«La literatura confesional está muy mal vista en España»

El escritor aragonés, Manuel Vilas./Virginia Carrasco
El escritor aragonés, Manuel Vilas. / Virginia Carrasco

El escritor aragonés presenta 'Ordesa', un relato autobiográfico que mira a la muerte de cara | El desamparo y la pérdida están en la esencia de una crónica íntima en torno a los padres del narrador.

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Como la magdalena para Proust, un pinchazo en el coche de su padre fue el «interruptor» que activó la memoria de Manuel ViIas (Barbastro, 1962) y que ha hecho posible 'Ordesa' (Alfaguara). Una narración autobiográfica «en torno al desamparo y la pérdida», en la que Vilas repasa su vida recreando las de sus padres ya fallecidos. Un libro amargo pero divertido y «teñido de amarillo». «Es el color de la locura, del mal fario y la muerte a la que no queremos mirar a la cara», explica Vilas, que traza una crónica íntima de la España de los 70 con una prosa ágil trufada de poesía y aforismos.

-¿Cómo se disparó su memoria?

El pinchazo en el coche de mi padre en Ordesa es uno de mis primeros recuerdos. Tendría seis años cuando nuestro Seat 850 pinchó en Parque Nacional de Ordesa, en un valle maravilloso que él adoraba. De ahí el título del libro.

-La memoria es tramposa ¿Hay que disciplinarla o dejarse llevar?

Tenemos más memoria de lo que creemos. Si la ejercitas emergen cosas que no sabías que recordabas. Si la haces trabajar se abre una espita desconocida. Los recuerdos se ensanchan y conectan con otros más ocultos. Es un ejercicio proustiano.

-¿'Ordesa' es literatura de autoficción tan en boga?

No. Es autobiográfica y confesional, una fórmula muy mal vista aquí hasta hace nada. Quizá por la herencia del catolicismo que impide la narración estricta de lo que nos pasa en la vida. La impulsa un legítimo deseo de verdad que el lector entiende enseguida. De saber qué me ha pasado en la vida; de dónde vengo, quién soy y dónde estoy. Un ejercicio honesto de verdad vital que está en el origen de la literatura desde los ensayos de Montaigne y es útil para el lector. Necesitaba escribirlo. El narrador tiene conmigo una relación literaria. No todo lo que cuenta es verídico, aunque haya muchas coincidencias con mi trayectoria. En otras literaturas sin ese lastre religioso se aborda con naturalidad, como hacen muchos autores americanos o el noruego Karl Uve Knausgard. La tradición no nos ampara, aunque desde 'Coto vedado' de Juan Goytisolo son más frecuentes y la literatura confesional va teniendo más adeptos y más practicantes, como Marta Sanz en 'Clavícula' y Sergio del Molino en 'La hora violeta'.

-En su caso un relato teñido de amarillo, el color del recuerdo, del pasado...

También el color del dolor y la muerte, de la locura, del mal fario y el gafe. El color maldito del teatro y de los toros, pero con una sonoridad fantástica en español. El color que nadie elige, emocionalmente muy duro, pero que me sirve para expresar emociones en el límite de lo soportable.

-¿Sabe ya para qué sirve la literatura?

Para representar la vida de manera inteligente, expresiva y con ánimo de expresar su verdad. Para exponer honestamente lo que crees que es la vida.

-¿Y para perdonarse los errores en este caso?

Sí. Pero todos mis errores eran perdonables. No hay crímenes.

-¿Es 'Ordesa' un canto de amor hacia sus padres, los protagonistas?

Si estás en este mundo es porque alguien tuvo la voluntad de traerte. Parece una obviedad que a veces olvidamos. Es primordial tener un padre y una madre. Pero lo valoras cuando los pierdes. No hubiera podido escribir este libro si no se hubiera cerrado el círculo con la muerte de mis padres.

VIRGINIA CARRASCO

-¿Hay que entender la figura de los padres para conocerse?

Cuando los pierdes a recurres a su recuerdo con preguntas que no hechas en vida. Inútiles quizá, pero pertinentes aunque no tengan respuesta. Este es un libro obsesionado con la idea de la pérdida. Con la constatación de que no recuperarás a quienes has amado. Un recordatorio constante de que la pérdida existe. De que la muerte está ahí. No queremos verla y tratamos de ocultara, pero es nuestra única certeza. Nos da miedo mirarla de frente, pero la literatura permite hacerlo. La relación de padres e hijos es uno de los grandes temas de la literatura universal, con hitos como 'Carta al padre' de Kafka, 'El Rey Lear' de Shakespeare o 'Los hermanos Karamazov' de Dostoyeski. Todos somo hijos y luego quizá padres. Y en ese recorrido culmina tu vida.

-Opta por una prosa ágil, como las canciones de Los Ramones a veces, trufada de aforismos y gotas de humor.

Sí. Reflexiones breves de contenido social y político. Es también una radiografía personal de la clase media baja de la España de los 60 y los 70. Buceo hasta dónde alcanza mi memoria en los contratiempos que conforman la vida de la gente en una narración deliberadamente caótica que desde 2015 se zambulle en el pasado. Es un libro muy material, hecho con reflexiones muy concretas. El humor es colateral, cuando en otros de mis libros es central. Acompaña a la historia como un descansillo para que no sea tan tan abrumadora.

-«El recuerdo de lo que amamos nos sostiene», dice el narrador.

En la vida, tus padres son el arraigo. Es un principio de gravedad. Sin ellos entras en la zona de desarraigo, de desamparo. Y este es un libro sobre el desamparo, una palabra que me gusta mucho. Los humanos tenemos de fondo una condición de desamparados, y no pasa nada por reconocerlo. Todos tratamos de ocultarlo. Parece vulnerabilidad, y tememos que lo utilicen contra nosotros. Nadie quiere mostrar sus debilidades.

-Concluye con una coda poética que resume la novela en ocho poemas.

Es un epílogo que me pensé mucho. Unos poemas que dan al lector otra ventana para que mire lo mismo desde la poesía.

-¿Los géneros son para violentarlos?

Están ahí para servir al escritor, que no debe ser un siervo del género. No son una finalidad. Solo son un medio y son maleables . Este libro es la demostración de que no son un fin.

-Ser padre de dos hijos ¿ha sido determinante para este historia?

Sin la experiencia de la paternidad no podría haber revisado la figura de mis padres. Es un misterio fundamental de la vida. Estamos aquí un rato, dejamos de estar y luego estarán otros.

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