Ponce, Juli y Luis David cuajan una buena tarde en Bilbao

Ponce, en plena faena. / aplausos
Ponce, en plena faena. / aplausos

El maestro de Chiva fue ovacionado durante la faena y El Juli cortó una oreja de su segundo astado en una jornada de toreo grande

JOSÉ LUIS BENLLOCH

bilbao. Bilbao vivió una excelente tarde de toros. Convenía y hasta era de urgente necesidad. Hubo de todo: toreo grande del que se saborea, de pies asentados, en los que el buen gusto y la sazón difuminan las aristas de una técnica exacta, ni que decir que llevó la firma de Ponce y de El Juli; hubo toreo de bullicio e ilusión -no exento de ramalazos de toreo clásico-, lo que corresponde a la juventud rampante del mexicano Luis David, que a estas horas se va de Bilbao con cuatro orejas en el esportón y la satisfacción de haber dado un paso adelante en su carrera; y hubo también toros importantes como el tercero, bravo y de tintineante movilidad, y otros de una calidad excelsa como el que cerró plaza, que fue capaz de superar su escaso poderío para permitir el toreo como se sueña.

No fueron los únicos toros destacados porque el primero, por bravo, y cuarto y quinto también tuvieron excelente condición. Hubo una bronca monumental para el presidente Matías, que aquí en Bilbao es todo un icono. Esta vez, por negarle la segunda oreja del sexto a Adame, pedida con fervor haciendo caso omiso de lo que en esta plaza supone la segunda oreja. Y hubo hasta una anécdota fantástica: los avisos a Enrique Ponce, dos y casi tres, lo que viene a demostrar que el reloj no sabe de toreo.

Rápido remate

El primero llegó cuando la música y los olés estaban coreando lo mejor de la actuación del maestro y ni el matador ni las cuadrillas se dieron cuenta de la amenaza del cronómetro. Cuando le avisaron de que llevaba dos, tuvo que matar deprisa y corriendo y lo que estaba siendo una obra de alto nivel sucumbió a las urgencias.

El maestro Ponce fue ovacionado en los dos, El Juli cortó la oreja de su segundo, Adame una de cada toro después de matarlos de dos espectaculares estocadas; y el presidente, que era quien dictaba sentencia, se llevó la bronca de esta feria y de muchas ferias.