Pop art con nombre de mujer

Pop art con nombre de mujer

La Nau muestra la obra de Isabel Oliver en 'Cuarenta años de arte comprometido'

Laura Garcés
LAURA GARCÉSVALENCIA

Cuando en 1970 la valenciana Isabel Oliver (Valencia, 1946) se lanzó al escenario creativo bajo los cánones del pop art, esta era una corriente artística donde las mujeres eran prácticamente invisibles. Pero ella, que todavía hoy confiesa que nunca ha querido rendirse, decidió quedarse en ese territorio. Se mantuvo fiel al estilo para plasmar una pintura de ojos críticos sobre la que ahora el espacio cultural La Nau de la Universitat de València detiene la mirada con la exposición 'Isabel Oliver. Cuarenta años de arte comprometido'. Algunas de las piezas de las que se exhiben salen por primera vez del taller, «son de los 70», un tiempo en el que «a las chicas no nos hacían caso, no nos hacían exposiciones y sobre todo si hacían una pintura con crítica social y feminista», explicó la artista.

La muestra, comisariada por Pascual Patuel, se presentó e inauguró ayer. Arranca en 1970 y cierra el ciclo en 2009. La sala Martínez Guerricabeitia pone ante el espectador un trabajo que reflexiona sobre los roles que la sociedad reservaba a la mujer. Es un discurso articulado sobre el tejido de un feminismo muy claro.

La serie 'La mujer' con cuadros como 'Las tres gracias' situadas en un gimnasio advierte de las exigencias estéticas impuestas a las mujeres a lo largo del tiempo, de la «cosificación». Otras obras que se exhiben como 'Familia numerosa' invitan a reflexionar sobre aquellos momentos en los que el universo femenino gravitaba en torno a la procreación y con las reuniones de conversaciones intrascendentes.

'De profesión sus labores' es otra de las series. Con 'Tejido bordado', composición a partir de un cuadro de punto de cruz con los que se reproduce alguna obra de autor conocido, Oliver explica que a las mujeres «nos mandan bordar, no que seamos artistas o estudiemos historia». Esa misma denuncia se materializa sobre tres pequeños bastidores sobre los que se sujeta el lienzo pintado: «Si las señoras tienen que hacer sus labores, que es bordar, pasaremos la pintura a los bastidores», especificó la autora.

La serie 'El juego' insiste sobre estas denuncias con claras llamadas a romper las reglas. La metáfora a través de los naipes es la baza de la artista para mostrar mediante piezas como 'No quiero ser Marilyn' el deseo de cambiar. Allí está la famosa imagen de la actriz en la que se le levanta la falda. Aparece rodeada de hombres y cartas rotas para representar la buscada ruptura con las normas sociales del momento.

'La pareja' o '¿Has perdido tu zapato?' ahondan en el hilo conductor de esta serie que acaba con 'Game over', un cuadro en el que Isabel Oliver sienta en la misma mesa a hombres y mujeres en torno a una baraja rota. El cambio social depende de todos. Al fondo, el tres de bastos suavizado con un lazo y el as de copas convertido en lámpara . Un parchís con fichas que no caben en el tablero o piezas de dominó deformadas y con la que no se puede disfrutar de la partida ahondan en la reflexión de una artista que quiso ser fiel a su obra «porque había que salvar las ideas».

'Las tres gracias', obra presente en la muestra.
'Las tres gracias', obra presente en la muestra. / LP