Una nueva floración de toreros

La Escuela de Valencia sigue dando frutos que ilusionan a los aficionados y la sitúan entre las mejores canteras

JOSÉ LUIS BENLLOCH

La Escuela de Tauromaquia de Valencia ha vuelto a dar frutos. Una nueva floración está dando que hablar mucho y bien. El fenómeno, más allá del buen trabajo que se realiza, imprescindible, necesita de golpes de suerte y todo hace indicar que se han juntado los astros para que suceda: trabajo, suerte y chicos con unas cualidades importantes de los que ya se habla con pasión en los círculos taurinos. Ascendida al escalafón superior la terna que forman Miguelito, Polope y el, de momento retirado, Borja Collado, conocidos ya los Niño de las Monjas, Javier Camps, Joan Marín y Alejandro Contreras, que cuentan con triunfos de relieve en Valencia que les acercan al ascenso, llega ahora, dicho en valenciano, una 'floració' que ha movilizado cazatalentos y aficionados con prisas. Son García Romero, Marco Polope, Eloy Sánchez, Javier Suñer, Alejandro González y Donaire, y seguro que algún otro tapado.

No pasan de ser alevines, algunos acaban de enfrentarse al primer becerro, que para ellos suponen auténticos toros, y también a sentir la presión del público, que en la mayoría de los casos, por muy afable que se muestre, es otro toro al que vencer. Todos han mostrado desparpajo, maneras de torero caro, estilos diferentes, una inocencia que les da un atractivo especial y el valor necesario -por ahora-, además de algo muy importante para arrancar: tienen un pueblo o un barrio detrás que les respalda. Naturalmente se han encendido las ilusiones. Será, confiemos, la hora de la Valencia taurina.

Les cuento los detalles más destacados y particularidades sin que el orden signifique nada. García Romero es la última aparición. Natural de Algemesí, detalle que en temas toreros debe tener especial relevancia. Su reciente actuación en Bocairent, donde estoqueó su primer novillo, fue todo un impacto que dio pie a que los profesionales encendiesen los teléfonos con los consabidos ¡He visto uno que..! para deshacerse todo seguido en elogios. Me aseguran en la Escuela que ha tenido la capacidad de superar una timidez inicial y un sobrepeso impropio para un torero, y se ha convertido en una gran esperanza. "Llegó con unas maneras de torear muy personales, dejamos que las desarrollase y fructificó". Un sentido del temple muy desarrollado le confiere un atractivo especial.

Marco Polope, hermano de Miguel, de Torrent, tierra convertida en sementera de toreros. Tiene hechuras de torero fino. La presencia y el éxito del hermano debe servirle de estímulo pero también le sitúa ante una difícil comparativa.

De Eloy Sánchez me cuentan que "es todo un jabato y además torea bien". Es de los más adelantados de esta promoción. Está anunciado próximamente en Sanlúcar de Barrameda, lo que supone todo un examen en una tierra donde abundan los chicos con aspiraciones a fenómeno como él. En Alcora, la semana pasada, ante un novillo de mucho peso, impactó con una gran faena.

Javier Suñer es otro producto de Algemesí, de los que cuentan con crédito entre el profesorado. Problemas físicos que le recomendaban no hacer ejercicio lo apartaron un tiempo de sus ilusiones toreras y ahora que lo ha superado ha vuelto a mostrar unas innatas condiciones de torero. Su estilo es de los que militan en el clasicismo. No le falta técnica para su edad.

Alejandro González ha llegado a la Escuela desde Gandía, de los pocos que contaban con la oposición paterna, nada que le frenase su vocación. De temperamento tranquilo, los profesores creyeron que eso sería un inconveniente y se ha convertido en virtud. Tiene maneras que le acercan al grupo de los estilistas.

Alberto Donaire, menudito y listo, llegado a Valencia desde La Rioja, es de familia de toreros. Cae bien desde el principio, detalle clave. Delante de los novillos resuelve con facilidad, improvisa y tiene los resortes innatos.

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