La rebelión de los tapados

Emilio de Justo, Chacón, Lorenzo y Ortega alzan el vuelo artístico esta temporada

JOSÉ LUIS BENLLOCH

La temporada ha puesto sobre el tapete una serie de toreros con los que no se contaba en el arranque. Son las novedades que depara el año -Emilio de Justo, Octavio Chacón, Álvaro Lorenzo, Juan Ortega, Pablo Aguado... y algún otro- aunque la mayoría de ellos no son nuevos. El caso pone en evidencia que los toreros llegan a la alternativa sin estar cuajados; o que el toro de hoy exige más técnica que coraje juvenil por mucho que el coraje siga cotizando y mucho; o que las empresas tardan en abrir las puertas; o que las aficiones, cada día menos iniciadas, prefieren los nombres antes que nada, determinación extensiva a otros espectáculos en donde los primeros son las estrellas. O quizá sea la suma de todo, el caso es que la oferta es muy elástica y la demanda muy rígida a la hora de aceptar novedades, de tal forma que el bache de la alternativa, todo un eufemismo, cada día es más largo, hasta diez años y más, y, en consecuencia, casos como el de Juli o Roca Rey, los últimos que fueron figuras prácticamente desde el primer día de la alternativa, se producen de uvas a peras. Esa realidad dificulta mucho la renovación del escalafón.

De todos los nombrados, el que ha dado el tirón más drástico ha sido Emilio de Justo, extremeño, cocido a fuego lento en las corridas más duras de Francia, un circuito que se ha especializado en rescatar toreros desde el olvido. Les enfrentan a los toros más fuertes de las ganaderías más duras y en compensación les corresponden con unos honorarios que en España no ven y la seguridad de que el que triunfa repite. En ese ambiente y en esas circunstancias adquieren oficio, es algo así como "camina o revienta", de tal manera que se puede asegurar que el que sobrevive es porque vale. De Justo es uno de los muchos casos que se han dado recientemente. Desde Francia, donde también había triunfado en plaza tan relevante como Mont de Marsan, entró a una de esas corridas que llaman Corrida Total, en Illescas, Toledo, con toros de Victorino, a los que conocía a la perfección, y comenzó una escalada que, por ahora, parece imparable. En ese tiempo encontró un apoderado francés, Luisito, que también había intentado la locura del toro, caminaron juntos y este año se les unió el complemento perfecto, un apoderado- empresario joven, con ganas de hacerse un nombre antes que llenar la bolsa, Alberto García, y todo ha sido un sin parar. Pamplona, Burgos... son sus últimos triunfos de prestigio.

¿Que cómo es?... Pues hace un toreo clásico, muchos le ven cierto parecido con Joselito, fue a clase el día que explicaron el temple y tiene el valor que da la ilusión y la moral. Sumado todo ello resulta que torea mejor de lo que todos pensaban y el todos, seguramente, le incluye a él mismo. La temporada que viene debe ser la de su consolidación. Lo tiene a un paso.

Octavio Chacón es un caso parecido. Catorce años de alternativa, nacido al sur del sur, en ese rincón de Cádiz que da tantos toreros, es prácticamente un desconocido en España. Se fraguó, al igual que De Justo, en las plazas francesas. Hizo varias incursiones también en las plazas americanas, en un circuito rural en el que, además de querer ser torero, hay que tener un desarrollado sentido de la aventura por lo recóndito de los lugares, el tipo de toros de media casta que sale y la calidad de la asistencia si es que hay asistencia médica. Allí se acabó de hacer torero y se ganó el sustento para resistir hasta que llegase el momento. Éste llegó esta primavera en San Isidro, frente a una corrida de Saltillo muy difícil ante a la cual demostró que también se puede andar bonito y con torería con esos toros. Es diestro de mucho oficio y buen gusto que apuesta a la verdad. En los carteles de las corridas duras ha supuesto refresco y novedad sin que eso signifique que no pueda gustar con las más dulces, como ocurrió en Sanlúcar. Además de en Madrid ha triunfado en Pamplona y Bilbao, escenarios todos de máxima responsabilidad.

De Ortega a Aguado

Juan Ortega ha sido otro de los repescados. En fecha tan referencial para estas cuestiones como el 15 de agosto en Madrid cortó una oreja y se mostró como un torero de mucha clase. Ese es su punto diferencial y su don. Sevillano, con formación en los campos jienenses. También viajó a las ferias americanas del circuito más duro y volvió fortalecido. Desde el púlpito del buen toreo y el arte puede decir mucho salvo que le acalle el conformismo.

Aunque no se puede hablar de repescados como en los casos anteriores, por ser más jóvenes, Álvaro Lorenzo y Pablo Aguado han sido relanzados en este 2018. De Toledo y Sevilla, respectivamente, dicho como referencia para situar sus estilos: serio y hondo el primero, muy bonito el segundo. El de Toledo, sin que llegase al ostracismo, tuvo un tiempo de poco torear tras la alternativa y este año dio un salto de calidad, oficio y ambición. Tres orejas en Madrid y otra en Bilbao le dan importancia a todo lo que hizo en la temporada. El de Sevilla triunfó en la Maestranza e incomprensiblemente no le dieron apenas cancha el resto de la temporada. Lo poco que toreó no lo desaprovechó.

Sus casos tienen la importancia de la ejemplaridad. Sirven para que todos los que vienen detrás mantengan encendida la llama de la fe. Pese al "señor sistema", a las trabas, a las estrecheces, a la crisis y demás, el que persiste, si tiene argumentos, gana.

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