Perera y Juli, líderes en corridas

Manzanares en Málaga, una de sus cumbres. / APLAUSOS UQ
Manzanares en Málaga, una de sus cumbres. / APLAUSOS UQ

Manzanares, Ponce y Román, los valencianos en la parte alta del escalafón

JOSÉ LUIS BENLLOCH

Manzanares, Ponce y Román son los tres toreros de la tierra que van a acabar la temporada en los puestos altos del escalafón pese a los percances de gravedad que han sufrido, especialmente los dos últimos, que les han retenido en el lecho del dolor durante momentos cruciales haciendo que perdiesen muchos contratos. Manzanares lleva sumadas 37 corridas y 57 orejas; Enrique Ponce, 27 corridas, 27 orejas y un rabo; y Román, 22 corridas, 15 orejas y un rabo, a falta de las pocas ferias que aún restan por celebrarse.

Los casos de Ponce y Román tienen especial mérito. El maestro de Chiva, que estuvo inactivo cinco meses, desde las Fallas, donde sufrió una lesión gravísima de rodilla, hasta el 10 de agosto en que reapareció en El Puerto de Santa María indultando un toro de Juan Pedro Domecq, aceptó el reto de torear tras su reaparición en las plazas más exigentes como Bilbao, donde acudió dos tardes, Nimes o esta semana próxima Zaragoza, completando una hazaña más en su dilatada lista de hitos. Tantas corridas como en España tiene contratadas para este invierno en América, donde tiene firmadas ya veinticinco tardes en las principales ferias.

Por su parte, Román, que cuando gozaba de su mejor momento artístico y mayor reconocimiento de las empresas tras una gran faena a un toro de Adolfo Martín sufrió en Madrid durante el abono de San Isidro una cornada calificada de muy grave que le afectó la femoral, acabó completando un buen año. Tras su reaparición ha ido cumpliendo una temporada a más, recuperando el sitio delante de los toros y mejorando su condición física. El descanso invernal debe ser clave para su consolidación el próximo ejercicio.

Manzanares, que también tuvo diversas interrupciones a lo largo de la temporada por lesiones, incluso tuvo que retrasar su arranque previsto para las Fallas tras una intervención en la columna, comenzó la temporada en un tono medio que salvaba con su apostura en la plaza y su soberbia espada, pero a partir de agosto apretó muy decidido y redondeó tardes de gran nivel con una quincena de oro entre El Puerto, Málaga, San Sebastián y Bilbao, donde estuvo al máximo nivel.

Los líderes

A falta del goteo final de temporada, que incluye la importante Feria del Pilar y el San Lucas jienense, el escalafón está liderado por Miguel Ángel Perera y El Juli con 41 corridas cada uno de ellos, que, aunque todavía están anunciados los dos en la inmediata feria de Zaragoza, es cifra muy alejada de la década pasada en la que el liderazgo a estas alturas de la temporada estaba en torno a las noventa corridas incluso más por no recordar los años noventa en los que varios espadas superaban con creces la mítica cifra de las cien tardes. Perera, que estrenaba apoderamiento con Santi Ellauri y Pedro Tamayo, muy próximos a la empresa de Sevilla, tras doce años con Fernando Cepeda, ha completado una excelente campaña en la que ha vuelto a lucir su toreo poderoso pero se ha visto muy lastrado por una racha negra con la espada. Entre sus triunfos más rotundo del año figura el de la Feria de Julio de Valencia y el reciente de Madrid, que resume a la perfección su año, gran faena malograda con la espada. En las 41 corridas ha conseguido cortar 57 orejas y dos rabos según la clasificación de Aplausos.

Las mismas corridas y en una exhibición constante de responsabilidad como corresponde a una primera figura, aparece Juli, también lastrado por su espada, que cortó 57 orejas y un rabo. A continuación figuran Pablo Aguado, la gran revelación del año, que acaparó la máxima atención desde su triunfo en la feria de Sevilla que repitió poco después en Madrid. Perdió varios contratos por cogidas pero las compensó entrando en diversas sustituciones. En la última clasificación tiene 39 paseíllos y 36 trofeos que no son pocos para el estilo tan depurado del toreo que exhibe. Cayetano también aprovechó su decisión y las sustituciones para sumar 38 contratos en una temporada que para él creció sobre todo a partir de su éxito en los sanfermines.

Otros toreros de gran cartel como Paco Ureña, que reaparecía tras el grave percance de Albacete y decidió seleccionar los contratos, Emilio de Justo, que sufrió varios percances, y Antonio Ferrera, no han llegado a los treinta ajustes en parte por decisión propia, en parte por sus lógicas exigencias: entrar en buenos carteles, pedir un dinero acorde a su prestigio y ganaderías de garantía basándose en sus triunfos y, en ocasiones, por la resistencia de las figuras consagradas que poco a poco van a tener que dejarles sitio.

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