La literatura se despoja de solemnidad

Carlos Mayoral, durante la entrevista en LAS PROVINCIAS. / juanjo monzó
Carlos Mayoral, durante la entrevista en LAS PROVINCIAS. / juanjo monzó

Carlos Mayoral desmitifica a los grandes autores en 'Empiezo a creer que es mentira'. «La mejor crónica de la corrupción está en Rafael Chirbes y la del narcotráfico, en 'Fariña'», asegura el autor, quien reivindica la ficción en tiempos de la posverdad

CARMEN VELASCO VALENCIA.

Como aquella canción infantil, vamos a contar mentiras, tralará. La primera: los clásicos de la literatura son aburridos. «No se puede meter a todos los grandes escritores en el mismo saco», apunta Carlos Mayoral (Vallaciciosa de Odón, 1986), quien reivindica las individualidades de cada autor en un tono riguroso pero alejado del académico. Para la solemnidad ya están las clases en las universidades y los discursos de los premios institucionales, pero 'Empiezo a creer que es mentira' (Círculo de Tiza) no aspira a sentar cátedra. El ensayo recorre las esquinas de la literatura y la periferia de novelistas y poetas. Mayoral no pierde el respeto hacia los grandes, pero tiende a desmitificarlos y a bajarlos de los altares. Así, habla de la tiranía de 'Ulises', un libro difícilmente disfrutable del que «no pasa nada por reconocer que no se ha leído», y se fija en las anécdotas de los autores, desde el reloj que Aleixandre le regaló a Miguel Hernández hasta el rostro de Galdós en los billetes de mil pesetas. «'Empiezo a creer que es mentira' persigue enganchar a ese tipo de lector que ya tiene el hábito de leer y todavía carga con el estigma, que lleva mucha gente, de odio por los clásicos. La obra nace de la necesidad que sentía de reivindicar que Quevedo, Espronceda o Unamuno son tan contemporáneos como cualquiera de los grandes autores de ahora».

La segunda mentira: todos devoramos las obras maestras. Es habitual faltar a la verdad sobre los títulos leídos. Los gobernantes no son la excepción, al igual que con sus currículums. «Desconfío de un político que recurre a las citas, porque siempre son las mismas, es decir, las frases 'googleadas'. Una frase descontextualizada de un clásico no da al que la pronuncia o escribe la corriente de pensamiento del autor», advierte. El postureo literario campa a sus anchas y adopta múltiples formatos, desde una fotografía en la tumba de Oscar Wilde o el cliché de hacerse el escultor maldito que desayuna ginebra. Mayoral lamenta que citar a Alejandra Pizarnik, «una gran poeta que mezcla realidad y ficción en su obra», se esté convirtiendo en un recurso para los impostores culturales.

La tercera mentira: la literatura no refleja la realidad. «En tiempos de la posverdad, la ficción nos hace libres. Ahora la mejor crónica de la corrupción está en Rafael Chirbes; la del narcotráfico, en 'Fariña', de Nacho Carretero; y la de la desertización del mundo rural, en 'La España vacía', de Sergio del Molino», explica Mayoral.

Y la última: el feminismo está sobrevalorado en la literatura. 'Empiezo a creer que es mentira' está plagado de mujeres. La voluntad de Mayoral no es llevar la contraria a Javier Marías, o quizá sí: «Decirlo puede sonar pretencioso, pero quiero ensanchar el canon literario porque es necesario. No hay estudios desde el siglo XIX hacia delante sobre las escritoras. El caso de la poeta Gertrudis Gómez de Avellaneda, que fue cincuenta veces más exitosa que Zorrilla o Bécquer pero hoy pocos la conocen, ejemplifica el machismo». Mayoral, quien suma un ejército de seguidores en su perfil (@lavozdeLarra) en Twitter, habla poco de Mario Vargas Llosa en su ensayo. No lo oculta: se pone de lado de García Márquez. Además, discrepa del autor de 'La ciudad y los perros' respecto a que el feminismo es lo peor que le ha pasado a la literatura en los últimos años.

 

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