariedad de los profesionales del teatro, que se dieran a conocer bajo unas condiciones dignas. Hicimos también un espectáculo, sabíamos lo que se hacía en Cabanyal Íntim... A partir de ahí, fuimos creciendo.

-Muchos profesionales del sector han asegurado que lo peor de la crisis ya ha pasado. Sin embargo, ¿qué le pide a los gestores públicos? ¿Más ayudas?

-Nuestra visión es que quedan cosas por hacer como el hecho de trabajar bajo unas condiciones dignas. la sensibilidad del Instituto Valenciano de Cultura ha cambiado, aunque el trabajo sigue siendo lento. Se debe crear un caldo de cultivo, que es lo que se está haciendo, para que la población entienda que la cultura es necesaria, para poner en valor el teatro.

-Uno de los problemas que se señala es la falta de salas para la exhibición. Y, si se estrena, el poco tiempo que se está en cartelera...

-Ese es el verdadero problema. El circuito desapareció. En nuestro caso, no sé si los Max nos abrirán las puertas de las salas. De 'La Pastora', apenas tenemos un par de bolos confirmados. Nos encantaría realizar una gira por los pueblos de la Comunitat. Estamos intentándolo.

-Hace unos meses se convirtió en miembro del Consell Valencià de Cultura. ¿Por qué aceptó la oportunidad?

-En un primer momento, cuando me lo propusieron, pensé que no era un perfil que encajara en la institución. Pese a la sorpresa, pensé que quizás tuviera algo que aportar. Vengo de un sector, el teatro, muy precarizado, y que esta es una aventura en la que puedo aprender cosas.