Puerta grande para Andy Cartagena en Requena

Andy Cartagena, ayer, en Requena. / josé enrique
Andy Cartagena, ayer, en Requena. / josé enrique

J. L. BENLLOCHREQUENA.

Corrida de la Vendimia. Un clásico en el calendario taurino de la tierra. No pasa por sus mejores momentos, eso se siente, aquellos años de plaza llena son historias para nostálgicos. Lo bueno es que la realidad no impidió que ayer pasase de todo: bueno, malo, pintoresquismo, sustos, sorpresas, toreo caro, toreo bufo... Pida usted que le sirvo al gusto. Para empezar las cuadrillas se resistían a iniciar el paseíllo aduciendo que la famosa pasta de los toreros estaba en el aire. Bueno la de los toreros, la del ganadero, la de los médicos... Nada que no resolviese diez minutos después la autoridad. ¿Eso se pide por la mañana, ahora hay que ir adelante! y la sugerencia se convirtió en orden entre el aplauso general.

Luego saltaron al ruedo seis toros de Jodar y Ruchena, los celebres cuberos que en los años sesenta se disputaban las figuras, toros berrendos y albardados de edulcorada nobleza, y como donde hubo fuego siempre quedó la brasa se puede decir que cumplieron de sobra. Los dos para rejones dieron excelente juego y de los cuatro para lidia ordinaria podríamos decir que resultó un fifty fifty, dos buenos y dos imposibles, los buenos fueron a parar al lote de Julio El Cordobés, las dos prendas, que además fueron los mas fuertes, se las cargó Jesús Duque. El cordobés los aprovechó a medias, el requenense no tuvo nada que aprovechar.

El triunfador de la tarde fue Andy Cartagena. Cortó cuatro orejas y aún le pareció poco premio al público que llenó media plaza e insistía en la concesión de un rabo en el cuarto de la tarde. Lo suyo fue una exhibición, muchos y buenos caballos y una doma espectacular: quebró al pitón contrario, templó a dos pistas e hizo también alardes circenses para los menos entendidos. Naturalmente desató el entusiasmo.

Lo más torero de la tarde lo hizo Julio Benítez en el excelente quinto, un genuino cuberón que embistió templado y largo. Lo toreó al natural con buen trazo, también profundo y con verdad, muletazos de mucho rango que enardecieron aunque no tanto como cuando todo seguido se acordó del apellido y como la cabra ya saben, desempolvó el salto de la rana y la sopresa anterior mutó en cabreo de los aficionados. Sobre el resto de su actuación más vale correr un tupido velo. Jesús Duque no tuvo opción, a la poca clase de sus toros, ¡vaya mano enlotando!, hay que añadir la falta de luz que cayó sobre la plaza. Una pena que sentimos todos.