«No me siento novelista. La literatura no es mi profesión»

Joaquín Camps con el premio Azorín en las manos. / lp
Joaquín Camps con el premio Azorín en las manos. / lp

El profesor de Economía en la Universitat ambienta 'La silueta del olvido', que saldrá a la venta el 9 de abril, en «escenarios luminosos y sórdidos de Valencia» Joaquín Camps Ganador del Premio Azorín

C. VELASCO VALENCIA.

Joaquín Camps (Gandia, 1973) es catedrático de Economía. Docente de la Universitat de València, regresará a las aulas la próxima semana: «A ver cómo reaccionan mis alumnos con la noticia». La noticia es que él, un experto en números, estrategia empresarial y recursos humanos, es el Premio Azorín 2019 con 'La silueta del olvido', título que saldrá el 9 de abril a la venta. No es un novelista al uso, ni tan siquiera se siente escritor: «No vivo de la literatura. Soy profesor». Entre sus clásicos figuran Gabriel García Márquez y Pierre Lemaitre; en su mesilla de noche, 'Un millón de gotas', de Víctor del Árbol. Camps empezó a escribir, algo que tilda de «adictivo», a los 38 años y ahora no puede dejar el vicio.

-Una gran editorial, como Planeta, publicó su primera novela 'La última confidencia del escritor Hugo Mendoza'. La segunda mereció la noche del jueves el premio Azorín. ¿Ha entrado a la literatura por la puerta grande?

-Me siento muy agradecido y honrado. Me ha resultado fácil publicar, pero sé que no es tan sencillo. La repercusión pública de las dos obras ha sido muy fuerte. Espero no acostumbrarme al éxito y saber valorar las cosas. Intento pellizcarme para saber si todo esto está pasando. Siento mucha responsabilidad y espero estar a la altura de lo que se espera de mí.

-Con este ritmo, ¿cómo será el desembarco de su tercera novela?

-No lo sé, pero está muy avanzada. Llevo mil páginas y está ambientada en París. Cuando la estaba escribiendo me dí cuenta de que necesitaba un descanso y surgió 'La silueta del olvido', que son 400 páginas.

-¿Por qué escribe?

-Por lo mismo que leo, porque los mundos imaginarios me hacen el real más vivible y respirable. Empecé a escribir tarde, con 38 años, y en una época de mi vida en la que estaba muy agobiado. Escribir es adictivo. Es, además, una vía de escape, quizás de otras frustraciones, que ahora no podría abandonar.

-¿Es un novelista encerrado en el cuerpo de un profesor?

-No. Ni soy un novelista en el cuerpo de un profesor ni un profesor encerrado en el cuerpo de un autor. Son dos vidas paralelas y no quiero mezclarlas demasiado. Me encanta la docencia y desconecto de ella con la literatura. No soy un autor atormentado que sufro escribiendo, al contrario, me lo paso bomba. La universidad me permite desintoxicarme de la literatura, que es muy introspectiva. Soy profesor, no me siento novelista porque no acabo de creérmelo.

-Para no creérselo ha logrado el premio Azorín, que antes estuvo en las manos de Gonzalo Torrente Ballester o Dulce Chacón...

-Los premios generan mucha expectativa y siento la responsabilidad de no decepcionar. La suerte que tengo es que mi profesión no es la literatura. No vivir de la literatura me da libertad y no voy a dejar la docencia.

-Hablemos de la obra ganadora. ¿Qué es 'La silueta del olvido'?

-Es una novela de intriga. La protagonista es Claudia Carreras, una agente de la Policía que se traslada de Madrid a Valencia donde ha de resolver un secuestro.

-¿Se ha fijado en la Valencia luminosa y turística?

-No, hay una ambientación oscura dado que es una novela negra. El secuestro se produce en Campo Olivar (Godella), pero la obra discurre por numerosos escenarios, algunos luminosos y otros sórdidos.

-¿Buscaba reivindicar Valencia como escenario literario frente a Madrid y Barcelona?

-No, no hay ninguna reivindicación. De hecho, Valencia no fue la primera opción dado que pensé en Nueva York. Ha sido divertido pasear por Valencia en busca de rincones en los que enmarcar escenas de la novela... Así he descubierto el potencial literario de la ciudad.

-¿Por qué la protagonista es una mujer?

-Claudia, que vive una situación traumática en Madrid, se traslada a Valencia para superar un desamor muy brusco. Piensa que viajando espantará los fantasmas, pero estos se reproducen también aquí. Cuando escribí el argumento vi que ella encajaba bien en una trama policial y, al mismo tiempo, asumía el reto de adoptar una voz femenina. La literatura puede ser un instrumento para romper prejuicios sobre la mujer. Quiero que los lectores no se aburran, que queden atrapados, que sientan la necesidad de pasar a la siguiente páginas. Busco que en mis novelas pasen cosas y personas que obliguen al lector a plantearse dilemas morales.