Ariel Rot, dinosaurio del rock

Rot, con la eñe de testigo. /
Rot, con la eñe de testigo.

El músico argentino ofrece un concierto en solitario repasando toda su trayectoria

DIEGO MARÍN A.Logroño

No se puede negar que Ariel Rot es buena parte de la historia del rock hispano. Y es, a sus 54 años, uno de esos dinosaurios de la música que se comen los escenarios con su virtuosismo. Sus 40 años de trayectoria musical le hacen controlar cualquier espacio, cualquier público, cualquier estilo, cualquier instrumento, cualquier reto, pero es fiel a una lengua: el español. Ayer clausuró la primera jornada de Futuro en Español con cerca de una hora y media de concierto en solitario para unos 300 espectadores. Y lo hizo desplegando la maestría propia de quien lo ha hecho todo en el mundo de la música, triunfar con dos grandes grupos como Tequila y Los Rodríguez e, incluso, aunque en menor medida, en solitario.

El periodista de TVR Carlos Santamaría presentó el concierto como un espectáculo que pretendía «un abrazo entre las dos orillas». Ariel Rot es argentino, aunque ha vivido la mayor parte de su vida en España. Confesó, justificando su actuación en el evento, que la suya es «una profesión muy ligada a las palabras» y bromeó, no sin razón, al declarar que «no sé si tengo futuro pero sí un buen pasado». Así, ataviado con americana, un pañuelo al cuello y gafas de sol, comenzó a tocar acompañado solo de una guitarra española.

El repertorio de Ariel Rot fue un homenaje al español, a la música latina y a los compositores hispanos. Hubo canciones compuestas por Joaquín Sabina, Sergio Makaroff y también un poema de Raúl González Tuñón, además de las canciones del propio protagonista. Se escucharon rocks, milongas, rancheras, baladas y hasta un tango. Después de un solo de guitarra magistral, el primer tema del concierto fue Viridiana, compuesto a medias con Sabina. Siguieron canciones de los últimos discos del músico, como la crítica a las radiofórmulas Lo siento, Frank y la hermosa Baile de ilusiones.

En total, Ariel Rot ofreció quince canciones, todas adaptadas a un formato muy personal, íntimo, reducido, de pequeña escala. También para un público seleccionado que sorbía cócteles de tequila y pisco, cortesía del Consejo Regulador del Tequila y Viña Tacama, respectivamente. Con Para escribir otro final la melodía cambió las cuerdas de la guitarra por los teclados Roland. Entonces el directo cobró más ritmo, fue más desenfado gracias a canciones como la genial Dos de corazones del citado Makaroff, La mirada del adiós y Una casa con tres balcones, en la que incluyó, en versión más relajada, el célebre estribillo del ¡Salta! de Tequila. Hubo quien le pidió después más canciones de aquella primera banda suya pero Ariel se defendió con una buena respuesta: «Me encantaría tocar canciones de Tequila, pero no se puede hacer solo». Más bien, no se debe.

Concesión anglosajona

«No sé si es el lugar adecuado o si habéis bebido lo suficiente», explicó Ariel Rot para hacer una concesión al idioma anglosajón y dedicar la canción Pólvora mojada a esa parte de la «mitología del rock», las groupies, con la que recordó la norma de un filósofo amigo que jamás ha cumplido: «Nunca te acuestes con una mujer que tenga más problemas que vos». Gracias a eso han nacido varias canciones. Bar Soledad, Eche 20 centavos en la ranura y Manos expertas condujeron a la recta final, momento en el que se vivió lo mejor del concierto.

Primero, Ariel Rot quiso despedirse con el Hace calor que compuso con Los Rodríguez pero en clave de tango, un experimento que resultó atinado y precioso. Tanto que tuvo que hacer un bis. «Solo hay tiempo para una canción más pero vamos a hacer dos», advirtió. Y qué dos. Otras dos populares canciones de Los Rodríguez que la memoria colectiva guarda en voz de Andrés Calamaro pero que compuso Ariel Rot: Dulce condena y La milonga del marinero y el capitán. El público, cómo no, bailó y coreó la letra.