Devoción valenciana por Dylan

Bob Dylan, anoche, en un momento del concierto que ofreció en Valencia. / jesús signes
Bob Dylan, anoche, en un momento del concierto que ofreció en Valencia. / jesús signes

El genio de Minnesota ofrece casi dos horas con canciones de todas sus épocas y una banda en buen estado El legendario artista desgrana sus himnos en la plaza de toros ante un auditorio fiel

C. VELASCO VALENCIA.

Dylan está de vuelta. Anoche regresó a Valencia en un concierto que mezcló a un público diverso, desde fans que no han faltado a su cita con el músico de Minnesota en el FIB (2012), Viveros (2006) o Velódromo Luis Puig (1999 y 1995) hasta seguidores que nunca lo habían visto y no querían perderse el cierre de la gira 'Never ending' en la capital del Turia. El aforo peinaba canas, pero también había jóvenes entusiastas de Dylan e incluso algún Nino en compañía de sus padres.

La prohibición de no realizar fotografías al Premio Nobel de Literatura 2016 afectaba a todos, incluso la prensa. La organización autorizó la acreditación de periodistas, pero no de fotógrafos. Los trabajadores del recinto recordaron a la entrada que el uso de móviles no estaba permitido y por megafonía se repitió el mensaje. Inmortalizar el momento sería causa de expulsión del recinto. Aún así, Dylan no se libró de ser captado de forma furtiva con la cámara de los móviles. Los mitos no están exentos de las servidumbres de los tiempos modernos.

Al lío. Los espectadores -con notable presencia de extranjeros- tenían ganas de Dylan. La noche empezó con una temperatura agradable. Todo hacía presagiar una gran velada. Y así fue. Dylan abrió el concierto puntual con 'Things have changed', la canción con la que ganó en 2001 el Oscar de la película 'Jóvenes prodigiosos'. El Dylan de anoche quizá sea el mismo que hace 18 años o no tanto. Él cumplirá 78 años el próximo 24 de mayo. La actuación de anoche sonaba para algunos seguidores a despedida. «Quizá ya no vuelva a actuar en España», comentaron algunos seguidores momentos antes del concierto. O no.

Dylan, que vistió de oscuro con una americana con brillos rojos cerca de la solapa, apenas se separó del piano. Tras 'Things have changed' vinieron 'It ain't me, babe' y 'Highway 61 revisited'. Después se alejó del teclado, se puso en el centro del escenario y recibió uno de los numerosos aplausos que el público le brindaría durante la noche. La devoción por Dylan fue palpable. Hubo varios momentos en los que los espectadores se levantaron de sus butacas y le ovacionaron.

El astro de Minnesota no llenó la plaza de toros de Valencia. Y no extrañó ver algunas butacas vacías dado el precio de las entradas. Las más económicas (66 euros) volaron nada más salir a la venta, pero no sucedió lo mismo con las localidades de 88, 110 y 165 euros. Tocar el cielo musical tiene un precio y también recompensa. Dylan fue generoso sobre el escenario. Ofreció casi dos horas de concierto: la actuación concluyó a las 22.50 horas. Desgranó sus himnos como 'Like a Rolling Stone' y 'Blowin' in the wind'.

Con voz sólida y eterna se adueñó de la noche sin apenas separarse del piano. La banda, en muy buen estado musical, estuvo a la altura. Los fieles disfrutaron de una velada a cargo de un repertorio diverso y con temas de toda su carrera. El trovador se ganó al público con un buen puñado de canciones, alrededor de 20.

Con unos brillantes músicos, Bob Dylan ofreció un variado muestrario de su obra. Y sí, hizo sonar la armónica para deleite de sus fans.

No hubo concesiones. Dylan es un septuagenario que se dedica a hacer música aunque el resto de los mortales se refiere a él como mito o lo considera un dios. No saludó al público ni se acercó al micrófono para lanzar discurso alguno durante toda la actuación. Él se comunicó con sus canciones. A veces parecía que Dylan había abierto una cápsula del tiempo en la que no tienen cabida los lugares comunes, los tópicos y las moderneces del siglo XXI. El escenario -sobrio, sin pantallas y con ocho potentes focos- acentuó esta sensación.

Dylan dejó atrás la figura de artista de guitarra en mano. Así fue en su concierto de anoche donde desgranó un repertorio lleno de temas conocidos de todas sus épocas. Hubo estilos para todos los gustos: blues, folk, guiños country y baladas. Es consciente de que el público quiere escuchar las canciones que le han hecho mítico y tararear las letras que le han valido el el Nobel de Literatura. Lo de anoche, pese a la prohibición de no hacer fotos, fue un deleite dylaniano.