Una nueva tasación del fondo del Círculo de Bellas Artes retrasa su traspaso al San Pío V

Una mujer accede a la que fue la última sede del Círculo de Bellas Artes. /JESÚS SIGNES
Una mujer accede a la que fue la última sede del Círculo de Bellas Artes. / JESÚS SIGNES

Cultura trabaja en una valoración para poder aceptar la dación en pago e ingresar las obras en el museo valenciano, pero no maneja plazo para conocer el resultado

Laura Garcés
LAURA GARCÉSValencia

El traspaso de las obras del desaparecido Círculo de Bellas Artes al museo San Pío V todavía tendrá que esperar. La tasación pendiente, la entidad ya presentó la suya, retrasará la llegada de la colección a las instalaciones museísticas. La razón por la que la colección de la institución, disuelta en marzo, pasará al Museo de Bellas Artes se encuentra en la deuda que el Círculo contrajo la Administración autonómica y que tras muchas conversaciones se acordó considerar la posibilidad de que la entrega de los fondos –dación en pago– pudiera ser la vía para saldar la deuda, que asciende a 1,8 millones de euros. Se contempló que las pinturas pasarían a la colección del Museo de Bellas Artes.

La dación en pago la tiene que aceptar Hacienda. Para que ello ocurra, la Conselleria de Cultura a través de la Junta de Valoración tiene que facilitar la tasación. El departamento autonómico explicó ayer que ese órgano ahora «está determinando el valor de la colección», un paso que se enmarca en la segunda fase del camino a seguir. La primera, puntualizó Cultura, suponía que Hacienda conociera la oferta de dación en pago por parte de los deudores, que la autorizase y entonces pidiera a la Junta de Valoración determinar el informe sobre el valor de los fondos del Círculo. En este punto se encuentra la gestión, pero sin fecha para su conclusión. El departamento autonómico destacó que se han celebrado tres reuniones, pero no pudo facilitar la fecha de finalización: «No hay plazo estipulado», apuntaron.

La posibilidad de que esta vía permitiera liquidar la deuda se planteó antes de que el Círculo se extinguiera. Parecía que con ello se abría una puerta para seguir adelante, pero finalmente a la entidad –asfixiada por las deudas y la escasez de socios– no le fue posible y aprobó en marzo su disolución. Ahora, cuando ya han pasado seis meses de la extinción y cerca de ocho desde que a final de enero el entonces secretario autonómico de Cultura, Albert Girona, explicara que el paso definitivo llegaría tras las tasaciones de Hacienda y de los expertos en arte de la conselleria, todo sigue a la espera.

Si no se aceptara la valoración y, por tanto, no se diera la dación en pago, las circunstancias obligarían a un concurso de acreedores. Gerardo Stübing, último presidente del Círculo de Bellas Artes lamentó en declaraciones a LASPROVINCIAS que «se está alargando» la situación y apuntó que si se prorroga todavía más «preocupa cómo garantizar la buena conservación de las obras de la colección y la biblioteca del Círculo».

La institución se despidió en marzo sin haber sido salvada por la Administración y echando en falta el apoyo de la sociedad valenciana. El origen de la desaparición del Círculo se encuentra en la adquisición de un palacete en la calle Cadirers para sede de la entidad. La imposibilidad de hacer frente a la hipoteca desalojó en 2017 al Círculo para trasladarlo a la calle Maldonado, última casa del Círculo. El palacete se vendió por 1,2 millones y todo parecía que estaba solucionado. Se salvaba la deuda hipotecaria. Pero pronto se vio que había más. La Conselleria de Cultura reclamó a la entidad una deuda de 1,8 millones tras la enajenación.

El montante exigido por la Administración respondía a una subvención de 2001 que tendría que devolver porque la ayuda contemplaba una cláusula que apuntaba que en caso de vender el edificio se tenía que devolver el dinero, ya que debía invertirse en mantenimiento y equipamiento del inmueble. A esa cantidad se sumaban los intereses de demora: 600.000 euros. Además, el Círculo no sólo se enfrentaba a la obligación de pagar, también tenía ante sí la imposibilidad de pedir ayudas públicas porque mediaba una deuda. Se impusieron las conversaciones y negociaciones con la Administración. Tras encuentros y desencuentros, e incluso la mediación de Presidencia de la Generalitat para solventar un asunto que parecía enquistado, la entidad consiguió que Cultura aceptara como vía de solución la dación en pago.