Iván Repila: «Llevamos el machismo en los genes»

El escritor Iván Repila./Archivo
El escritor Iván Repila. / Archivo

Con 'El aliado', una provocadora ficción concebida «para que escueza», el narrador bilbaíno aborda la reeducación feminista del macho

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Soy el tío más feminista del mundo. Sin embargo, tengo mis contradicciones». Su frase inicial resume casi 'El aliado' (Seix Barral), la novela con la que Iván Repila (Bilbao, 1978) aborda la deliberada reeducación feminista de un varón «que, como todos nosotros, lleva el machismo en los genes». Utópica, distópica, política y provocadora, dice su autor que está escrita antes del escándalo Weinstein, del #Metoo, de la marea del 8 de marzo y el #HermanaYoSíTeCreo. Repila cree que el movimiento feminista «lleva décadas librando una guerra que repite siempre los mismos patrones de violencia, humillación, persecución y terror, de un lado, y las mismas estrategias de solidaridad, apoyo, respeto y honestidad, del otro».

–¿Es una novela feminista?

–No. Es una novela sobre hombres machistas. Analiza el machismo de su protagonista y de la sociedad en la que vive.

–¿Blanquea su machismo con un baño de feminismo?

–Quiere mejorarse a sí mismo. Acercarse al feminismo al darse cuenta de que es algo mucho más complejo que interesarse por unos cuantos libros. Quiere involucrarse de verdad. Ser activo y hacer esa autocrítica a la que los hombres nos resistimos tanto.

–¿Y lo logra?

–Descubre sus enormes contradicciones. Y lo hace con dolor, como creo que debe ser. Sin destripar una novela escrita con vocación de causar escozor, puedo decir que es deliberadamene provocadora y política. No sé sí incorrecta, porque es un término que se difumina y que está perdiendo significado.

–¿Nuestro machismo es atávico?

–Es genético. Cultural. Es un virus que infecta nuestros hábitos culturales, sociales o de consumo. Nuestras relaciones, sexuales, laborales o familiares. Esta en todas las áreas de convivencia.

–¿Cómo le cambió escribir este libro?

–El proceso vital y personal para abordarlo me ha volado la cabeza. Llegué a textos fundamentales del feminismo. A ver de forma mucho más intensa las complejidades y a interesarme de verdad por el asunto y no ser un feminista de lunes a viernes. A comprender el trabajo de construcción de análisis de mi identidad, de mis defectos y mis carencias,de los actos terribles que he podido cometer y a saber qué debía hacer conmigo mismo en un proceso doloroso.

–Maneja el término guerra ¿Tan mal ve la cosa?

–Sí. Como denuncia el 'hashtag' que Irantzu Varela ha viralizado, creo que esto es una guerra de la que muchos no habíamos querido enterarnos. Cada vez que una mujer muere asesinada es una nueva víctima, pero todas son siempre del mismo lado. Parto de la idea de que vivimos en guerra y que nosotros, en tanto que varones, estamos del lado de los que matan.

–La derecha más rancia ¿quiere derribar el avance contra violencia de género?

–Quieren destruirlo. Algo que denota muy poca capacidad intelectual y de comprender el mundo. Es la reacción de los sectores más conservadores del machismo ante la pérdida de los privilegios que tenemos los hombres. El movimiento feminista está en lucha y pretende eliminar esos privilegios que la mitad de la población tiene sobre la otra mitad. Se comprende que los más reaccionarios quieran evitarlo a toda costa.

–¿Está preparado para que le zurren desde el feminismo más cerril y el machismo más retrógrado?

–Sí. Quizá me aticen desde ambas partes. Era muy consciente de que escribir esta novela ponía sobre el tapete preguntas cruciales para abrir un debate y que escocerían mucho a una gran mayoría de tíos.

–¿Cuándo acabará la revolución feminista?

–Sí el movimiento feminista culminara sus objetivos tanto en la práctica como de teoría política y viviéramos en un mundo efectivamente igualitario, el feminismo estaría interiorizado como ahora lo está el machismo. Formaría parte de nuestra vida cotidiana y diríamos que somos feministas con la misma naturalidad con la que decimos que somos demócratas. Pero quizá necesitemos cientos de años.

–Juega en la novela con muchas voces feministas

–Son las de un puñado de mujeres de las que me he 'aprovechado' intelectualmente. De mi entorno y de las que sigo, que tienen experiencias muy concretas y que, en algún caso, sufren amenazas diarias en redes sociales o que consideran que los hombres las están machacando continuamente por posiciones y planteamientos políticos o de prácticas feministas.

–Su 'aliado' ¿es también un compendio de muchos varones machistas?

–De muchos trozos de Iván, para empezar. Pero juega con los elementos propios de la ficción. Muchos hombres estamos en una posición bastante parecida a la del protagonista. Nos interesamos por el feminismo pero seguramente mal y tarde. Hemos sido vagos y perezosos, con muy poco interés real y sin capacidad de autocrítica, qué es el primer paso para darnos cuenta de nuestro machismo, de cómo somos y de cómo nos hemos comportado y de todo lo que significa disolver nuestra identidad para empezar a construirnos de nuevo.

–Si protagonista se reeduca a través de una mujer muy combativa.

–Nadjwa López de la Torre, una feminista muy guerrera de la que se enamora. Le ayuda a descubrir sus contradicciones y le muestra que ser feminista es hacer un autoanálisis profundo, a reconocer que no somos intachables.

–Una feminista que consume porno, demonizado por su brutalidad machista, por humillar a la mujer y malbaratar la educación sexual de los más jóvenes.

–Soy consumidor de pornografía, aunque cada vez menos, y lo que apunta es cierto. El porno está teniendo una influencia muy fuerte en los más jóvenes, con acceso fácil e inmediato a todo, algo insospechado para quienes nos iniciamos en la pornografía con revistas de tetas. Los chavales ven ahora cosas muy bestias que están, seguramente, lesionando sus cerebros y mediatizando forma muy peligrosa su forma de aproximarse a las relaciones sexuales.