Miguelito y Molina cortan oreja en Valencia

Miguelito, ayer, en la plaza de toros de Valencia. /ANTONIO VIGUERAS
Miguelito, ayer, en la plaza de toros de Valencia. / ANTONIO VIGUERAS

El juego de los novillos de José Luis Iniesta desluce el cierre de la temporada

JOSÉ LUIS BENLLOCH

Uno siempre espera más y sobre todo cuando el cartel promete futuro. Plaza, Molina y Miguelito formaban una terna para la ilusión. No era esperanza gratis, traían el aval de triunfos en el mismo Madrid, en Albacete y en Algemesí, que son referencias muy a tener en cuenta. No estuvieron mal, sin alcanzar triunfos rotundos los tres apuntaron maneras, lograron interesar al publico en varios pasajes de la lidia y en otros se estrellaron contra la condición del ganado mucho más bonito que bravo. Así que las expectativas se cumplieron a medias. Cortaron una oreja Miguelito y otra Molina y bien que la pudo cortar Plaza en el cuarto, el mejor del encierro, pero al parecer debió faltar algún pañuelo en el riguroso recuento presidencial y el extremeño se quedó compuesto y sin premio.

Se cerraba la temporada en fecha tan tradicional como el 9 de Octubre, sonó el himno regional que en esta plaza siempre se escucha con respetuoso silencio y arrancó la novillada con la suerte cambiada: el primero no se tenía, el segundo menos y hubo que devolverlo, el tercero tuvo mas nobleza que fuerza y el cuarto, una castaño precioso fue bravo y noble, al punto que se generó la ilusión de que iba a cambiar el signo ganadero con el que habíamos arrancado la tarde. No fue exactamente así pero el quinto se dejó y el sexto volvió a bajar la nota del encierro que quedó muy lejos de los desvelos e ilusión con los que los había criado José Luis Iniesta.

Miguelito pasó la prueba de Valencia, la plaza donde ha crecido como torero y como persona. Se le vio suelto, decidido, lució las buenas maneras que ya se le conocían y aprovechó las posibilidades del tercero, que no eran muchas, para lograr una faena de interés. Puso más el torero que el toro y acabó cortando una oreja. Con el que cerraba plaza, muy deslucido, lo volvió intentar y volvió a estar por encima del oponente.

Lo mejor de Molina llegó en el quinto al que le arrancó un trofeo. Muy firme, con conocimiento de los terrenos, digamos que en la línea de su tierra albaceteña. Sobre todo con la zurda dejó ver su calidad, templó, mandó y acabó cortando una oreja. A su primero lo recibió en la puerta de chiqueros pero en la faena de muleta no tuvo opciones. Tampoco las tuvo Plaza en su primero y al buen cuarto le hizo faena de gusto y quietud. Si acaso la prolongó en exceso y ese metraje diluyó lo mucho bueno que había hecho. Por momentos toreó con ritmo y distinción.

La reseña final del festejo quedó así: Novillos de José Luis Iniesta, bien presentados y de deslucido juego salvo el estupendo cuarto y el manejable quinto. Fernando Plaza, silencio y ovación tras petición y aviso; José Fernando Molina, silencio y oreja; Miguelito, oreja y silencio. Casi media plaza. Sergio Aguilar se desmonteró tras parear al cuarto. Tras el paseíllo se guardó un minuto de silencio por José Luis López Gómez, aficionado y antiguo presidente de la Federación Taurina. Durante la lidia del quinto fue cogido un monosabio.