Guzel Yájina recrea la tragedia de los campesinos ricos de Rusia en 'Zuleijá abre los ojos'

La escritora Guzel Yájina./C.C.
La escritora Guzel Yájina. / C.C.

La escritora rusa se basa en las vivencias de su abuela para narrar el drama de los kulaks

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Entre todas las tragedias de Rusia y de la Unión Soviética, una de las menos conocidas es la de los kulaks, los campesinos propietarios de tierras que fueron despojados de ellas, desterrados y en muchos casos asesinados durante la década de los 20, tras la Revolución Rusa y la guerra civil. La escritora Guzel Yájina (Kazán, 1977) sitúa en este contexto su novela 'Zuleijá abre los ojos' (Acantilado), la historia (basada en las vivencias de su abuela) de una joven que vive con un marido 30 años mayor que ella y con una odiosa suegra y a la que el exilio forzoso acaba abriendo las puertas a mundos desconocidos.

«Cuando el Partido Comunista emite una orden en la que arrebata las tierras a los kulaks, no se limita a los campesinos ricos, sino que lo acaban sufriendo todos. Para cumplir con los cupos que establecía el partido los pobres también eran represaliados», explica Yájina, que debuta con esta novela, que ha sido comparada con los grandes novelones rusos del siglo XIX, se ha traducido a 20 idiomas y ha recibido, entre otros galardones, el Premio Gran Libro en Rusia.

'Zuleijá abre los ojos' es también un retrato de los tártaros, una minoría de seis millones de personas (la mitad de los que hay en mundo) dentro de Rusia. «Es un pueblo pacífico de agricultores que vive a orillas del Volga. Es también la comunidad musulmana que habita más al norte y su cultura se define por su pertenencia al mundo oriental y también a Rusia, que rodea a Tartaria desde el siglo XVI», explica Yájina.

Los paisajes físicos del libro transcurren por el Volga, los montes Urales y el río Angara y los paisajes mentales apelan a un mundo espiritual y mágico, propio de una cultura que, sin ser perseguida, sí lucha por no ser completamente asimilada por la rusa. «El porcentaje de matrimonios mixtos entre rusos y tártaros es del 30% y en Kazán, la capital de la República de Tartaristán, lo más común es encontrar en las mismas calles mezquitas e iglesias ortodoxas», asevera la autora, que destaca la «conversión» de su personaje. «Zuleijá es una mujer del pasado que se convierte en una mujer del presente, que pasa de la esclavitud a la libertad. Esta metamorfosis es lo que más me interesaba», apunta.