La vida del joven Jesús ante el espejo del maligno

Miguel Aranguren recrea la lucha eterna del bien y el mal, «el eje de todas las religiones», en la novela 'J. C. El sueño de Dios'

M. L. MADRID.

Enorme desafío el que aceptó Miguel Aranguren (Madrid, 1970) al decidirse a novelar los primeros años de la vida de Cristo en 'J. C. El sueño de Dios' (ed. Homo Legens). «No es una novela religiosa» advierte su autor, que necesitó casi siete años para «cumplir el sueño» y abrochar casi 600 páginas en torno a uno de los «momentos más importantes de la Historia», la encarnación de Jesucristo. Ofrece «otra mirada a la existencia de Cristo», al recrear intimidades de una vida que se mira en el espejo de Satanás y narrar la lucha eterna entre el bien y el mal.

«La literatura es ficción, y nada tiene que ver con el texto aprobado por la Iglesia. Ficciono la experiencia personal de ese encuentro con Cristo, más allá del relato evangélico, para preguntarme qué pudo suceder en el antes y el después de la vida de Cristo», precisa el novelista. Inicia su relato con Juan Bautista prisionero en la fortaleza de Maqueronte, debilitado y sufriendo momentos de duda sobre Jesús y su misión.

Aranguren «curiosea» en lo más desconocido de las relaciones de los miembros de la Sagrada Familia, «sin pasar por alto que no se libraron del rechazo, el recelo y la incomprensión de los suyos». Alterna pasajes llenos de ternura con otros muy dolorosos y, con tensión creciente, conduce al lector a un final que sobrecoge «en una historia que mueve la Historia». Es llamativa la presencia constante del demonio en el relato. «Satanás es un personaje especialmente sugerente, un perdedor que a la vez va ganando. Tiene muchas aristas literarias, aunque los cristianos tengamos la seguridad de que el mal está derrotado», asegura Aranguren. Señala que la presencia demoniaca en la novela no es casual ni un recurso. «La lucha eterna del bien contra el mal es el eje de todas las religiones, pero tiene un protagonismo primordial en el relato evangélico. Hace que sea apasionante y responda a muchos interrogantes». Recuerda los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto «en los que al final, en un diálogo casi continuado con el diablo, vemos cómo se mide con él, entre otras cosas porque el diablo no estaba seguro o podía dar por hecho que aquel hombre corriente pudiera ser Dios vivo».

Miguel Aranguren

Reconoce que su ambiciosa novela le ha supuesto «un enorme esfuerzo». Y eso que renunció a su proyecto inicial de narrar toda la vida de Cristo. «Han sido siete años de trabajo, ilusiones, muchas dudas, algo de miedo y un asombro creciente ante un relato que creemos conocer pero sobre el que, en buena medida, pasamos de puntillas», apunta. «Los países católicos y de tradición cristiana damos por hecho que conocemos la vida de Jesús. Pero si pedimos a cualquiera que nos detalle sus inicios, veríamos que casi nadie va más allá de un relato navideño, de belén», asegura.